El Papa ha visitado una parroquia de Roma este domingo | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News
15 de febrero de 2026
Por Papa León XIV | Vatican News
Durante la Cuaresma, está previsto que el Papa realice visitas a distintas parroquias de Roma. La primera ha sido este domingo 15 de febrero. León XIV ha salido del Vaticano para celebrar la Eucaristía en la iglesia de Santa María Regina Pacis en Ostia, una zona de la periferia de Roma.
Lea aquí la homilía completa que ha pronunciado el Papa en la Misa.
Queridos hermanos y hermanas,
Es para mí motivo de gran alegría estar aquí y vivir con su comunidad el gesto del cual el “domingo” toma su nombre. Es “el día del Señor” porque Jesús Resucitado viene en medio de nosotros, nos escucha y nos habla, nos nutre y nos envía. Así, en el Evangelio que hoy hemos escuchado, Jesús nos anuncia su “ley nueva”: no solo una enseñanza, sino la fuerza para llevarla a cabo. Es la gracia del Espíritu Santo la que escribe en nuestro corazón de manera indeleble y lleva a cumplimiento los mandamientos de la antigua alianza (cf. Mt 5,17-37).
A través del Decálogo, después de la salida de Egipto, Dios había sellado la alianza con su pueblo, ofreciendo un proyecto de vida y un camino de salvación. Las “Diez Palabras”, por tanto, se sitúan y se comprenden dentro del camino de liberación, gracias al cual un conjunto de tribus divididas y oprimidas se transforma en un pueblo unido y libre.
Esos mandamientos aparecen así, en el largo camino por el desierto, como la luz que muestra el camino; y su observancia se entiende y se cumple no tanto como un cumplimiento formal de preceptos, sino como un acto de amor, de correspondencia agradecida y confiada con el Señor de la alianza. Por lo tanto, la ley dada por Dios a su pueblo no está en contraste con su libertad, sino que, al contrario, es la condición para hacerla florecer.
Así, la primera Lectura de hoy, tomada del libro de Sirácides (cf. 15,16-21), y el Salmo 118, con el cual cantamos nuestra respuesta, nos invitan a ver en los mandamientos del Señor no una ley opresiva, sino su pedagogía para la humanidad que busca plenitud de vida y libertad.
Visita pastoral a la Parroquia «S. Maria Regina Pacis a Ostia Lido» (@Vatican Media en Vatican News)
Al respecto, al inicio de la Constitución pastoral Gaudium et spes, encontramos una de las expresiones más bellas del Concilio Vaticano II, donde se siente casi latir el corazón de Dios a través del corazón de la Iglesia. El Concilio dice:
“Las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de hoy, especialmente de los pobres y de todos los que sufren, son también las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de los discípulos de Cristo, y no hay nada genuinamente humano que no encuentre eco en su corazón” (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 1).
Esta profecía de salvación se desborda abundantemente en la predicación de Jesús, que comienza en las orillas del lago de Galilea con el anuncio de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,1-12) y continúa mostrando el sentido auténtico y pleno de la ley de Dios. El Señor dice:
“Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; cualquiera que haya matado deberá ser juzgado. Pero yo les digo: cualquiera que se enoje contra su hermano deberá ser juzgado. Y quien diga a su hermano: “Tonto”, deberá ser llevado al sanedrín; y quien diga: “Necio”, será condenado al fuego de la Gehena” (Mt 5,21-22).
Así, Jesús indica que el camino de plenitud del hombre es una fidelidad a Dios basada en el respeto y cuidado del otro en su sacralidad inviolable, cultivándolo primero en el corazón, antes que en gestos y palabras. Es allí, de hecho, donde nacen los sentimientos más nobles, pero también las profanaciones más dolorosas: los cierres, las envidias, los celos; quien piensa mal de su hermano y alimenta sentimientos negativos hacia él, es como si ya lo estuviera matando en su interior. No es casualidad que San Juan afirme: “Todo el que odia a su hermano es asesino” (1Jn 3,15).
La celebración de la Misa durante la visita pastoral a la Parroquia «S. Maria Regina Pacis a Ostia Lido» (@Vatican Media en Vatican News)
¡Cuánto de verdad hay en estas palabras! Y cuando también nosotros juzguemos y despreciemos a otros, recordemos que el mal que vemos en el mundo tiene sus raíces precisamente allí, donde el corazón se vuelve frío, duro y pobre de misericordia.
Esto también se experimenta aquí, en Ostia, donde, lamentablemente, la violencia existe y hiere, tomando a veces fuerza entre jóvenes y adolescentes, quizá alimentada por el consumo de sustancias; o por la acción de organizaciones delictivas que explotan a las personas haciéndoles partícipes de sus crímenes y persiguen intereses injustos con métodos ilegales e inmorales.
Frente a estos fenómenos, invito a todos ustedes, como comunidad parroquial, unidos a otras realidades virtuosas que operan en estos barrios, a seguir entregándose con generosidad y valentía para esparcir en sus calles y hogares la buena semilla del Evangelio. No se resignen a la cultura del abuso y la injusticia.
Por el contrario, difundan respeto y armonía, comenzando por desarmar los lenguajes y luego invirtiendo energía y recursos en la educación, especialmente de niños y jóvenes. Sí, que en la parroquia puedan aprender la honestidad, la acogida, el amor que supera fronteras; aprender a ayudar no solo a quienes corresponden y saludar no solo a quienes saludan, sino ir hacia todos de manera gratuita y libre; aprender la coherencia entre la fe y la vida, como nos enseña Jesús, cuando dice:
“Si presentas tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a ofrecer tu ofrenda” (Mt 5,23-24).
Visita pastoral a la Parroquia «S. Maria Regina Pacis a Ostia Lido» (@Vatican Media en Vatican News)
Que esto, queridos, sea la meta de sus esfuerzos y actividades, para el bien de quienes están cerca y de quienes están lejos, para que incluso quienes son esclavos del mal puedan encontrar, a través de ustedes, al Dios del amor, el único que libera el corazón y hace verdaderamente felices.
El Papa Benedicto XV, hace ciento diez años, quiso esta Parroquia dedicada a Santa María Reina de la Paz. Lo hizo en pleno primer conflicto mundial, pensando también en su comunidad como un rayo de luz en el cielo gris de la guerra. Con el tiempo, lamentablemente, muchas nubes aún oscurecen el mundo, con la difusión de lógicas contrarias al Evangelio, que exaltan la supremacía del más fuerte, fomentan la prepotencia y alimentan la seducción de la victoria a cualquier costo, sordas al grito de quienes sufren y de los indefensos.
Oponemos a esta deriva la fuerza desarmante de la mansedumbre, continuando en pedir la paz y en acoger y cultivar su don con tenacidad y humildad. San Agustín enseñaba que “no es difícil poseer la paz […]. Si […] la queremos tener, está ahí, a nuestro alcance y podemos poseerla sin esfuerzo” (Sermo 357, 1). Esto es porque nuestra paz es Cristo, que se conquista dejándose conquistar y transformar por Él, abriéndole el corazón y, con su gracia, abriéndolo a quienes Él mismo pone en nuestro camino.
Háganlo también ustedes, queridas hermanas y hermanos, día a día. Háganlo juntos, como comunidad, con la ayuda de María, Reina de la Paz. Que Ella, Madre de Dios y Madre nuestra, nos custodie y proteja siempre. Amén.
(Traducción realizada por ACI Prensa de la homilía original en italiano distribuida por la oficina de prensa del Vaticano)
15/02/2026 Momentos destacados - 15 de febrero de 2026, Santa Misa - Papa León XIV. Crédito: Vatican News
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