Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVIII - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Cf. Gál 6, 14
Que nuestro único orgullo sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos.
Oración colecta
Señor Dios, que quisiste que tu Unigénito sufriera la cruz para salvar al género humano, concédenos que quienes conocimos su misterio en la tierra, merezcamos alcanzar en el cielo el premio de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Antes esperábamos en el Mesías.
Vosotros habéis sido marcados
con el sello del Espíritu Santo
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios 1, 11-14
Hermanos:
En Cristo hemos heredado también los hijos de Israel, los que ya estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en el Mesías.
En él también vosotros, después de haber escuchado la palabra de la verdad – el evangelio de vuestra salvación -, creyendo en él habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.
Él es la prenda de nuestra herencia, mientras llega la redención del pueblo de su propiedad, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La vida del cristiano debe ser tal que en todas partes, pueda ser verdaderamente una "alabanza" a la gloria de Dios. Por ello, nuestras palabras, nuestras actitudes, la manera como llevamos nuestros negocios y nuestra vida familiar no puede ser como la que lleva el mundo.
El cristiano, marcado y lleno del Espíritu Santo, vive bajo la norma del amor y del perdón. Sus criterios dan muestras de una justicia y de un interés por los hermanos, sobre todo por los más necesitados, que en todas partes, quien los ve o conoce, da siempre "gloria a Dios". ¿Podrías decir que tu vida tiene esta calidad de vida?
Salmo responsorial
Sal 32, 1-2. 4-5. 12-13
R. Dichoso el pueblo que el Señor
se escogió como heredad.
- Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.
- Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
- Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. R.
Aclamación antes del Evangelio
Sal 32, 22
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.
EVANGELIO
Hasta los cabellos de vuestra
cabeza están contados
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
La hipocresía es una levadura silenciosa que todo lo corrompe porque nos lleva a vivir en función de las apariencias y cuidar el qué dirán. Jesús nos advierte contra esta actitud y nos recuerda que ‘no hay nada oculto que no llegue a saberse’.
Frente al miedo a la mirada ajena o al rechazo del mundo, el Señor nos invita a poner la confianza en Él, que es el único que tiene poder verdadero sobre nuestra existencia, dándonos la paz al revelarnos nuestro valor ante el Padre: ’hasta los cabellos de nuestra cabeza están todos contados’.
Superar el temor al juicio humano exige cultivar la valentía de la verdad y la rectitud de intención. A menudo caemos en la trampa de querer disimular nuestra fe, callando nuestras convicciones o moldeando nuestro comportamiento según el grupo en el que nos encontremos para evitar críticas o que nos hagan a un lado.
Esta doble moral desgasta el alma y nos aleja de la libertad, la verdadera seguridad no nace de la aceptación de los demás, sino de saber que nuestra vida entera está custodiada por el amor de Dios.
Vivir con la transparencia que pide el Evangelio se demuestra al actuar con coherencia en todo lo que hacemos, sin importar quién nos esté mirando. Se practica al defender la verdad, al asumir con humildad las consecuencias de nuestros errores, en lugar de buscar excusas y al deshacernos de las máscaras sociales que esconden lo que realmente somos.
Cuando dejamos de buscar la gloria humana, el corazón se llena de una santa libertad para agradar únicamente a Dios. San Juan Crisóstomo lo enseñaba, ‘no busques los aplausos de los hombres pues la gloria de este mundo pasa como la sombra; busca solo agradar a Dios, que conoce los secretos de tu corazón’.
Si en algún momento sientes la tentación de disfrazar la verdad, de ceder a la presión del entorno o de actuar solo para quedar bien, recuerda que Dios te conoce a fondo y te ama sin condiciones. Renueva tu confianza con su Providencia y decide actuar en todo con absoluta honestidad y sencillez.
Antífona de comunión
Jn 12, 32
Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor nuestro, Jesucristo, fortalecidos con este alimento santo, te pedimos que conduzcas a la gloria de tu resurrección a quienes redimiste por el madero vivificante de la cruz. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Oración
Señor, quiero que mi vida sea un instrumento mediante el cual muchas personas se vean motivadas a glorificar tu Nombre. Muéstrame, Señor, la manera de hacerlo mejor.
Acción
Hoy buscaré la manera de que al menos una persona exprese gratitud a Dios por alguna obra que yo haya hecho.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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