Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
- Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
- Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
- No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.
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Jesús, la Vid Verdadera: Jesús se identifica como la fuente esencial de vida y sustento espiritual. Así como los sarmientos no pueden vivir ni dar fruto por sí mismos si no están unidos a la vid, los creyentes dependen completamente de Cristo para su vitalidad espiritual y para producir obras que tengan valor eterno. Él es el conducto de la gracia divina.
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El Padre, el Labrador: Dios Padre es presentado como el viñador cuidadoso y activo. Su labor es doble:
- Cortar los sarmientos que no dan fruto: Esto puede interpretarse como una advertencia sobre la infructuosidad y la posibilidad de ser separado de la fuente de vida. Se refiere a aquellos que, aunque aparentemente conectados a Cristo, no manifiestan una vida transformada ni las obras que evidencian una fe genuina.
- Podar los sarmientos que dan fruto, para que den más fruto: La poda, aunque dolorosa, es necesaria para un mayor crecimiento y productividad. En la vida del creyente, esto puede representar las pruebas, las correcciones y las disciplinas divinas que Dios permite para purificar, fortalecer y hacer que el creyente sea aún más fructífero en su servicio y carácter.
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Los Discípulos, los Sarmientos: Nuestra identidad como creyentes está intrínsecamente ligada a Cristo. Somos llamados a "permanecer" en Él. Esta permanencia no es pasiva, sino una relación activa y continua que implica:
- Comunión constante: A través de la oración, la meditación en Su Palabra y la obediencia a Sus enseñanzas.
- Dependencia total: Reconociendo que "separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5). Cualquier bien espiritual o fruto verdadero proviene de nuestra unión con Él.
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La Importancia de Dar Fruto: El fruto es la evidencia externa de una vida interior conectada a Cristo. Este fruto puede manifestarse de diversas maneras: el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, etc., Gálatas 5:22-23), buenas obras, el testimonio evangelizador y una vida que glorifica a Dios. No dar fruto es una señal de una conexión deficiente o inexistente con la Vid.
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La Palabra que Limpia: Jesús menciona que sus discípulos ya están "limpios por la palabra que les he hablado" (Juan 15:3). La Palabra de Dios tiene un poder purificador y santificador en la vida del creyente. A medida que la recibimos y la obedecemos, somos transformados.
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La Promesa de la Oración Contestada: El versículo 7 establece una conexión directa entre permanecer en Cristo y que sus palabras permanezcan en nosotros, y la eficacia de la oración: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho". Cuando nuestra voluntad se alinea con la Suya a través de esta íntima comunión, nuestras peticiones reflejarán Sus propósitos y, por lo tanto, serán concedidas.
En Conclusión:
Juan 15, 1-7 nos llama a una profunda introspección sobre nuestra relación con Jesucristo. Nos desafía a examinar si estamos verdaderamente "permaneciendo" en Él, permitiendo que Su vida fluya a través de nosotros para producir fruto abundante que glorifique al Padre.
Es una invitación a abrazar tanto el sustento vital que proviene de la Vid como la labor purificadora del Labrador, confiando en que, a través de esta unión íntima y transformadora, nuestras vidas manifestarán el propósito para el cual fuimos creados y redimidos.
La esterilidad espiritual es una advertencia, mientras que la fructificación es la meta gozosa y la evidencia de una auténtica vida en Cristo.
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
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