Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana X.
Color del día: Blanco.
Solemnidad: Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.
Antífona de entrada
Cf. Sal 80, 17
El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre.
Oración colecta
Oh, Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre.
PRIMERA LECTURA
Te alimentó con el maná, que tú no
conocías ni conocieron tus padres
Lectura del libro del
Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
El sentido profundo del desierto para el pueblo de Israel es clave para comprender la revelación de Dios. El autor sagrado invita al pueblo a hacer memoria del Señor cuando recorrieron el desierto, cómo en ese lugar se puso a prueba su corazón y cómo allí comprendieron que no solo de pan vive el hombre.
El recuerdo es importante porque permite hacer una lectura sosegada de los acontecimientos que, cuando se vivían, era imposible meditar, precisamente por estar en medio de ellos. Una vez que pasan, es más fácil volver sobre ellos y captar lo que en el momento no se pudo.
El desierto, como lugar geográfico, pero también como lugar simbólico para el ser humano al evocar su conciencia y sus decisiones, es un espacio de profundos contrastes y confrontaciones. Es el desierto el lugar que el Dios verdadero ha elegido para revelarse, porque es el lugar de las grandes preguntas, donde se está desprovisto de absolutamente todo lo accesorio y donde se centra en lo realmente importante.
La sentencia de Moisés, que luego Cristo aplica en sus tentaciones, deja claro que no solo debe atenderse a lo que se ve, sino que la dimensión espiritual, no tangible del ser humano, es importante cultivar y cuidar. El principal alimento de esta dimensión es "todo lo que sale de la boca de Dios".
Esto no significa que sea lo único, ni que las demás realidades que enriquecen el espíritu —como la ciencia, el pensamiento, la cultura, etc.— deban ser desechadas. Negar esto es ir en contra del mismo Creador de todas las cosas, que ha dejado su impronta en todo y que, de alguna manera, reclama y requiere su presencia para sostenerse en la existencia.
El autor sagrado pasa luego a unas recomendaciones importantes: no olvidarse del Señor, que hizo toda clase de proezas y tuvo toda clase de cuidados en la travesía del pueblo por el desierto: les dio agua y los alimentó con el maná. Con frecuencia, la prosperidad material conlleva al olvido del Señor. No siempre la prosperidad implica perseverancia en la fidelidad. Por eso, hay que saber recordar.
Para reflexionar: ¿Podría hacer en este momento un recuerdo sosegado de mi pasado? ¿Cómo logro percibir en él la presencia de un Dios tierno y providente?
ORACIÓN: Purifica, Señor, mis recuerdos y haz que, a través de ellos, logre experimentar tu presencia providente. Amén.
Salmo responsorial
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
- Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
- Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R.
- Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R.
SEGUNDA LECTURA
El pan es uno, nosotros, siendo
muchos, formamos un solo cuerpo
Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 10, 16-17
Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
Pablo hace esta afirmación en un contexto inmediato donde viene hablando del rechazo a la idolatría, motivado por la participación de cristianos en las comidas de los ídolos, un tema que ya había suscitado problemas en Corinto.
No se trata de que Pablo haga una condena de las religiones paganas, pero sabe muy bien que esas reuniones podían poner en peligro la fe del creyente. Los verdaderos demonios a los que Pablo se refiere no son pequeños ídolos de madera o metal de fundición, que no tienen ningún poder en la vida de nadie, sino lo que eso simbolizaba: la hegemonía y el poder que estaba detrás de esos cultos, que terminaban provocando discriminación ingrata y explotación de los más pobres.
La insistencia de Pablo es que los cristianos deben abstenerse de participar en esos banquetes idolátricos. Hoy estas expresiones han cambiado, pero el fondo sigue siendo el mismo cuando se persiguen intereses particulares que prevalecen por encima de los comunes, sacrificando vidas y relegando a las periferias a quienes son obligados a morir de hambre y experimentar el sinsentido.
Aunque esto signifique perder "amistades" u oportunidades económicas, el bien personal de alguien no puede estar por encima de la tranquilidad y el desarrollo de los demás.
La razón de este comportamiento Pablo la encuentra en la Eucaristía, centro de la comunidad y expresión sacramental (por lo tanto, simbólica) de un parentesco con el Señor Jesús: la copa que bendecimos es comunión con la sangre de Cristo, el pan que partimos es comunión con el cuerpo de Cristo.
El pan único que comemos simboliza y realiza esta unidad con el Señor, que nos lleva después a un comportamiento según Él. No podemos decir que tenemos a Dios en el corazón y luego dejar que nuestros actos digan lo contrario.
Se trata de un tema de coherencia: "No pueden beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no pueden compartir la mesa del Señor y la mesa de los demonios".
Para reflexionar: ¿Qué actos concretos, qué situaciones en mi vida desdicen lo que celebro y comulgo? ¿Cómo podría encontrar más concordia entre lo que hago y celebro?
ORACIÓN: Señor, envíame tu Espíritu que me dé concordia de cuerpo y alma, de mente y corazón. Amén.
Secuencia (forma breve)
He aquí el pan de los ángeles,
hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos,
no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron:
Isaac fue sacrificado;
el cordero pascual, inmolado;
el maná nutrió a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero,
¡oh, Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros
de los santos ciudadanos.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 6, 51
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-; el que coma de este pan vivirá para siempre. R.
EVANGELIO
Mi carne es verdadera comida,
y mi sangre es verdadera bebida
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
La expresión de Cristo "mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida" es central en esta sección. En ella se fundamenta el realismo de la Eucaristía. Si la Eucaristía es lo que es, y no un mero acto que ejemplifica un hecho ya pasado o que sirve solo de recuerdo, entonces puede provocar en todo aquel que se acerque a ella la verdadera saciedad de su vida.
Es por medio de la Eucaristía, y del poder y la gracia que encierra —puesto que se está ante la presencia real, verdadera y sustancial del Señor— que se encuentra una permanencia con Jesús. De esta manera se da una interpenetración en la vida divina: así como el Padre, que tiene Vida, ha enviado a su Hijo al mundo, de la misma manera quien se acerca a Él y lo recibe, a través del Pan eucarístico, tiene la vida en Él.
En síntesis, este apartado importantísimo sobre el discurso eucarístico nos recuerda: Jesús es el Hijo de Dios, y el discípulo llega a ser hijo de Dios a través de la unión con Jesús, comiendo su carne y bebiendo su sangre.
Ahora bien, esto no significa una prerrogativa o un privilegio para quien lo recibe; implica, sobre todo, una misión, un encargo, una tarea: actuando como el mismo Cristo, se ordenan todas las cosas según Él. Utilizando el lenguaje de los Padres de la Iglesia, se cristifica el mundo.
Para reflexionar: ¿Qué significa para mi participar de la Eucaristía, comer el Cuerpo y beber la Sangre del Señor? ¿Cómo vivo mi misión de cristificar el mundo?
ORACIÓN: Señor, que encuentre mi verdadero tesoro en la comunión contigo y en el darme a los demás. Amén.
Antífona de comunión
Jn 6, 56
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.
Oración después de la comunión
Concédenos, Señor, saciarnos del gozo eterno de tu divinidad, anticipado en la recepción actual de tu precioso Cuerpo y Sangre, Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Síntesis
El punto central de este día es el texto eucarístico de Juan, que —como sabemos— centra su atención no en la Última Cena, sino en la multiplicación del pan. Especifica que el pan que Él nos da es su carne para la vida del mundo.
La primera lectura prepara el texto: "vivimos de toda palabra que sale de la boca de Dios". La segunda lectura nos muestra la consecuencia: el pan partido y el cáliz compartido son signo de comunión y participación. La vivencia de estos santos misterios nos hace experimentar "hoy" el fruto de la redención.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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