Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana IV.
Color del día: Rojo.
Fiesta: San Matías, apóstol.
Antífona de entrada
Cf. Jn 15, 16
No sois vosotros los que me habéis elegido, dice el Señor; soy yo quien os he elegido para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. Aleluya.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Oh, Dios, que agregaste a san Matías al colegio de los apóstoles, concede, por su ayuda, a quienes nos alegramos en la suerte de tu predilección, ser contados entre los elegidos. Por nuestro Seño Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Le tocó a Matías,
y lo asociaron a los once apóstoles
Lectura del libro de los Hechos
de los apóstoles 1, 15-17. 20-26
En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos (había reunidas unas ciento veinte personas) y dijo: «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, el que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús, pues era de nuestro grupo y le cupo en suerte compartir ministerio.
Y es que en el libro de los Salmos está escrito: «Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella», y también: «Que su cargo lo ocupe otro».
Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en el que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección».
Propusieron dos: José, llamado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezando dijeron: «Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado, del que ha prevaricado Judas para marcharse a su propio puesto».
Les repartieron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Una de las cosas que más llama la atención en la primera comunidad es la oportunidad que daban continuamente a que el Espíritu Santo actuara en sus vidas y en sus decisiones. No había prácticamente nada que no se pusiera primero en oración, de manera que la decisión o la acción fuera confirmada por Dios.
Es triste que hoy, muchos de nosotros hayamos perdido este contacto, y sobre todo, cerrado el espacio para que sea Dios mismo quien dirija nuestras vidas y nuestras decisiones. Fíjate cuántas de las decisiones importantes en tu vida las has consultado con Dios (noviazgo, matrimonio, la elección de una carrera, la llegada de un nuevo hijo a la familia).
Es, pues, necesario que regresemos a la oración y que en ella oremos a Jesús, que prometió estar siempre con nosotros para que, guiados por su Espíritu, el Espíritu de la Verdad, podamos de nuevo dejar que Dios mismo actúe en todas las áreas de nuestra vida.
Si nos decidimos a hacer esto veremos cómo nuestras decisiones serán siempre tomadas con paz y con alegría. No esperes para mañana, haz la prueba hoy mismo.
Salmo responsorial
Sal 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8
R. El Señor lo sentó con
los príncipes de su pueblo.
- Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. R.
- De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. R.
- ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que habita en las alturas y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R.
- Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 15, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo os he elegido del mundo – dice el Señor -, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. R.
EVANGELIO
No sois vosotros los que me habéis
elegido, soy yo quien os he elegido
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Centremos hoy nuestra atención en cómo Jesús nos llama amigos. No sé si alguna vez te has puesto a pensar lo que es tener un verdadero amigo.
Y es que en realidad son muy pocas las personas a las que podemos llamar "amigos". En la vida tenemos muchos compañeros, vecinos, incluso hermanos, pero muy pocos amigos.
Pues el amor del amigo es diáfano y transparente; es un amor desinteresado que, como nos lo presenta Jesús, es capaz, incluso, de dar la vida por el otro. Es un amor que no espera sino la complacencia del ser amado. Exige confianza total, discreción, prontitud, fidelidad, disponibilidad.
Jesús nos llama a nosotros sus amigos. No sé si puedes imaginar que eres "amigo" de Dios y todo lo que esto significa en tu vida. Él es nuestro amigo y nos invita a que nosotros lo seamos de él; para ello, basta con cumplir sus mandamientos, que en realidad es uno: AMAR.
Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 12
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado, dice el Señor. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
No dejes, Señor, de colmar a tu familia con los dones divinos, y, por intercesión de san Matías, dígnate recibirnos en la luz para tomar parte de la suerte de los santos.. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, te presento cada situación en mi vida. Yo sé que tú las conoces muy bien, pero quiero, Señor, confirmar que me siento necesitado de que tu mirada se pose permanentemente en mí. Amén.
Acción
Durante este día, preguntaré verbalmente al Señor en oración sobre cada cosa que ocurra, desde las más sencillas hasta las más serias.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)