Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 9 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana I.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Sab 10, 20-21

Todos alabaron, Señor, tu poder y tu sabiduría, porque has abierto la boca de los mudos y has hecho elocuentes las lenguas de los niños. Aleluya.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Dios nuestro, que uniste a todos los pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede que, quienes renacieron en la fuente bautismal, tengan una misma fe en sus pensamientos y un mismo amor en sus obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Matasteis al autor de la vida,
pero Dios lo resucitó
de entre los muertos

Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 3, 11-26

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico de Salomón, donde estaban ellos.

Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente:

«Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.

Por la de en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a vista de todos vosotros.

Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Moisés dijo: «El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo.» Y, desde Samuel, en delante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.

Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: «En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra.» Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El milagro realizado le da ahora la oportunidad a Pedro de explicar el mensaje de la salvación a todos los que se acercan por curiosidad a él.

La curación del paralítico es el signo de lo que Jesús quiere y puede hacer con todos aquellos que tienen fe en su resurrección. Jesús quiere que todos caminemos, que seamos totalmente renovados por la fuerza de su Espíritu. Ha venido para traernos una vida nueva como la que ahora se manifiesta en el paralítico. Ya no pedirá más limosnas, ahora se ha integrado al grupo de testigos de Cristo.

Tú y yo somos llamados a manifestar, como el paralítico, que el nombre de Jesús tiene poder, que por su amor tenemos una vida nueva llena de paz y alegría; pero al mismo tiempo, como Pedro, debemos aprovechar toda oportunidad para que los demás conozcan acerca de este nombre poderoso que es capaz de transformar la vida del hombre.

Salmo responsorial
Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9

R. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable
es tu nombre en toda la tierra!
  • ¡Señor, Dios nuestro, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? R.
  • Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies. R.
  • Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. R.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 117, 24

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

EVANGELIO
Así estaba escrito:
el Mesías padecerá y resucitará
de entre los muertos al tercer día

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Cristo sigue saliendo al encuentro de los suyos, quiere confirmarlos en su fe, en su amor. Hoy les dice: ‘No teman, soy yo. La paz esté con ustedes’. Si queremos saber si somos del equipo de Cristo, si somos de los suyos, si realmente hemos resucitado con Cristo, echemos un vistazo a nuestra alma: si hay paz, tranquilidad, confianza, serenidad; entonces no hay nada que temer. Ahí está el Señor. 

Si por el contrario: vemos intranquilidad, inquietud, desconfianza; no he terminado de resucitar con Cristo. Cristo sale, día a día, a nuestro encuentro en lo cotidiano, en el trabajo y nos dice, no temas, soy yo quien te acompaña. Eso sí, nos pide una cosa: ‘¿tienen algo de comer?’

Cristo necesita de nuestros detalles de servicio, de amor para saciar su hambre. Cristo se quiere sentar en tu mesa, compartir contigo el pan. Cristo quiere llenar tu corazón. Salgamos hoy a saciar esa hambre que tiene Cristo. 

Como dijo el Papa León XIV ‘La resurrección no es un giro teatral, es una transformación silenciosa que llena de sentido cada gesto humano. Jesús resucitado come una porción de pescado, se sienta con ellos a la mesa.

En la Pascua de Cristo, la resurrección del Señor, todo puede convertirse en gracia, incluso las cosas más ordinarias: comer, trabajar, esperar, cuidar la casa, apoyar a un amigo’. 

La resurrección no resta vida al tiempo y al esfuerzo, sino que cambia su sentido y su sabor. Cada gesto realizado en gratitud y comunión anticipa el Reino de Dios. Cristo necesita de nuestros detalles de servicio. Cristo necesita saciar su hambre. 

Hoy saciemos el hambre del Señor con una sonrisa, con mi servicio, con mi alegría, con mi compañía, con mi saber estar y escuchar. Cristo quiere sentarse a la mesa, a tu mesa. Y recordemos que nos dice: ‘No teman, soy yo’ y me quiero sentar a la mesa contigo. Dejemos que hoy Cristo se siente en nuestra mesa. 

Antífona de comunión
Cf. 1 Pe 2, 9

Pueblo redimido por Dios, anuncia las maravillas del Señor, que te ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, que mi vida sea una constante invitación a los que te rechazan, que puedan todos ellos quedar admirados y plenamente convencidos de que mi manera de vivir y todo lo bueno que me ocurre se debe a tu nombre y a la fe en ti; que sepan que eres tú quien me auxilia, guía y dirige.

Acción

Hoy compartiré con alguien cercano algo maravilloso que Dios haya hecho en mi vida.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).