Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Lunes 16 de noviembre de 2020.


Tiempo Litúrgico: Ordinario II - Semana XXXIII. 
   Color del día: Verde.   

Memoria libre:

Primera Lectura
Lectura del libro del Apocalipsis
del apóstol san Juan (1, 1-4; 2, 1-5)
Recuerda de dónde has caído y arrepiéntete.

Esta es la revelación que Dios le confió a Jesucristo, para que él manifestara a sus servidores lo que tiene que suceder en breve, y que comunicó, por medio de un ángel, a su siervo Juan. El cual narra lo que vio y afirma que es palabra de Dios, atestiguada por Jesucristo. Dichosos los que lean y escuchen la lectura de esta profecía y hagan caso de lo que en ella está escrito, porque el tiempo señalado está cerca.

Yo, Juan, les deseo la gracia y la paz a las siete comunidades cristianas de la provincia de Asia, de parte del que es, del que era, del que ha de venir, y de parte de los siete espíritus que están ante su trono.

Oí al Señor, que me decía: “Al encargado de la comunidad cristiana de Efeso escríbele así: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y camina entre los siete candelabros de oro:

‘Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu paciencia; sé que no puedes soportar a los malvados, que pusiste a prueba a los que se llamaban apóstoles sin serlo, y descubriste que eran unos mentirosos. Eres tenaz, has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga. Pero tengo en contra tuya que ya no tienes el mismo amor que al principio. Recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes’ ”.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El libro se inicia, después de una breve presentación, con siete cartas dirigidas, al parecer, a las siete comunidades que estarían a cargo del apóstol san Juan. Cada una de estas comunidades "tipifica" una serie de valores y antivalores presentes en el cristianismo de todos los tiempos.

La carta dirigida a la comunidad de Éfeso nos presenta el caso de muchos cristianos que abrazan con fuerza la vida cristiana por medio de un retiro, de una plática; son activos y capaces de enrolarse en los movimientos, aún a costa de fatiga y sacrificio. Pero, poco a poco, el mundo los envuelve otra vez, y el amor al Señor se convierte en rutina e incluso en activismo.

Jesús, más que trabajadores, quiere amantes. Es importante trabajar por el Reino y sufrir por ÉL, pero como diría san Pablo: "Si no tengo amor, de nada me sirve". Jesús hoy nos dice a cada uno de nosotros: Recuerda, cuánto me amabas, cuánto deseabas servirme y sufrir por mí, por mi amor. No te dejes envolver por el mundo, y vuelve a tu primer amor.

Salmo responsorial
(Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6)
R/ El Señor protege al justo.
  • Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos. R.
  • Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito. R.
  • En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo. R.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (18, 35-43)
¿Qué quieres que haga por ti? - Señor que vea.

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el nazareno, que iba de camino.

Entonces él comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El le contestó: “Señor, que vea”. Jesús le dijo: “Recobra la vista; tu fe te ha curado”.

Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Reflexión sobre el Evangelio

Hoy quisiera destacar la actitud de los que iban o estaban siguiendo a Jesús, quienes reprendían al ciego para que se callara, impidiendo que se acercara a ÉL. Y me pregunto, ¿cuántas veces nosotros en lugar de ayudar a los demás para que se acerquen a Jesús somos obstáculo para ello?

Muchas veces nuestro testimonio, nuestra preferencia por las cosas del mundo, nuestra falta de compromiso cristiano, son elementos que pueden impedir que este mundo ciego se acerque a Jesús y recobre la vista. Veamos en estos días si nuestra vida está siendo una verdadera invitación para que los demás se acerquen a Jesús.

Oración

Señor, mantén en mí el fuego de tu amor; mantén viva la llama del entusiasmo y la profunda necesidad que tengo de TI. No permitas, Señor, que ni Satanás, ni las preocupaciones del mundo, ni nada, ni nadie me robe el amor del principio. Que mi deseo profundo de ti permanezca, no solo como al principio, sino que vaya en aumento hasta gozar de tu gloria eternamente.

Acción

Hoy recordaré y contaré a alguien el primer momento en que me sentí enamorado de Dios, al recordar ese momento, también me fijaré qué me está faltando ahora para que ese amor esté más vivo.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro.

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa
Verificado en:
Ordo Temporis Ciclo A – 2020, Conferencia Episcopal de Costa Rica