Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana V - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: Santo Domingo Savio (Domenico Savio).
Antífona de entrada
Cf. Sal 70, 8. 23
Mi boca, Señor, se llene de alabanzas, para que pueda cantarte; y así mis labios se llenarán de júbilo. Aleluya.
Oración colecta
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a los que la han perdido, atrae hacia ti el corazón de tus siervos, para que, rescatados por ti de las tinieblas de la incredulidad, ya nunca se aparten de la luz de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Se decidió que subieran a Jerusalén a
consultar a los apóstoles y presbíteros
sobre esta controversia
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 15, 1-6
En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse.
Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.
Ello, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos.
Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo: «Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».
Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En algunos pasajes vemos lo importante que es la Jerarquía de la Iglesia para que el Espíritu pueda construirla. En nuestra lectura hemos visto cómo ha surgido una diferencia en la comunidad: los paganos convertidos ¿se deben circuncidar? ¿Quién ha de decidir esto? ¿Qué grupo es el que tiene la razón?
Movidos por el Espíritu, deciden no tomar esta decisión por su cuenta sino consultara con la Jerarquía de la Iglesia. Hoy en día, las decisiones difíciles en materia de fe y costumbres continúan siendo puestas en claro por los obispos, sucesores de los Apóstoles.
La obediencia a la Jerarquía de la Iglesia es la garantía de la unidad. Es posible que "nuestra opinión" sea contraria, pero ni aun teniendo una revelación privada podemos ir contra el magisterio de la Iglesia.
Si verdaderamente queremos hacer la voluntad de Dios y no vernos envueltos en las mentiras del demonio que se viste de luz, debemos confiar en que el poder de discernir lo dejó el Señor en la Jerarquía Eclesiástica (a pesar de ser como nosotros, hombres pecadores y débiles).
Salmo responsorial
Sal 121, 1bc-2. 3-4b. 4c-5
R. Vamos alegres a la casa del Señor.
- ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.
- Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. R.
- Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 15, 4a. 5b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Permaneced en mí, y yo en vosotros – dice el Señor -; el que permanece en mí da fruto abundante. R.
EVANGELIO
El que permanece en mí y yo en él,
ese da fruto abundante
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El día de hoy Jesús nos regala una imagen hermosa: Él es la vid y nosotros los sarmientos. Para que la vida cristiana permanezca y dé sus frutos, necesita de la unión vital con Cristo; de hecho, la lógica de este Evangelio está plasmada en los escritos del Concilio Vaticano II, por eso en Lumen Gentium se afirma que, ‘en Cristo, nace la vida para el cuerpo entero que es la Iglesia’.
Un sarmiento separado de la vid puede permanecer ‘vivo’ durante un tiempo, un cristiano fuera de Cristo puede parecer que está vivo durante un tiempo. Si no retomamos esto del sarmiento, pues el sarmiento tiene hojas, tienen forma, pero en realidad ya está muerto. Porque la vida del sarmiento no está en sí misma, sino en la vid.
Así ocurre también con el cristiano, con nosotros; podemos hacer muchas cosas: actividades, compromisos, obras impresionantes, obras incluso de caridad, las obras de misericordia, pero si no estamos unidos a Cristo interiormente, todo termina secándose.
Si permanecemos en Cristo, nos recuerda el Evangelio, daremos mucho fruto, pero para que esto pase, también dice el texto que tendrá que haber una poda.
La palabra griega que utiliza el evangelista Juan es kataireí, que significa purificar, limpiar; y nosotros sabemos que no se poda lo muerto, se poda lo vivo. Eso significa que Dios va a permitir en nuestra vida pruebas, correcciones, purificaciones interiores, que ¡ojo!, no son castigo, sino procesos de fecundidad espiritual.
A veces nosotros, como muchos cristianos, podríamos interpretar que el sufrimiento es abandono de Dios, pero el Evangelio hoy nos hace interpretar totalmente lo contrario: Dios está con nosotros y permite las pruebas porque espera más frutos de nosotros.
Antífona de comunión
Rom 6, 8
Resucitó el Señor y nos iluminó a nosotros, los redimidos con su Sangre. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Gracias, Señor, por el don tu Iglesia, gracias porque sé que tú prometiste estar con ella hasta la consumación de los tiempos, y estoy convencido de que nunca dejarías caer por tierra ni una de tus palabras.
Dame la capacidad de escucharte también a través de la instrucción de ella; que verdaderamente encuentre la dirección para los diferentes aspectos de mi vida y de mis allegados.
Acción
Hoy meditaré en los cinco Mandamientos de la Iglesia y evaluaré qué tanto los conozco y aplico.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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