Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 28 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVII - Feria.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Cf. Sal 67, 6-7. 36

Dios vive en su santa morada. Dios, el que hace habitar juntos en su casa, él mismo dará fuerza y poder a su pueblo.

Oración colecta

Oh, Dios, protector de los que en ti esperan y sin el que nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros tu misericordia, para que, instruidos y guiados por ti, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos ya a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Recuerda, Señor,
y no rompas tu alianza con nosotros

Lectura del libro de
Jeremías 14, 17-22

Mis ojos se deshacen en lágrimas, de día y de noche no cesan: por la terrible desgracia que padece la doncella, hija de mi pueblo, una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre; tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación.

Reconocemos, Señor, nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

¿Tienen los gentiles ídolos de la lluvia? ¿Dan los cielos de por sí los aguaceros?

¿No eres tú, Señor, Dios nuestro; tú, que eres nuestra esperanza, porque tú lo hiciste todo?

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Debió haber sido muy triste para el profeta ver que sus profecías se cumplían debido a la inconversión del pueblo y, por eso, lleno de dolor, eleva a Dios una oración llena de compasión, para recordarle que son su pueblo, que, si bien es cierto que han pecado, que por su amor recuerde la Alianza que hay entre ellos; que si perece su pueblo, el pueblo que Dios mismo había elegido y guiado, con él también perecerá el culto verdadero, pues los ídolos de los paganos no son Dios.

Esta trágica historia nos tiene que ayudar a recordar todas las invitaciones que Jesús nos hizo para que vivamos en gracia, para que no nos separemos de él, pues de nada valdrá el último día decir: "Señor, Señor" pues, nos responderá categóricamente: "No los conozco, apártense de mí todos ustedes que han hecho el mal" y entonces será el llanto y el rechinar de dientes, y como ocurrió al pueblo de Dios cuando fue destruido completamente por Nabucodonosor, en donde, como nos narra hoy el profeta, sólo se ve muerte y destrucción por todas partes.

Aún hay tiempo. Recordemos, también nosotros, la Alianza que Dios ha hecho con nosotros y hagamos que nuestra vida se ajuste, cada día más, a la Palabra de Dios. Busquemos con todas nuestras fuerzas serle fiel y esto evitará que nuestro final sea similar al que tuvo el pueblo de Israel.

Salmo responsorial
Sal 78, 8. 9. 11 y 13

R. Por el honor de tu nombre
líbranos, Señor.
  • No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R.
  • Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. R.
  • Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación. R.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre. R.

EVANGELIO
Lo mismo que se arranca la
cizaña y se echa al fuego,
así será al final de los tiempos

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Hoy escuchamos en el Evangelio un momento de intimidad entre Jesús y sus discípulos; después de haber hablado a la multitud en parábolas, los discípulos se le acercan a solas en la casa y le piden que les explique la parábola, como seguramente lo hizo tantas veces con otras más. Jesús va aclarando el significado de cada elemento: habla del juicio final y de la separación definitiva entre el bien y el mal. 

Detrás de estas palabras hay una enseñanza práctica y llena de paciencia para nuestra vida diaria. La existencia del bien y del mal en el mundo, pero también esa que existe dentro de nosotros mismos. Debemos saber que mientras estemos en este mundo, el trigo y la cizaña van a crecer juntos; a menudo nos llenamos de amargura al ver las injusticias, la mentira o la maldad a nuestro alrededor, e incluso nos desesperamos preguntándonos por qué Dios permite que estas cosas sucedan. 

La parábola nos recuerda que Dios tiene sus propios tiempos y que su paciencia es infinita, Él permite que ambos crezcan juntos para dar tiempo a que el corazón humano se dé cuenta y cambie, pero el reto más grande de este Evangelio no es mirar la cizaña que hay en el mundo, sino la que crece en nuestro propio interior. Todos nosotros somos un campo donde habitan las dos semillas. 

Hay momentos en los que somos buena semilla, capaces de dar frutos de generosidad, perdón y paciencia, pero también hay días en los que dejamos crecer la cizaña de la ira, el egoísmo, el rencor o de la soberbia. El peligro real es acostumbrarnos a convivir con nuestras malas actitudes, justificándolas y dejando que terminen por ahogar el trigo bueno que Dios ha sembrado en nosotros.

Jesús es muy claro sobre el desenlace final: el mal no tiene la última palabra. Al final de la historia, la cizaña será destruida, y como dice el texto, los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Esa es nuestra meta y nuestra esperanza. 

San Agustín decía: ‘muchos que hoy son cizaña, mañana se convertirán en trigo y muchos que hoy son trigo, si no perseveran, mañana pueden volverse cizaña’.

Esto conecta perfectamente con el Evangelio recordándonos que Dios nos tiene paciencia porque nos ama y sabe que el corazón humano puede cambiar, que nuestra misión no es juzgar a los demás, sino procurar nuestra propia conversión. No nos corresponde a nosotros juzgar o arrancar la cizaña de los demás, sino cuidar con mucho celo el trigo de nuestro propio corazón. 

Hay que buscar ser sembradores de ese trigo bueno en los ambientes donde nos movemos, porque así podemos demostrar que estamos llamados a ser buena semilla y sembrarla en los demás. Brillar como el sol en el Reino del Padre empieza hoy eligiendo el bien en los pequeños detalles de nuestra vida ordinaria.

Antífona de comunión
Sal 102, 2  

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Hemos recibido, Señor, el santo sacramento, memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo; concédenos que este don, que él mismo nos entregó con amor inefable, sea provechoso para nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor bueno y santo, yo sé que tú tienes pensamientos de bien y no de mal para mí, dame tu gracia y atráeme con tu amor para vivir en la gloriosa libertad de tu reino y huir de la esclavitud del pecado, acuérdate y hazme recordar la alianza de amor que tienes conmigo y, ya que tú eres mi esperanza, enséñame a vivir en ella y anhelarla día tras día.

Acción

Hoy me alejaré prontamente de cada situación que me quiera hacer caer en pecado, y seré muy consciente de cómo cada cosa que ahí conduce, sólo produce tristeza y desánimo, en vez de la alegría que Dios nos regala.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

Entrada destacada

12 claves para usar el escapulario de la Virgen del Carmen