Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 27 de febrero de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana VII.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
CF. Sal 12,6

Señor, yo confío en tu misericordia: mi alma gozará con tu salvación, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, que, meditando siempre las realidades espirituales, cumplamos, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
No tardes en convertirte al Señor

Lectura del libro
del Eclesiástico 5, 1-8

No confíes en tus riquezas, ni digas: «Con esto me basta».

No sigas tu instinto y tu fuerza, secundando las pasiones de tu corazón.

Y no digas: «¿Quién puede dominarme?», o bien: «¿Quién logrará someterme por lo que he hecho?», porque el Señor ciertamente te castigará.

No digas: «He pecado, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor sabe esperar.

Del perdón no te sientas tan seguro, mientras acumulas pecado tras pecado.

Y no digas: «Es grande su compasión, me perdonará mis muchos pecados», porque él tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados.

No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás.

No confíes en riquezas injustas, porque de nada te servirán el día de la desgracia.

Palabra de Dios

Reflexión sobre la Primera Lectura

La confianza que nos proponía el texto el día de ayer, se extiende a una actitud constante que se refiere a Dios. Los bienes que poseemos pueden ser de utilidad, pero jamás pueden suplir la bendición de Dios; por el contrario todo bien, procede de Dios y es a él a quien tenemos que agradecer su bondad y generosidad.

Y porque todo bien proviene de Dios, así como el hombre debe ser humilde y agradecido con Dios, también tiene que ser sencillo en el trato con los demás.

Y la sencillez y la humildad generan en el fiel, la conciencia de la misericordia y la justicia divinas: no debo abusar de su misericordia, porque él también es justo y reprende al hombre cuando obra mal; pero Dios sabe de qué estamos hechos y es por eso que si volvemos humildes a él y le pedimos perdón, él sabrá perdonar todas nuestra faltas por más grandes que sean.

Salmo responsorial
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor.
  • Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
  • Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
  • No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. 1 Tes 2, 13

R. Aleluya, aleluya, aleluya

Acoged la palabra de Dios, no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios. R.

EVANGELIO
Más te vale entrar manco en la vida,
que ir con las dos manos a la “gehenna”

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 9, 41-50

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».

Palabra del Señor

Reflexión sobre el Evangelio

Jesús, con esta instrucción nos habla, como acostumbra hacerlo Él, en términos de radicalidad, mostrando que el camino al cielo es un camino estrecho y que quien quiere ir por él no puede convivir con el pecado. Las imágenes que presenta sirven solo para ejemplificar lo duro, lo difícil y doloroso que puede ser el separarse de personas, actividades, lugares muy queridos para nosotros pero que son ocasión de pecado.

Para entenderlo tendríamos que pensar, por ejemplo, en lo difícil y doloroso que sería dejar a un amigo o amiga de la infancia que no habiendo hecho una opción por Cristo vive bajo los criterios del mundo y cada vez que convivimos con esta persona terminamos pecando.

Un caso que se presenta con cierta frecuencia es cuando uno de los novios se convierte, pero antes de esto, ha llevado una relación deshonrada con la novia o con el novio, especialmente en el área sexual y tienen que tomar la disyuntiva de continuar su camino cristiano o dejar al novio o la novia que no quiere aceptar el noviazgo como lo propone Jesús.

Hay también decisiones de trabajo, sobre todo en el área de la justicia, en donde se debe escoger entre continuar en el trabajo, que nos propone la injusticia y el pecado, o renunciar y quedar sin sustento para la familia.

Todas ellas son decisiones realmente difíciles y dolorosas, pero en ellas nos jugamos la eternidad. No valoremos equivocadamente. Nada de este mundo, por muy amado que sea se compara a la dicha de vivir eternamente con Dios. Cualquier sacrificio, por doloroso que sea, vale la pena.

Antífona de comunión
Cf. Sal 9, 2-3

Proclamo todas tus maravillas, me alegro y exulto contigo, y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso, alcanzar el fruto de la salvación, cuyo anticipo hemos recibido por estos sacramentos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Padre bueno, tú que nos has dado a tu Hijo para que él sea nuestro guía que nos lleva a ti, haz que movidos por su Espíritu de amor, humildemente reconozcamos nuestras faltas y con un corazón puro y sencillo, volvamos a ti con arrepentimiento y confianza.

Acción

Hoy pondré mi confianza en Dios y dejaré que él sea mi bien mayor, y procuraré ser un bien para los demás.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).