Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 23 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana III - Feria.
   Color del día: Blanco.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Éx 15, 1-2

Cantemos al Señor, pues su victoria es grande. Mi fortaleza y mi alabanza es el Señor, él es mi salvación. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, concédenos aprovechar bien los dones de tu bondad en estos días en que, por gracia tuya, la hemos experimentado más plenamente, para que, libres de las tinieblas del error, nos hagas estar adheridos firmemente a tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Mira, agua.
¿Qué dificultad hay en que me bautice?

Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 8, 26-40

En aquellos días, el ángel del Señor le hablo a Felipe y le dijo: «Levántate y marcha hacia el Sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».

Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías.

El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza».

Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?».

Contestó: «¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?».

E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».

El eunuco preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».

Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.

Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El pasaje que nos propone la Escritura hoy, nos ayuda a darnos cuenta de cómo podemos anunciar a Jesús desde cualquier situación o acontecimiento.

Hemos visto cómo Felipe, "partiendo de aquel pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús" al etíope. Si te fijas a lo largo de nuestro día, tendríamos muchas oportunidades de hablar de Jesús, de nuestra experiencia espiritual, de lo diferente que es la vida en Cristo. Y no nos referimos a esa insistencia pertinaz que muchas veces termina por molestar e incluso, por "vacunar" a los que conviven con nosotros.

Nos referimos a esa oportunidad que surge a propósito de que dimos gracias a la hora de comer, que tenemos nuestra Biblia sobre el escritorio, que llevamos la Biblia bajo el brazo, que hemos recibido una promoción por nuestro trabajo. Oportunidades sí hay, necesitamos empezar a perder el miedo y dejar que Jesús se transparente en nosotros y nos utilice, como hizo con Felipe, para extender su amor a los demás.

Salmo responsorial
Sal 65, 8-9. 16-17. 20

R. Aclamad al Señor, tierra entera.
  • Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced resonar sus alabanzas, porque él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.
  • Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo: a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua. R.
  • Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. R.

Aclamación antes del Evangelio
 Jn 6, 51

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo – dice el Señor -; el que coma de este pan vivirá para siempre. R.

EVANGELIO
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Este pasaje es conocido como el de El discurso del pan de vida, ese pan que nos da la vida eterna. La Eucaristía es realmente el alimento para el alma. Recuerdo al cardenal Van Thuân, quien fue preso del régimen vietnamita por más de 16 años y él decía que a él le podían privar de su libertad física, de comida, de los bienes elementales como agua, higiene, pero de lo único que no le podían privar era de la Eucaristía. 

Y por eso él hacía todo para conseguir un pedacito de pan y pedía jarabe para el estómago y era vino. Y con eso ofrecía la Misa de memoria y consagraba esa migajita de pan y una gotita de vino, y lo consagraba en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Y él decía: ‘ahora sí no me falta nada, lo tengo todo’. 

Cristo y Cristo en la Eucaristía se debe de convertir en nuestro único refugio, lugar donde puedo volcar todo dolor, toda queja, toda duda, todo miedo, toda ilusión, todo deseo, toda esperanza. 

Hagan la prueba y verán que unos cuantos minutos frente a Cristo Eucaristía, nuestro mundo interior cobra calma, se ordenan las ideas, se esclarecen los sentimientos, se encauzan las emociones, disminuye el dolor, se cumplen los deseos y cobra vida toda esperanza. 

No hay mejor remedio que la Eucaristía, no hay mejor compañía que la Eucaristía, no hay mejor lugar a donde ir a “perder el tiempo” que frente a Cristo Eucaristía. Hacer un momento de silencio para encontrarnos con Cristo en la Eucaristía y escuchar cómo Él nos dice: ‘Yo soy el pan de vida’, que da la vida eterna. 

Antífona de comunión
2 Cor 5, 15

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Llena, Señor, todos mis espacios de ti, que en cada cosa que haga sea fácil descubrirte; que mi vida sea visiblemente tuya. Y así, Dios mío, dame también el valor para que, cuando a partir de esas acciones diarias me pregunten sobre ti, yo pueda dar un buen testimonio de tu amor y de tu salvación. Hazme, Señor, un instrumento útil para ti.

Acción

Este día revisaré las cosas que hago diariamente y me aseguraré de que en cada una de ellas haya algo que dé testimonio de mi fe.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).