Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Jueves 24 de octubre de 2019.


Tiempo Litúrgico: Ordinario, Semana XXIX 
   Color del día: Verde   

Memoria libre:

Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los romanos (6, 19-23)
Libres ya del pecado y entregados al
servicio de Dios, dan frutos de santidad.

Hermanos: Por la dificultad natural que tienen ustedes para entender estas cosas, voy a seguir utilizando una comparación de la vida ordinaria. Así como en otros tiempos pusieron sus miembros al servicio de la impureza y de la maldad, hasta llegar a la degradación, así ahora pónganlos al servicio del bien, a fin de que alcancen su santificación.

Cuando ustedes eran esclavos del pecado, no estaban al servicio del bien. ¿Y qué frutos recogieron entonces de aquello que ahora los llena de vergüenza? Ninguno, pues son cosas que conducen a la muerte.

Pero ahora, libres ya del pecado y entregados al servicio de Dios, dan frutos de santidad, que conducen a la vida eterna. En una palabra, el pecado nos paga con la muerte; en cambio, Dios nos da gratuitamente la vida eterna, por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Reflexión sobre la Primera Lectura

San Pablo quiso usar en la carta a los Romanos un lenguaje corriente para hacer comprensible el mensaje liberador de Jesucristo. Y en ese mismo lenguaje les hace pensar en cómo viven esclavizados por la impureza y la maldad, por el desorden y la inmoralidad. Les propone un cambio de vida para que en el presente se pongan al servicio de la justicia. Con el pecado se recibe la muerte, con la fe en Cristo Jesús Dios regala la vida eterna.

Y es que cuanto más comprensible y cercano hagamos el mensaje evangélico comprenderemos cuál es el servicio de la justicia que habla de la misericordia de Dios que es sobre todo acogida de nuestras debilidades. Y así lo hace el Apóstol de Cristo, diciendo que se adapta a las debilidades de sus oyentes. No les recrimina, pero sí les invita a un cambio vital de existencia y actitudes.

El apóstol, por encima de todo, proclama que ahora vivimos emancipados del pecado, y la causa es Jesucristo, que si hemos de vivir alguna esclavitud será la de hacernos esclavos de Dios. Él, Jesucristo nos presenta la gracia de liberación. Una visión distinta de la vida, una visión amplia de Dios y del ser humano.

Me pregunto si muchos de nosotros, como cristianos no nos hemos quedado reducidos a la vivencia de la esclavitud del pecado, y no hemos aprendido a emanciparnos de él a causa de la gracia que nos otorga Cristo como mensaje de salvación y liberación. Aún, después de haber sido bautizados; aún, habiendo profundizado en la fe y siendo ella confirmada en nuestro camino de seguimiento a Cristo, seguimos viviendo bajo el yugo del pecado, sin manifestar la alegría que se ha de albergar por haber sido santificados en la gracia de Cristo que nos redimió en la cruz, otorgándonos una vida de liberación.

Salmo responsorial
(Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6)
R/ Dichoso el hombre
que confía en el Señor. 
  • Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos. R. 
  • Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito. R. 
  • En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo. R.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (12, 49-53)
No he venido a traer la paz, sino la división.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

Reflexión sobre el Evangelio

Las palabras de Jesús son desconcertantes. En este evangelio de Lucas habla de la angustia que vive. ¿Por qué esa angustia? ¿Cuál es ese bautismo de fuego por el que ha de pasar? ¿Por qué el Mesías esperado, Jesús, el Hijo de Dios, el Príncipe de la Paz proclama que no viene a traernos paz sino guerra y división?

Son palabras que conducen a la incertidumbre. Por una parte, nos introduce a su pasión y muerte cruenta, por otra, nos hace partícipes de ella compartiendo lo que va a suceder. Como hombre, Jesús tenía que preparar su conciencia y aceptar lo que iba a suceder, y en un ámbito de confianza lo comparte con sus discípulos.

Jesús y su destino final no nos conducirá a la indiferencia; al contrario, nos hará tomar partido: La persona de Jesús no nos dejará indiferente, sus palabras no nos dejarán indiferentes, el abandono de los suyos no será indiferente, su muerte será un escándalo para los suyos.

¿Cómo pasa una persona del escándalo al seguimiento de Jesús? ¿De la traición a comprender lo sucedido? ¿Del miedo a la predicación de que Cristo vive entre nosotros? Son preguntas que no tienen respuestas fáciles, ni simples. En la precariedad de  la fe, sólo vislumbro un sentido divino: el que Dios quiere amarnos hasta el extremo de la muerte, con un corazón infinito, lleno de misericordia y ternura.

La traición queda atrás con ello, al igual que todo tipo de escándalo. Una vez curadas las heridas del pecado, la luz de Dios nos hará comprender su perdón. Una vez superado el miedo nos hará comprender cuán generoso es su amor. Y todo eso, no se puede callar. Se ha de anunciar por todos los rincones de la tierra donde haya un corazón expectante capaz de recibir a DIOS en su vida.

Oración

Señor, que nunca permanezca indiferente al dolor de mis hermanos y al sufrimiento de mi prójimo, sino que esté siempre dispuesto a llevar consuelo, esperanza, alegría y paz, tal como debe hacerlo un discípulo de Jesús, tu Hijo amado.

Acción

Visitaré a ese pariente que sé que tiene alguna necesidad concreta que yo puedo resolver o aligerar.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro 

Adaptado de: 
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa 
Verificado en: 
Ordo Temporis Ciclo C - 2019, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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