Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 3 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Navidad. Semana I - Feria.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Gal 4, 4-5

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos la dignidad de hijos adoptivos.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que con la venida de tu Unigénito has hecho resplandecer sobre el mundo una luz nueva, concédenos, que así como Jesucristo, al nacer de la Virgen María, ha querido compartir nuestra condición humana, así también nosotros lleguemos a compartir en su Reino la gloria de su divinidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Todo el que permanece en él no peca

Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan 2, 29 – 3, 6

Queridos hermanos:

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él.

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifiesta, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.

Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado.

Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no lo ha visto ni conocido.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 97, 1. 3cd-4. 5-6

R. Los confines de la tierra han
contemplado la salvación de nuestro Dios.
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. R.
  • Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 1, 14a. 12a

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios. R.

EVANGELIO
Este es el Cordero de Dios

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 1, 29-34

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre las lecturas

Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Nos hemos acostumbrado a esta proclamación de san Juan Bautista, a esta afirmación que, debido a su importancia, la Iglesia proclama en cada Eucaristía al presentar a Jesucristo en la apariencia del Pan; Jesús es el verdadero Cordero de Dios.

Recordemos qué significa eso, porque la importancia de la Navidad tiene que ver mucho, también, con que el niño Jesús, cuyo nacimiento celebramos hace unos días es, entre otras cosas, el verdadero Cordero de Dios, el único que quita el pecado del mundo, es decir, el único que da la vida plena, pues nos salva de la muerte eterna. Por eso recordar el nacimiento de Cristo es fuente de tanta alegría.

¿Qué importancia tiene el cordero de Dios en la historia de la salvación? Muchísima; yo sé que ya lo sabes, pero vale la pena recordarlo hoy. Cuando a Abraham le pregunta su hijo sobre el cordero para el sacrificio, responde, ‘Dios proveerá el cordero para el holocausto’, es decir, para la entrega total a Dios. Y así fue, Dios proveyó el cordero, no solo para representar la entrega que Abraham había hecho de su hijo a Dios; sino también, y sobre todo, al Cordero que salvaría a la humanidad en el calvario.

Sí, Dios mismo en la persona del Padre, ha proveído el Cordero Pascual, al Cordero que quita el pecado del mundo y porque Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo por Dios, el Padre Celestial ha sacrificado a su Hijo por los hombres: por ti y por mí. Además, cuando Dios estaba liberando a Israel de Egipto, Dios pidió el sacrificio de un cordero, cuya sangre libraría de la muerte y cuya carne daría la vida. 

Ese cordero estaba representando a Jesucristo y el mandato divino de celebrar, cada año, ese acontecimiento liberador con el sacrificio de un cordero y alimentándose de él, era la preparación intelectual, social, litúrgica y espiritual para que, cuando Cristo se encarnase y fuese anunciado como el Cordero-Humano de Dios, el pueblo comprendiese, lo que ya Isaías había anunciado

“He aquí que prosperará mi siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera… eran nuestras dolencias las que Él llevaba y nuestros dolores los que soportaba… Él ha sido traspasado por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Sobre Él recayó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas fuimos curados…

Fue oprimido y Él se humilló y guardó silencio, como cordero llevado al matadero… Fue arrancado de la tierra de los vivos; aunque no había cometido violencia alguna, ni hubo engaño en su boca… Si Él entrega su vida como expiación, el Señor prolongará sus años. Así la voluntad del Señor triunfará por medio de Él”.

Hoy te invito simplemente a dejarte sorprender por la grandeza del amor de Dios, porque en Cristo quiso cargar sobre sí todo lo que amerita nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos sobrevivir a la muerte que nuestro pecado engendra y poder gozar de la vida plena que Él nos trae y la vida eterna a la que nos conduce.

Hoy solo te invito a contemplar, a callar, a reconocer y agradecer, y a redescubrir cómo se vuelve a gestar en tu corazón el deseo de corresponder, con amor, al tremendo amor de Dios manifestado en el Cordero que nos salva.

Antífona de comunión
Jn 1, 16

De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, que tu pueblo, al que diriges con variados auxilios, obtenga de tu misericordia la ayuda presente y la futura, para que, recibiendo el necesario consuelo de las cosas pasajeras, más confiadamente aspire a las eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).