Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVIII.
Color del día: Rojo.
Memoria obligatoria: San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir.
Antífona de entrada
Gál 2, 19-20
Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí; vivo en la fe que tengo en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que embelleces el cuerpo sagrado de tu Iglesia con el testimonio de los santos mártires, concédenos que el glorioso martirio que hoy celebramos, así como dio a san Ignacio de Antioquía eterno esplendor, nos dé también a nosotros protección constante. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
El Padre dio a Cristo como Cabeza,
sobre todo, a la Iglesia, que es su cuerpo
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios 1, 15-23
Hermanos:
Habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyente, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 8, 2-3a. 4-5. 6-7a
R. Diste a tu Hijo el mando
sobre las obras de tus manos.
- Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza. R.
- Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? R.
- Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 15, 26b, 27a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí – dice el Señor -; y vosotros daréis testimonio. R.
EVANGELIO
El Espíritu Santo os enseñará en aquel
momento lo que tenéis que decir
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 12, 8-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.
Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús, el Rey del universo, el que ha de venir a juzgar a vivos y muertos como lo decimos en el Credo, le habla con toda claridad a sus discípulos (y a nosotros), ‘todo el que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré’ ¿y cuándo será eso? En el día del juicio. Reconocer abiertamente a Jesús, ¿qué significa eso para mí?
Pues nada más y nada menos que no tener miedo de pensar y vivir como un verdadero cristiano, no tener miedo de oponernos al mundo cuando su propuesta es vivir de una manera que no le agrada a Dios. Así de simple y así de complicado.
Hace unos cuantos días, reflexionábamos el pasaje que escribió Pablo a los Romanos diciendo “No se amolden a los criterios de este mundo”, al igual que como lo enseña Jesús en este pasaje, vivir de acuerdo con los criterios de Cristo no es opcional, no es una recomendación como quien dijera “si te es posible” o “si lo ves conveniente” el señalamiento es contundente.
Si quiero ser un seguidor de Cristo, tengo que reconocerlo abiertamente ante los hombres, no ser un cristiano solo de misa de domingo, sino realmente aprovechar cada oportunidad que tenemos en nuestra casa, en el trabajo, con los amigos, para dar testimonio claro de que mi felicidad radica en hacer la voluntad del Padre.
En otro pasaje, san Juan nos dice “El que dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso” así, sin un lenguaje ‘políticamente correcto’, un mentiroso; el Señor nos invita a ser sus discípulos de tiempo completo, a no rechazar su propuesta de vida por miedo al "qué dirán" o por no perder un privilegio.
Que el amor de Jesús toque tu corazón con esta reflexión y te conceda la bendición de ser fuente de su amor para todos los que están a tu alrededor, reconoce públicamente que eres un discípulo del Señor, si es a través de compartir su Palabra, qué bien, pero igual de importante es reconocerlo por medio de tus acciones de amor.
Regalar una sonrisa así nada más porque eres feliz con Él, llevar un abrazo a quien lo necesita, llevar un mensaje de esperanza a quien hoy la está pasando difícil y no halla la puerta de salida, visitando al enfermo que está solo.
Antífona de comunión
Soy trigo de Cristo, seré triturado por los dientes de las fieras y transfigurado así en pan inmaculado.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que el pan celestial que hemos recibido al conmemorar el martirio de san Ignacio, nos dé, Señor, nuevas fuerzas para que, con las palabras y las acciones, nos manifestemos como verdaderos cristianos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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