Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Jueves, 15 de mayo de 2025.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana IV.
   Color del día: Blanco.  



Antífona de entrada
Sant 5, 7

El labrador aguarda paciente el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Aleluya.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que en la humildad y sencillez de san Isidro Labrador, nos dejaste un ejemplo de vida escondida en ti, con Cristo, concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea al mismo tiempo plegaria de alabanza a tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
El labrador aguarda paciente
el fruto valioso de la tierra

Lectura de la carta del apóstol
Santiago 5, 7-8. 11. 16-17

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.

Llamamos dichosos a los que tuvieron constancia. Habéis oído ponderar la paciencia de Job y conocéis el fin que le otorgó el Señor. Porque el Señor es compasivo y misericordioso.

Así, pues, confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo.

Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. Su gozo es la ley del Señor.
  • Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
  • Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
  • No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 15, 9b. 5b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mi amor – dice el Señor -; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. R.

EVANGELIO
Yo soy la verdadera vid,
y mi Padre es el labrador

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 15. 1-7

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El pasaje del Evangelio según San Juan 15, 1-7 nos presenta una de las alegorías más profundas y significativas de Jesús: la vid y los sarmientos. En esta enseñanza, Jesús se revela como la "vid verdadera" y a su Padre como el "labrador".

Los discípulos, y por extensión todos los creyentes, son los "sarmientos". Esta imagen agrícola encierra verdades esenciales sobre la naturaleza de la relación del creyente con Cristo y la vida cristiana fructífera.

Puntos Clave para la Reflexión:

  1. Jesús, la Vid Verdadera: Jesús se identifica como la fuente esencial de vida y sustento espiritual. Así como los sarmientos no pueden vivir ni dar fruto por sí mismos si no están unidos a la vid, los creyentes dependen completamente de Cristo para su vitalidad espiritual y para producir obras que tengan valor eterno. Él es el conducto de la gracia divina.

  2. El Padre, el Labrador: Dios Padre es presentado como el viñador cuidadoso y activo. Su labor es doble:

    • Cortar los sarmientos que no dan fruto: Esto puede interpretarse como una advertencia sobre la infructuosidad y la posibilidad de ser separado de la fuente de vida. Se refiere a aquellos que, aunque aparentemente conectados a Cristo, no manifiestan una vida transformada ni las obras que evidencian una fe genuina.
    • Podar los sarmientos que dan fruto, para que den más fruto: La poda, aunque dolorosa, es necesaria para un mayor crecimiento y productividad. En la vida del creyente, esto puede representar las pruebas, las correcciones y las disciplinas divinas que Dios permite para purificar, fortalecer y hacer que el creyente sea aún más fructífero en su servicio y carácter.
  3. Los Discípulos, los Sarmientos: Nuestra identidad como creyentes está intrínsecamente ligada a Cristo. Somos llamados a "permanecer" en Él. Esta permanencia no es pasiva, sino una relación activa y continua que implica:

    • Comunión constante: A través de la oración, la meditación en Su Palabra y la obediencia a Sus enseñanzas.
    • Dependencia total: Reconociendo que "separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5). Cualquier bien espiritual o fruto verdadero proviene de nuestra unión con Él.
  4. La Importancia de Dar Fruto: El fruto es la evidencia externa de una vida interior conectada a Cristo. Este fruto puede manifestarse de diversas maneras: el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, etc., Gálatas 5:22-23), buenas obras, el testimonio evangelizador y una vida que glorifica a Dios. No dar fruto es una señal de una conexión deficiente o inexistente con la Vid.

  5. La Palabra que Limpia: Jesús menciona que sus discípulos ya están "limpios por la palabra que les he hablado" (Juan 15:3). La Palabra de Dios tiene un poder purificador y santificador en la vida del creyente. A medida que la recibimos y la obedecemos, somos transformados.

  6. La Promesa de la Oración Contestada: El versículo 7 establece una conexión directa entre permanecer en Cristo y que sus palabras permanezcan en nosotros, y la eficacia de la oración: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho". Cuando nuestra voluntad se alinea con la Suya a través de esta íntima comunión, nuestras peticiones reflejarán Sus propósitos y, por lo tanto, serán concedidas.

En Conclusión:

Juan 15, 1-7 nos llama a una profunda introspección sobre nuestra relación con Jesucristo. Nos desafía a examinar si estamos verdaderamente "permaneciendo" en Él, permitiendo que Su vida fluya a través de nosotros para producir fruto abundante que glorifique al Padre.

Es una invitación a abrazar tanto el sustento vital que proviene de la Vid como la labor purificadora del Labrador, confiando en que, a través de esta unión íntima y transformadora, nuestras vidas manifestarán el propósito para el cual fuimos creados y redimidos.

La esterilidad espiritual es una advertencia, mientras que la fructificación es la meta gozosa y la evidencia de una auténtica vida en Cristo.

Antífona de comunión
Cf. Sant 5, 18

Oró y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Te pedimos, Señor, que el alimento santo que hemos recibido sea en nosotros siembra prometedora de cosecha abundante de caridad, para que, a imitación de san Isidro, cuya memoria hemos celebrado, sepamos compartir nuestro pan cada día con nuestros hermanos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, quiero ser inundado por tu Palabra, así, como tú mismo lo dices, procuraré obrar en todo conforme a lo que ahí está escrito, y sé muy bien que tendré tu favor y éxito en todo lo que emprenda.

Acción

Desde hoy haré un plan adicional de lectura, para que cada día pueda ir conociendo más de la Palabra de Dios.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, IA Gemini, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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