Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 27 de setiembre de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXV.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva y sanar a los de corazón contrito.

Oración colecta

Dios nuestro, que, para el servicio de los pobres y la formación de los sacerdotes, colmaste de virtudes apostólicas a san Vicente de Paúl, presbítero, concédenos que, animados por el mismo espíritu, amemos lo que él amó, y pongamos por obra lo que enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Voy a habitar en medio de ti.

Lectura de la profecía de
Zacarías 2, 5-9. 14-15a

Levanté los ojos y vi un hombre que tenía en su mano un cordón de medir. Le pregunté: «¿Adónde vas?».

Me respondió: «A medir Jerusalén para ver cuál es su anchura y cuál su longitud».

El mensajero que me hablaba salió y vino otro mensajero a su encuentro. Me dijo: «Vete corriendo y dile al oficial aquel: “Jerusalén será una ciudad abierta a causa de los muchos hombres y animales que habrá en ella; yo la serviré de muralla de fuego alrededor y en ella seré mi gloria”.

Alégrate y goza, Sión, pues voy a habitar en medio de ti – oráculo del Señor -.

Aquel día se asociarán al Señor pueblos, sin número; y ellos serán mi pueblo».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Jr 31, 10. 11-12ab. 13

R. El Señor nos guardará
como un pastor a su rebaño.
  • Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño. R.
  • Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte». Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R.
  • Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf 2 Tim 1, 10

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.

EVANGELIO
El Hijo del hombre
va a ser entregado. Les daba miedo
preguntarle sobre el asunto

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:

«Meteos bien en los oídos estas palabras: al Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.

Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

La acción de Jesús entre sus amigos, discípulos y demás contemporáneos era evidente, encontrarse con Cristo no dejaba a las personas igual y quienes le abrían el corazón a partir de la fe, experimentaban prodigiosamente la acción salvadora de Dios en sus vidas.

Pero esa acción amorosa y salvadora de Cristo no es cosa del pasado, a lo largo de la historia, ha seguido transformando prodigiosamente la vida de millones de personas, en ocasiones sobrenaturalmente, aunque de ordinario, mediante las leyes de su creación y a través de las personas que le permiten ser sus instrumentos.

El Señor, desde tu concepción, ha actuado prodigiosamente en tu vida; solo basta que lo hagas consciente, que lo descubras, que lo reconozcas y lo bendigas por buscarte, bendecirte y salvarte, y por darte todo lo que necesitas para sanarte y para que aprendas a amar de verdad y a vivir la vida en plenitud, dando vida a otros.

Sin embargo, es cierto que así como fue cambiando la pedagogía con sus apóstoles para ayudarlos a madurar en la fe, la esperanza y el amor, también la va cambiando con nosotros y de manera personalizada. Por ejemplo, después de la Resurrección, el Señor salvó numerosas veces a todos sus apóstoles de sus enemigos, la cárcel y hasta de la muerte.

Pero excepto san Juan, todos terminaron siendo asesinados por sus perseguidores que creyeron haber vencido, pero en realidad los apóstoles terminaron siendo testigos de que la muerte ya no era el fin de todo, sino el comienzo de la verdadera vida plena, pues con Cristo, la muerte era una ganancia. Y así, el Señor realizaba ahora a través de ellos, prodigios todavía mayores, como lo había prometido. 

También así va actuando con nosotros el Señor, pues en ocasiones, por ejemplo, hay quienes experimentan momentos en los que va usando una especie como de enamoramiento, en el que su presencia se hace completamente evidente, sensible y placentera. Pero con esas mismas personas, suele emplear momentos de desierto espiritual para que aprendan a seguirlo, no por lo que les da o hace sentir, sino por la sola verdad de quién es Él.

Esta era precisamente la buena noticia que el Señor daba a sus discípulos al anunciar su pasión y muerte en el Evangelio de hoy. Pero ellos tenían un velo que en su momento no les permitía comprender; hasta entonces, solo podían maravillarse por el bien que Jesús hacía. 

Tú también déjate maravillar por Dios. Hoy te invito a revisar tu historia con la certeza de que el Señor siempre ha estado ahí, acompañándote y actuando. Recorre tu vida con mirada contemplativa, para que seas capaz de descubrirlo y admirarte por todo y por tanto y, como los contemporáneos de Jesús, ya no puedas dejar de comentar con otros todas las formas en las que Cristo ha salido y sale a tu encuentro obrando prodigios.

Pido a Dios el Espíritu Santo para ti, para que tus ojos no se cieguen frente al mensaje de la cruz y para que teniendo como el mayor tesoro a Cristo y el recuerdo y certeza de su obrar prodigioso en tu vida, puedas abrazar las cruces que vengan, para que con Cristo, también tú seas testigo de que la vida solo es plena con Jesús y que la muerte con Él, y solo con Él, es el gran paso a la vida eterna.

Antífona de comunión
Sal 106, 8-9

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace en favor de su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Renovados con este sacramento celestial, te suplicamos humildemente, Señor, que, para imitar a tu Hijo en su celo por la evangelización de los pobres, sigamos el ejemplo de san Vicente, ayudados por su protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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