Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana I - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Hilario de Poitiers, obispo y doctor de la Iglesia.
Antífona de entrada
En un trono excelso vi sentado a un hombre, a quien adora muchedumbre de ángeles, que cantan a una sola voz: «Su imperio es eterno».
Oración colecta
Te pedimos, Señor, que atiendas con tu bondad los deseos del pueblo que te suplica, para que vea lo que tiene que hacer y reciba la fuerza necesaria para cumplirlo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
El Señor se acordó de Ana,
y dio a luz a Samuel
Lectura del primer libro de
Samuel 1, 9-20
En aquellos días, se levantó Ana, después de comer y beber en Siló. El sacerdote Elí estaba sentado en el sitial junto a una de las jambas del templo del Señor. Ella se puso a implorar al Señor con el ánimo amargado, y lloró copiosamente. E hizo este voto:
«Señor del universo, si miras la aflicción de tu sierva y te acuerdas de mí y no olvidas a tu sierva, y concedes a tu sierva un retoño varón, lo ofreceré al Señor por todos los días de su vida, y la navaja no pasará por su cabeza».
Mientras insistía implorando ante el Señor, Elí observaba su boca. Ana hablaba para sí en su corazón; solo sus labios se movían, más su voz no se oía. Elí la creyó borracha.
Entonces le dijo: «¿Hasta cuándo vas a seguir borracha? Echa el vino. que llevas dentro»
Pero Ana tomó la palabra y respondió: «No, mi Señor, yo soy una mujer de espíritu tenaz. No he bebido vino ni licor, solo desahogaba mi alma ante el Señor. No trates a tu sierva como a una perdida, pues he hablado así por mi gran congoja y aflicción».
Elí le dijo: «Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda el favor que le has pedido».
Ella respondió: «Que tu sierva encuentre gracia a tus ojos».
Luego, la mujer emprendió su camino, comió y su semblante no fue ya el mismo.
Se levantaron de madrugada y se postraron ante el Señor. Después se volvieron y llegaron a su casa de Ramá.
Elcaná se unió a Ana, su mujer, y el Señor se acordó de ella.
Al cabo de los días Ana concibió y dio a luz un hijo al que puso por nombre Samuel, diciendo: – «Se lo pedí a Señor».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Jesús les dijo a sus discípulos: "Todo lo que pidas con fe lo recibirás". Pero, ¿qué significa pedir con fe?
La respuesta la encontramos en este pasaje, en el que el autor sagrado nos dice que después de orar y de hablar con el profeta, "el rostro de Ana ya no era el mismo". Es decir, la mujer apesadumbrada que va a pedir a Dios un hijo para consagrárselo de por vida, es ahora una mujer feliz que efectivamente cree que esto será a su tiempo. Creer significa actuar como si lo que habrá de suceder en el futuro fuera ya ahorita una realidad.
Esto quita de nuestro rostro el rasgo de la angustia y de la frustración ante la seguridad de que Dios ha escuchado, y lo que hemos pedido ya está realizado en el futuro. Sin quitar la libertad de Dios que sabe lo que es bueno y lo que no para nuestra vida, por lo que ninguna oración o actitud lo pueden convencer de darnos algo que no fuera bueno para nosotros. Esta actitud de fe nos hace esperar con paz a que la voluntad de Dios actúe en nosotros y en nuestras familias.
Cuando pidas algo al Señor, cambia tu rostro y tu actitud creyendo firmemente que Dios, en sus planes, ha dado ya cumplimiento a lo que pediste. Esto traerá paz y alegría a tu vida.
Salmo responsorial
Sal 1 Sam 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd
R. Mi corazón se regocija en el Señor,
mi salvador.
- Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. R.
- Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor. Los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía. R.
- El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. R.
- El levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. 1 Tes 2, 13
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Acoged la palabra de Dios, no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios. R.
EVANGELIO
Les enseñaba con autoridad
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 1, 21-28
En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.
Había precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El pasaje del Evangelio de hoy nos sitúa en la sinagoga de Cafarnaúm, donde Jesús empezó a enseñar. Lo que más impacta a la gente no es solo el contenido de lo que dice, sino cómo lo dice. El texto menciona que enseñaba con autoridad y no como los escribas.
En nuestra realidad moderna estamos llenos de información en las redes sociales por los influencers y personas que hablan mucho, pero dicen poco. Sin embargo, cuando alguien habla con la verdad y desde el corazón, se nota la diferencia. Jesús no repetía de memoria las leyes, sino que hacía las cosas, las ponía en práctica desde el corazón, su Palabra conectaba con la vida real de la gente.
Eso nos invita a pensar ¿a quién le estamos dando autoridad en nuestra vida? ¿Escuchamos el ruido del mundo, el influencer de moda o el conferencista famoso? ¿o buscamos mejor la voz de Jesús que realmente conoce nuestra esencia?
De pronto, el hombre del espíritu inmundo interrumpe la escena gritando. El mal siempre intenta meter ruido cuando la verdad se hace presente. Jesús no se desgasta en discusiones largas ni entra en el juego de la provocación, simplemente da una orden clara: ‘cállate y sal de él’.
Esos son los espíritus o ruidos mentales que nos quitan la paz: la ansiedad por el futuro o la culpa por el pasado. Con su actitud, Jesús nos demuestra que su autoridad tiene el poder de poner orden en nuestro caos interno. Él viene con autoridad a nuestra vida, a expulsar con su Palabra todo aquello que nos impide ser libres y felices.
Necesitamos recordar que esa misma autoridad de Jesús está disponible para nosotros. No tenemos que luchar nuestras batallas solos ni intentar callar nuestros miedos con nuestras propias fuerzas. Si dejamos que Jesús sea quien tome el mando de nuestra vida, su palabra de poder empezará a limpiar esos rincones oscuros que tanto nos pesan.
Al igual que en la sinagoga, su presencia en nuestros días puede traer esa libertad que tanto estamos buscando. Seguro que hay algún espíritu impuro o un pensamiento negativo que te puede estar robando la paz: miedo al futuro, algún problema económico, de salud o la falta de trabajo o estabilidad.
No dejes que ese pensamiento crezca. Haz un ejercicio de autoridad espiritual, cierra tus ojos por un momento y con mucha fe, di en voz alta o en tu mente: ‘en el nombre de Jesús expulso ese pensamiento de miedo, de angustia o de temor y dejo que el poder de Dios me dé la gracia para resolverlo. Señor, toma tú el control de mi mente. Amén’.
Antífona de comunión
Cf. Sal 35, 10
Señor, en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te suplicamos, Dios todopoderoso, que concedas, a quienes alimentas con tus sacramentos, la gracia de poder servirte llevando una vida según tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor Dios y Padre nuestro, que siempre estás atento a nuestras súplicas y no desoyes el clamor de tus hijos, te pedimos que nos ayudes a ser como tú y estemos prontos a atender las necesidades de quienes nos piden apoyo y atención para que, imitándote a ti, seamos algún día merecedores de tu gloria.
Acción
El día de hoy intentaré, al menos una vez, escuchar con atención lo que un hermano me pide y haré lo que esté a mi alcance para ayudarle y socorrerle.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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