Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Jueves 7 de noviembre de 2019.


Tiempo Litúrgico: Ordinario, Semana XXXI 
   Color del día: Verde   

Memoria libre:

Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los romanos (14, 7-12)
Ya sea que estemos vivos o que
hayamos muerto, somos del Señor.

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

Pero tú, ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios. Como dice la Escritura: Juro por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán la rodilla ante mí y todos reconocerán públicamente que yo soy Dios.

En resumen: cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Una de las grandes ataduras para crecer en la vida espiritual es el pensar que nosotros somos buenos, y peor aún, que somos mejores que muchos de los que nos rodean. Recuerdo bien las palabras de un santo sacerdote que decía: "Si Dios le hubiera dado a esta persona, a la que yo consideraba menos que yo, todos los dones y gracias que me ha dado a mí, ya sería santa".

Por eso, uno de los dones que tenemos que pedir con más insistencia es el de la humildad, el saber reconocer que lo más seguro es que los demás sean incluso mejores que yo; que muchas de las gracias que Dios nos ha dado para crecer no las hemos aprovechado, que ya las hemos desperdiciado inútilmente; que los hermanos, probablemente con menos gracias que las mías, están buscando con todo su corazón salir también de su pecado y de sus debilidades; en una palabra, que no soy menos pecador ni más santo que ninguno de los que conviven conmigo.

Cuando uno llega a tener esta concepción de sí mismo entiende el gran amor que Dios tiene por uno, que siendo lo que es, sólo polvo delante de él, Dios me ama y perdona. Esta comprensión hace que nazca en el corazón una profunda compasión por los demás. Sólo quien se sabe pecador experimentará el gozo del perdón, y sólo quien ha experimentado el gozo del perdón experimentará la felicidad que da el mostrar misericordia hacia los demás. ¿En qué concepto te tienes tú mismo?

Salmo responsorial
(Sal 26, 1. 4. 13-14)
R/ El Señor es mi luz y mi salvación. 
  • El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? R. 
  • Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia. R. 
  • La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (15, 1-10)
Habrá alegría en el cielo por un
solo pecador que se arrepiente.

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.

Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

Reflexión sobre el Evangelio

En este capítulo, san Lucas ha recogido quizás las más bellas parábolas que Jesús dijo, pues son las que nos expresan el infinito e incansable amor de Dios por nosotros, sus hijos. Dios nos ama; tenemos que meternos esta idea no sólo en la cabeza sino en el centro de nuestro corazón.

Nos ama a pesar de nuestras debilidades y pecados; nos ama como somos, aunque busca continuamente que salgamos de nuestra miseria. No es un Dios que está siempre acusando sino es un Dios que está siempre salvando. ¿De dónde salió la idea de que Dios es un policía? ¡No lo sé!

Pero lo que sé es que tenemos que cambiarla, pues Jesús nos ha revelado que Dios es un Dios amoroso que se alegra cuando uno de nosotros decide dejar su vida de pecado para iniciar un camino de conversión en su amor. Jesús ha venido por ti y por mí, no porque somos buenos sino porque somos pecadores.

Oración

Señor, te amo por sobre todas las cosas y te pido que me concedas que pueda vivir con humildad la vida que me has concedido. Ayúdame a descubrirte en todas las personas que encontraré durante este día que me concedes vivir.

Acción

Hoy evitaré juzgar a las personas tanto de palabra como de pensamiento.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro

Adaptado de: 
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa 
Verificado en: 
Ordo Temporis Ciclo C - 2019, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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