Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 21 de setiembre de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXV.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé cuando me llamen en cualquier tribulación, y siempre seré su Dios.


Oración colecta

Señor Dios, que has hecho el amor a ti y a los hermanos la plenitud de todo lo mandado en tu santa ley, concédenos que, cumpliendo tus mandamientos, merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Contra los que compran
al indigente por plata

Lectura de la profecía de Amos 8, 4-7

Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo:

«¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal – reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño -, para comprar al indigente por plata, y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?».

Señor lo ha jurado por la gloria de Jacob: «No olvidará jamás ninguna de sus acciones».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

1. Hoy nos enfrentan los textos de la liturgia con esa realidad que se valora tanto en la vida de los hombres: el poder, el dinero y la vanagloria. Sabemos que la religión debe estar inmersa en la vida de cada día como planteamiento ético y no podemos soslayar los criterios más determinantes que deben identificar a una comunidad cristiana en el mundo. En este sentido, la primera lectura, tomada del profeta Amós, es una buena muestra de lo que decimos.

Sabemos que el profeta de Tekoa de Israel es el representante más cualificado del profetismo social. Es una invectiva contra los mercaderes y negociantes que se percatan que la religión les estorba a sus planes; quieren que pasen las fiestas sagradas, el sábado, día del Señor, para poder emprender su tarea financiera, y con ello, las injusticias que conlleva la avaricia de los que son amantes del dinero.

2. No quiere decir que todos los empresarios sean avariciosos, pero el profeta sabe el terreno que pisa. El tema que el profeta vislumbre es que su religión y su dios es el dinero, pero no obstante no quieren saltarse ciertas reglas de comportamiento religioso en los días festivos religiosos; incluso algunos pueden aparentar ser muy religiosos, pero su corazón está donde está su tesoro. El profeta Amós pone el dedo en la llaga y sigue siendo bien actual.

Salmo responsorial
Sal 112, 1-2. 4-6. 7-8

R. Alabad al Señor, que alza al pobre.
  • Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. R.
  • El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que habita en las alturas y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R.
  • Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. R.

SEGUNDA LECTURA
Que se hagan oraciones por toda la
humanidad a Dios, que quiere que
todos los hombres se salven

Lectura de la ª carta del apóstol
san Pablo a Timoteo 2, 1-8

Querido hermano:

Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.

Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: este es un testimonio dado a su debido tiempo y para que fui constituido heraldo y apóstol – digo la verdad, no miento -, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando las manos limpias, sin ira ni divisiones.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

1. Seguimos la lectura de la 1Tim del domingo pasado con un trozo que es bien actual a causa de las responsabilidades de los que dirigen las naciones. Se piden oraciones por ellos para que acierten en sus decisiones. Hoy, en estos momentos, en que el mundo vive la confrontación armada en distintos territorios; en que las decisiones de los jefes de Estado ya no es solamente una responsabilidad política, sino ética; o es ética en cuento es política, no podemos ignorar el sentido de esta lectura de hoy.

El mundo vive en guerra; la guerra se hacen con armas poderosas: se venden, se compran, mueren muchos inocentes; se hacen promesas de tregua y siguen hablando los cañones. Hay intereses internacionales en esos conflictos. Es necesario elevar las manos al cielo para pedir la paz y la concordia, sin cólera, sin odios ni rencores.

2. Dios, el Señor del mundo, tiene otra estrategia para la humanidad: la salvación y la paz. La afirmación de que “Dios quiere que todos los hombres se salven” no debería perderse nunca de vista en el planteamiento de la vida ética y social de la humanidad. El proyecto de Dios es un proyecto de vida, de felicidad y de solidaridad. El autor de la carta lo plantea –como si fuera Pablo-, como un verdadero proyecto ético cristiano.

Debemos aceptar a los dirigentes, especialmente los que han sido elegidos democráticamente (aunque en el texto se hable con la mentalidad de reyes y gobernantes). Pero no tenemos por qué callar ante sus injusticias y estrategias de poder. El cristiano vive en el mundo y debe saber vivir en libertad. Pero esa libertad está inserta en su corazón, porque el cristiano se siente verdaderamente hijo de Dios.

Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 8, 9

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza. R.

EVANGELIO
No podéis servir a Dios y al dinero

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.

El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”.

Este respondió: “Cien barriles de aceite”.

Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.

Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”.

Él contestó: “Cien fanegas de trigo”.

Le dijo: “Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.

Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Iniciemos diciendo que el Evangelio de hoy nos presenta una enseñanza profunda de Jesús: “No pueden servir a Dios y al dinero”.

Vivimos en un mundo donde el dinero ocupa con frecuencia el lugar de Dios. Lo vemos todos los días: se sacrifica la salud, el descanso, la familia y hasta la educación de los hijos… todo, en nombre de “salir adelante”. Pero el problema no es el dinero en sí, sino el desorden de nuestros afectos. Y es que, cuando el dinero se convierte en el centro de nuestra vida y de todas nuestras decisiones, perdemos la paz, el equilibrio y la verdadera felicidad.

Jesús nos invita hoy a vivir lo que san Ignacio de Loyola llama “la santa indiferencia”, es decir, no estar atados a nada, para que solo Dios marque nuestras prioridades. Esta frase de san Ignacio encuentra su apoyo en las palabras de san Pablo que dice con claridad en la carta a los Filipenses, en el capítulo 4: “He aprendido a vivir en la pobreza y en la abundancia. Todo lo puedo en Aquél que me fortalece”.

Con esto queda claro que la santa indiferencia no es desinterés, sino libertad interior. Significa que ni la riqueza nos esclaviza, ni la pobreza nos desespera, porque nuestro corazón está centrado en Dios Nuestro Señor.  Sin embargo, cuando el dinero se vuelve la medida de todo, la familia sufre, los hijos quedan a la deriva y los valores se distorsionan tristemente.

Por eso Jesús nos recuerda que no es el dinero quien debe gobernar nuestra vida, sino solo Dios. En la carta a los Hebreos, en el capítulo 13, el autor nos invita a vivir libres de avaricia, contentándonos con lo que se tiene, y a confiar en Dios que nos ha dicho: ‘Nunca te dejaré ni te abandonaré’”.

No olvidemos que el afán por poseer puede llevarnos a extremos destructivos, como ejemplo podemos ver el caso de Ananías y Safira, del capítulo 5 de los Hechos, en donde vemos esta triste historia, en donde, buscando engañar al Espíritu Santo por ambición, las consecuencias fueron trágicas para ellos. Tú puedes leerlo en tu Biblia y verás que verdaderamente resultó una historia trágica.

Por ello, san Pablo advierte: “Los que quieren enriquecerse caen en tentaciones y lazos… porque la raíz de todos los males es el amor al dinero”. Hermanos, cuando el dinero ocupa el primer lugar, terminamos sacrificando lo más importante: la paz interior, la unidad familiar y finalmente, nuestra relación con Dios.

El Evangelio de hoy nos enseña que la verdadera riqueza es tener el corazón libre. El dinero es un medio, nunca un fin. Es por ello que Jesús nos dice, y lo podemos aplicar claramente, en el capítulo 26 de Mateo: “Velen y oren, para que no caigan en la tentación”.

Cuando el pecado de avaricia toca el corazón, nuestra mente se nubla y perdemos claridad para distinguir lo que realmente importa. Recordemos que no estamos solos, Jesús nos dice en el Evangelio de san Juan que: “El Espíritu Santo vendrá en nuestro auxilio”. De manera que, con su fuerza, podemos vivir en equilibrio, es decir: Trabajar, sí, pero sin obsesionarnos; administrar los bienes, sí, pero sin aferrarnos; vivir en abundancia o en pobreza, pero siempre con libertad interior.

Esto es la santa indiferencia: vivir con el corazón en Dios, confiando plenamente en que Él provee. El Evangelio de hoy, pues, nos invita a revisar dónde está nuestro corazón. ¿Es Dios quien guía nuestras decisiones… o es el dinero? Pidamos al Señor la gracia de vivir con un corazón libre, que ame sin apegos, que confíe en Él que siempre proveerá.

Recuerda que la verdadera libertad no está en tener más… sino en necesitar menos. Jesús nos invita hoy a vivir la santa indiferencia: que nada nos ate, para que Dios sea siempre nuestro único Señor.


Antífona de comunión
Sal 118, 4-5

Tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Ojalá que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.


Oración después de la comunión

A quienes alimentas, Señor, con tus sacramentos, confórtanos con tu incesante ayuda, para que en estos misterios recibamos el fruto de la redención y la conversión de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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