Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 18 de setiembre de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIV - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen.

Oración colecta

Señor Dios, de quien todo bien procede, escucha nuestras súplicas y concédenos que comprendiendo, por inspiración tuya, lo que es recto, eso mismo, bajo tu guía, lo hagamos realidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Cuida de ti mismo y de la enseñanza;
te salvarás a ti y a los que te escuchan

Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a Timoteo 4, 12-16

Querido hermano: Que nadie te menosprecie por tu juventud; sé, en cambio, un modelo para los fieles en la palabra, la conducta, el amor, la fe, la pureza.

Hasta que yo llegue, centra tu atención en la lectura, la exhortación, la enseñanza.

No descuides el don que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con la imposición de manos del presbiterio.

Medita estas cosas y permanece en ellas, para que todos vean cómo progresas. Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Sé constante en estas cosas; pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Qué bien nos haría hoy el tomar para nosotros los cristianos "los que estamos buscando con todo nuestro corazón seguir al Señor", estas palabras de san Pablo a Timoteo. Hermanos, el mundo hoy ya está cansado de tantos sermones, de palabrerías huecas acerca de Dios, de la caridad.

Lo que quiere es vernos a nosotros, los cristianos, viviendo lo que Jesús nos mostró con su propia vida, lo que él nos encomendó vivir y testificar en medio de la comunidad. Es preciso, pues, que pongamos más atención en nuestro comportamiento cotidiano de manera que éste refleje lo que Dios está haciendo en nosotros, en nuestra vida y en nuestra familia.

Necesitamos ser, como le pide san Pablo a Timoteo, modelos de la vida cristiana para que podamos más adelante decir, como lo afirma en otra de sus cartas, "sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo". Qué gran compromiso.

Lo más grave es que si no logramos esto, entonces ¿cómo se decidirán a cambiar los que, a pesar de haber sido bautizados, se han dejado arrastrar por las costumbres de este mundo? Si ellos no nos ven ser diferentes, ¿cómo creerán que efectivamente la vida cristiana es otra cosa?

Pongamos, pues, atención y mostrémonos como hombres y mujeres llenos de fe, de caridad; cuidando nuestro vocabulario y el modo de tratarnos entre nosotros. De nuestro testimonio depende en gran medida también la salvación de los demás.

Salmo responsorial
Sal 110, 7-8. 9. 10

R. Grandes son las obras del Señor.
  • Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud. R.
  • Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza, su nombre es sagrado y temible. R.
  • Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, tienen buen juicio los que lo practican; la alabanza del Señor dura por siempre. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 28

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados – dice el Señor -, y yo os aliviaré. R.

EVANGELIO
Sus muchos pecados han quedado
perdonados, porque ha amado mucho

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 7, 36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.

En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».

Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte».

Él contestó: «Dímelo, maestro».

Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?»

Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Le dijo Jesús: «Has juzgado rectamente».

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:

«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no mediste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ja amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».

Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados».

Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».

Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Hoy en el Evangelio, el Señor interactúa con dos grandes pecadores, pero con una diferencia, la mujer lo reconoce, mientras que el fariseo cree que puede esconderlo incluso a sí mismo. Ella tuvo el coraje de ir a los pies de Cristo a pesar del dolor y vergüenza y ha recibido el perdón y la salvación de Dios; él, al no poder reconocer su pecado, mantuvo su fe inmóvil, su amor atrofiado y su esperanza apocada. 

También nosotros podemos estar frente a Cristo como el fariseo y no recibir la salvación que quiere darnos por puro amor. Entonces estamos ciegos a veces, a pesar de la luz que Él nos ofrece. Y tantas veces consideramos que el pecado que cometemos en realidad no lo es, pero te tengo una noticia que me digo hoy también a mí mismo: no eres tú la medida de la verdad, ni son tus criterios los que determinan qué tan pecaminosa es una acción o elección, sino la misma revelación.

Tampoco existen pecados “normales” porque la norma es Cristo y el que muchos pequen con el mismo género de pecados con los que tú pecas, no significa que tu pecado no te aleje del amor de Dios, más bien significa que tú, como muchos otros, decides retirarte de ese amor tierno y gratuito. 

Por otro lado, muchas veces buscando erróneamente fortalecer nuestra autoestima, escondemos hasta a nosotros mismos la maldad de nuestras opciones, pero eso solo le da más fuerza y poder a nuestro pecado para lastimar la relación con Dios y herirnos a nosotros y a los demás con el peligro de llevarnos, a la muerte en vida y a la muerte eterna.

Solo la verdad nos libera, solo al reconocer la verdad de nuestra propia miseria, tendremos la necesidad de dirigirnos hacia Cristo, el único que puede fortalecernos, lavarnos y salvarnos y restaurarnos, y solo al ser reconciliados, a pesar de no merecerlo, a pesar de nuestra maldad, es que podremos experimentar la desproporción del amor de Dios y solo el amor de Dios en nosotros nos hará capaces de amar como Él mismo ama. 

¡Ánimo!, no tengas miedo de hacer constantemente tu examen de conciencia para que, como la pecadora, sientas la necesidad de Dios, de su amor y su perdón; te atrevas a ir a los pies de Cristo mediante el Sacramento de la Reconciliación para ser salvado, y así, con la certeza de tu pequeñez y de su grandeza, puedas levantarte fortalecido para volver a empezar, con esperanza, la aventura del amor verdadero. 

Antífona de comunión

Señor, tú eres mi fortaleza, mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi Dios.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, que la virtud medicinal de este sacramento nos cure por tu bondad de nuestras maldades y nos haga avanzar por el camino recto. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, dame discernimiento para entender lo bueno y lo malo; te pido que tu Espíritu Santo me confronte para comprender lo que no te agrada y el valor para erradicarlo de mi vida. Quiero que mis días en este mundo sirvan como un testimonio de lo que tú puedes hacer con un hombre que dice sí de todo corazón.

Acción

Hoy vigilaré mi manera de hablar y de dirigirme a los demás y veré si hay algo que no sea digna conducta del hijo del Gran Rey, y lo sacaré de mi vida para siempre.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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