Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 22 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Sal 27, 8-9

El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, sé su pastor por siempre.

Oración colecta

Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
El Señor apartó a Israel de su presencia
y sólo quedó la tribu de Judá

Lectura del segundo libro de
los Reyes 17, 5-8. 13-15a. 18

En aquellos días, avanzó Salmanasar, rey de Asiría, contra todo el país, comenzando por Samaria, a la que puso sitio durante tres años, hasta que, el año noveno de Oseas, el rey de Asiría la conquistó. Deportó a Israel a Asiría y lo estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, así como en las ciudades de los medos,

Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto; porque dieron culto a otros dioses y siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Señor había expulsado ante ellos.

Pues el Señor había advertido a Israel y a Judá, por boca de todos los profetas y videntes: «Convertíos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y decretos, conforme a la ley que prescribí a vuestros padres y que les transmití por mano de mis siervos a los profetas».

Pero no hicieron caso, manteniendo dura la cerviz como habían hecho sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios.

Despreciaron así sus leyes y la alianza que estableció con sus padres, tanto como las exigencias que les impuso.

Y se encolerizó el Señor sobremanera contra Israel, apartándolos de su presencia.

Sólo quedó la tribu de Judá.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

A veces podría dar la impresión de que Dios es tan, pero tan bueno, que no cumplirá cuanto nos fue advertido por el mismo Cristo, cuando refiriéndose al fin del mundo, decía: "Apártense de mi malditos y vayan al fuego eterno, pues tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era peregrino y no me hospedaron, enfermo o encarcelado y no vinieron a visitarme".

Dios, por medio de Cristo nos ha ofrecido la vida eterna, la felicidad sin limite y su amor, pidiéndonos a cambio, que lo amemos por sobre todas las cosas y que vivamos de acuerdo al Evangelio. No nos aferremos a una vida alejada de Dios, una vida vivida en el pecado, la cual ignora a los más pobres y necesitados, una vida al margen del Evangelio.

Las tribus de Israel pudieron constatar que Dios, en su santidad, es justo y no acepta la mediocridad: no nos podemos decir cristianos y vivir al margen del Evangelio. Tomemos las medidas necesarias para que nuestra vida cada día sea más conforme a la palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 59, 3. 4-5. 12-13

R. Que tu mano salvadora,
Señor, nos responda.
  • Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas estabas airado, pero restáuranos. R.
  • Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo. R.
  • Oh, Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas. Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Heb 4, 12ad

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. R.

EVANGELIO
Sácate primero la viga del ojo

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?

¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

Palabra del Señor

Reflexión sobre el Evangelio

El Evangelio de hoy nos muestra una tentación del corazón humano, el juzgar. No se trata solo de emitir un juicio, sino de colocarnos, casi sin darnos cuenta, en el lugar de Dios. Jesús comienza con una frase contundente: ‘No juzguéis’. 

Pero sería un error pensar que nos pide renunciar al discernimiento, lo que Cristo denuncia es algo mucho más sutil y peligroso: el juicio que nace del orgullo, de la autosuficiencia, de una falsa superioridad moral; por eso utiliza una imagen casi exagerada, una astilla en el ojo del hermano y una viga en el propio. 

No es simplemente una comparación, es un diagnóstico; muchas veces de nuestra propia vida. El problema del hombre no es solo que peque, sino que pierde la capacidad de verse a sí mismo con verdad y con justicia.  Aquí está el núcleo del mensaje: el pecado de fondo no es juzgar al otro, sino hacerlo sin haberse juzgado primero a uno mismo. Porque cuando uno se juzga a sí mismo y si puede lograr verse con la misericordia de Dios, es cuando podrá juzgar con misericordia y con verdad al hermano. 

En este sentido, Santo Tomás de Aquino afirma que: ‘juzgar es legítimo cuando se hace conforme a la recta razón, pero se vuelve pecado cuando procede de la sospecha temeraria o de la soberbia del corazón’. Es decir, no todo juicio es malo, pero sí lo es aquel que usurpa el lugar de Dios o ignora la propia miseria. 

Y el Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa con gran claridad: ‘El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y palabra susceptibles de causar un daño injusto’. Muchas veces nuestros juicios no construyen, sino que destruyen. 

Jesús no nos pide cerrar los ojos ante el mal, nos pide algo más exigente: comenzar por nosotros mismos, porque solo quien ha reconocido su propia fragilidad y se ha visto con misericordia, puede mirar la fragilidad con misericordia del otro. 

Y entonces ocurre algo bello, algo hermoso: se cambia la mirada, ya no vemos enemigos, sino hermanos que están creciendo; ya no vemos defectos, sino heridas que sanar.

Este Evangelio no es una invitación a la pasividad, sino a la conversión primero personal; antes de corregir, hay que purificar el propio corazón; antes de señalar, hay que examinarse primero; antes de hablar, hay que mirarse, porque solo el que ha quitado la viga de su ojo puede realmente ayudar al otro. Y esa es la gran diferencia entre juzgar y amar. 

Antífona de comunión
Cf. Sal 144, 15

Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú le das la comida a su tiempo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Renovados por la recepción del Cuerpo santo y de la Sangre preciosa, imploramos tu bondad, Señor, para obtener con segura clemencia lo que celebramos con fidelidad constante. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor Dios nuestro, que nos llamas a una vida de perfección, enséñanos a ser dóciles a las mociones de tu Espíritu Santo, para que cumpliendo en todo tu palabra, seamos fieles imitadores de tu Hijo en el amor y respeto al prójimo y en la solidaridad con los que sufren, y alcancemos así, la vida bienaventurada que nos has prometido.

Acción

Hoy me conduciré con respeto por los demás y haré un acto de solidaridad con alguien que lo necesite.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).