Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXII.
Color del día: Rojo.
Memoria obligatoria: San Josafat Kuncewicz, obispo y mártir.
Antífona de entrada
Los santos de Dios vivieron en el amor fraterno, por el mandato del Señor y las leyes paternas, porque solamente uno fue su espíritu y una su fe.
Oración colecta
Aviva, Señor, en tu Iglesia, el Espíritu que colmó a san Josafat y lo llevó a ofrecer su vida por las vejas, a fin de que, por su intercesión, fortalecidos por el mismo Espíritu, no temamos dar la vida por los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Escuchad, reyes,
para que aprendáis sabiduría
Lectura del libro de la
Sabiduría 6, 1-11
Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra.
Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor, y la soberanía del Altísimo.
Él examinará vuestras acciones y sondeará vuestras intenciones.
Porque, siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni actuasteis según la voluntad de Dios.
Terrible y repentino caerá sobre vosotros, porque un juicio implacable espera a los grandes.
Al más pequeño se le perdona por piedad, pero los poderosos serán examinados con rigor.
El Dios de todo no teme a nadie, ni lo intimida la grandeza, pues él hizo al pequeño y al grande y de todos cuida por igual, pero a los poderosos les espera un control riguroso.
A vosotros, soberanos, dirijo mis palabras, para que aprendéis sabiduría y no pequéis.
Los que cumplan santamente las leyes divinas serán santificados; los que se instruyen en ellas encontrarán en ellas su defensa.
Así, pues, desead mis palabras; anheladlas, y recibiréis instrucción.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este pasaje dirigido a los gobernantes bien lo podemos aplicar a todos aquellos que tienen responsabilidades, ya sea para sus subordinados en las empresas y oficinas, o de manera general para los padres de familia a quienes se les ha encomendado el gobierno de la casa y la educación de los hijos.
Esta lectura debe llevarnos a meditar en cómo estamos usando el "poder", y de los dones que Dios nos ha dado con respecto a aquellos que ha puesto bajo nuestra tutela.
Nosotros somos responsables de su crecimiento, no solo económico (para aquellos que tienen responsabilidades como autoridad en las empresas y el gobierno), sino de su vida moral y religiosa. Si de manera ordinaria todos necesitamos de la Sabiduría divina, aquellos que tienen la responsabilidad de conducir a los demás, la necesitan mucho más.
Si todas las decisiones que tomamos con respecto a la educación de los hijos (sobre todo en su vida moral), al gobierno de nuestras casas, a la promoción de nuestros empleados, al bien de la comunidad social (por los políticos y encargados de nuestros gobiernos) fueran hechas a la luz y bajo la guía del Espíritu Santo, el mundo verdaderamente sería la antesala del paraíso.
No habría más hambre, ni injusticia y todos viviríamos en paz y con alegría. Es, pues, importante que hoy revises si tus decisiones están siendo iluminadas por la Sabiduría de Dios, o si sigues a los derroteros del mundo.
Salmo responsorial
Sal 81, 3-4. 6-7
R. Levántate, oh Dios, y juzga la tierra.
- Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado, defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable R.
- Yo declaro: «Aunque seáis dioses, e hijos del Altísimo todos, moriréis como cualquier hombre, caeréis, príncipes, como uno de tantos». R.
Aclamación antes del Evangelio
1 Tes 5, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. R.
EVANGELIO
¿No ha habido quien volviera a dar
gloria a Dios más que este extranjero?
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 17, 11-19
Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes».
Y, sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Gran, gran, gran ejemplo nos da este samaritano, este extranjero. No es la primera vez que vemos a un samaritano en el Evangelio; ya habíamos visto a otro en aquella famosa parábola, que es la del buen samaritano, que es el único que se para a atender a un forastero que estaba herido en el camino porque lo habían asaltado.
Y aquí una vez más, vemos a un samaritano hacer algo extraordinario. Algo nos quiere decir Jesús poniéndonos de ejemplo al samaritano, al extranjero, al forastero, y yo creo que lo que nos quiere enseñar Jesús es que aprendemos de aquellos que menos esperamos, si nos detenemos a verlo.
Y hoy la virtud que nos presenta el Señor es una virtud, casi casi, me atrevería a decir, que está en extinción, y esa virtud es la gratitud. Vivimos en un mundo donde nos creemos merecedores de todo, cuando en realidad, si nos paramos un segundo, nos damos cuenta que todo es gracia de Dios.
Desde el despertar en la mañana hasta el simple hecho de tener un plato de comida que comer. Todo es gracia. De los 10 leprosos que fueron curados solo uno regresó a dar gracias. Seamos como ese uno que, al verse limpio, se detiene, se asombra, regresa y agradece.
Hacer un alto en nuestra vida y ver todo lo limpio, reconocer todo aquello que el Señor me regale el día de hoy, reconocer todo aquello que el Señor me ha curado, reconocer cuál es esa lepra que el Señor me ha quitado, reconocer de todo aquello que el Señor me ha llenado. Regresar, regresar la mente y el corazón y hacer memoria del corazón, hagamos memoria del corazón para contar todas esas bendiciones que el buen Dios nos ha dado.
Hagamos memoria de la mente y del corazón para elevar nuestro corazón de gratitud a Aquél que se ha encargado de limpiarme y de curar el corazón y a ese Alguien, a ése Quien se ha encargado de llenarlo: demos gracias a Dios; saber reconocer que todo lo que soy, todo lo que tengo es gracias a Dios, y digamos gracias, y que esa gratitud se manifieste en mi estar alegre, en mi estar feliz, en ver el mundo con optimismo, lleno de esperanza.
Que esa gratitud se manifieste en la sonrisa, en la vitalidad, que esa gratitud se manifieste en el servicio, en la entrega, que esa gratitud se manifieste en que nos reconozcamos no merecedores de nada, sino agradecidos de todo y por todo. Hoy, reconocer lo bueno y lo bello que me rodea y decir gracias.
Antífona de comunión
Mt 10, 39
Quien pierda su vida por mí, dice el Señor, la salvará para siempre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que la participación en esta mesa celestial, nos conceda, Señor, el Espíritu de fortaleza y de paz, para que, siguiendo el ejemplo de san Josafat, ofrezcamos gustosamente nuestra vida por el honor y la unidad de la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor
Oración
Señor, haz que yo, como Salomón, sea capaz también de pedirte Sabiduría para gobernar, en lugar de riquezas y beneficios personales.
Acción
Hoy revisaré cómo trato a las personas que están bajo mi responsabilidad.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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