Tiempo Litúrgico: Cuaresma.
Sábado después de Ceniza - Feria.
Color del día: Morado.
Memoria libre: San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia.
Antífona de entrada
Cfr. Sal 68, 17
Escúchanos, Señor, porque grande es tu misericordia; por tu ternura, Señor, vuelve a nosotros tus ojos.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende tu mano poderosa para darnos tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo,
brillará tu luz en las tinieblas
Lectura del libro de Isaías 58, 9b-14
Esto dice el Señor: «Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan.
Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país.
Si detienes tus pasos el sábado, para no hacer negocios en mi día santo, y llamas al sábado “mi delicia” y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras, evitando viajes, dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos, entonces encontrarás tu delicia en el Señor.
Te conduciré sobre las alturas del país y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.
Ha hablado la boca del Señor».
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6
R. Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad.
- Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R.
- Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R.
- Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. R.
Aclamación antes del Evangelio
Ez 33, 11
R. Gloria a ti, Señor, Hijo de Dios vivo.
No me complazco en la muerte del malvado – dice el Señor -, sino en que se convierta y viva. R.
EVANGELIO
No he venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores a que se conviertan
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.
Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos, de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?».
Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
¿Qué significa, ‘dejándolo todo’? me parece que estamos tan acostumbrados a esta expresión de los Evangelios que no nos damos cuenta de lo que significa y de lo que implica que Jesús llamara por su nombre a Leví y que éste se haya levantado al instante y lo haya dejado todo, para convertirse en auténtico seguidor del Señor.
Porque al incluir este acontecimiento en lo que reconocemos Palabra de Dios actual, viva y eficaz, Dios mismo nos comunica lo que espera de nosotros, porque la llamada a Leví no solo fue para Leví, sino que, al estar dentro del Evangelio, hoy proclamado, la llamada es para los Leví de nuestro tiempo, la llamada es para ti.
Sí, hoy el Señor te llama a ti, que tienes otras prioridades en tu vida, a ti que, posiblemente sin querer, haz hecho en la práctica del dinero, tu máxima aspiración, a lo mejor solo para dar una seguridad económica a los que amas.
El Señor te llama hoy a ti que quizás haz hecho de los fines de semana, del placer, del juego, del tener ciertas experiencias o viajes, tu máxima aspiración o la razón de vivir. El Señor te llama a ti que quizás cuando alguien cuestiona tus modos de actuar o responder, respondes con esa antigua herejía de “yo así soy”, como si Dios ya no pudiera hacer nada en ti; el Señor hoy te vuelve a llamar por tu nombre y te dice: ‘sígueme’. Tú ¿Qué harás al respecto?
Leví decidió dejar de golpe todas sus antiguas seguridades: dejó el trabajo que lo destruía internamente y dañaba a sus conciudadanos, invitó a Jesús y a toda su iglesia, la comunidad de ungidos que estaba fundando, a su casa; lo cual implica que no tuvo vergüenza de acoger a Cristo, su amor y su enseñanza en su vida y su hogar.
Leví reconoció su propia indignidad, se reconoció pecador y necesitado de Cristo y le permitió al Señor sanar toda su vida convirtiéndolo en san Mateo. Y así como lo hizo con san Mateo, también el Hijo de Dios quiere santificarte y convertirte en anunciador de la grandeza del amor de Dios, de tiempo completo desde tu estado de vida.
Dejarlo todo y seguir a Cristo implica ponerlo en primer lugar. Lo que no significa simplemente orar más, ir más a la iglesia o visitar al Santísimo o estudiar más la Sagrada Biblia y la Tradición, las cuales son cosas importantísimas y necesarias.
Seguir a Cristo realmente y ponerlo en primer lugar significa reorganizar completamente tu sistema de valores, tus decisiones diarias, tus relaciones, tus metas, tu uso del tiempo y del dinero; significa que cada elección, desde la más pequeña hasta la más trascendental, pase por el filtro de una pregunta fundamental:
¿Esto me acerca o me aleja de Dios? ¿esto está en plena sintonía con lo que enseña la Iglesia porque es lo que ha enseñado Jesús o me lleva por caminos paralelos, separándome de Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida?
Antífona de comunión
Mt 9, 13
Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Reanimados por este don de vida celestial, te rogamos, Señor, que lo que en esta vida es sacramento para nosotros, se nos convierta en remedio de eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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