Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 17 de febrero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana VI - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Sal 36, 3-4

Pon tu esperanza en Dios, practica el bien y vivirás tranquilo en esta tierra. Busca en él tu alegría y te dará el Señor cuanto deseas.

Oración colecta

Señor Dios, que inspiras y llevas a término todo buen propósito, conduce a tus hijos por el camino de la salvación eterna y haz que quienes, dejándolo todo, se consagraron totalmente a ti siguiendo a Cristo y renunciando a lo mundano, en espíritu de pobreza y humildad de corazón te sirvan fielmente a ti y a sus hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Dios no tienta a nadie

Lectura de la carta del
apóstol Santiago 1, 12-18

Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.

Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.

A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.

No os engañéis, mis queridos hermanos. Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.

Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje viene a disipar otra de las concepciones equivocadas, o al menos inadecuadas sobre Dios: pensar que Dios es el autor de la tentación.

El Apóstol Santiago nos afirma que no es Dios el que nos pone en tentación, ya que esto sería como si Dios nos pusiera una trampa para ver qué tan listos somos para evitarla, con el grave riesgo de que caigamos en ella.

Si este fuera el pensamiento y el actuar de Dios, ¿cómo podríamos entender el pasaje de la Escritura que dice que: "Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y se salve", o aquella otra que en consonancia con esta dice: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad"?

El pecado es una realidad misteriosa que está en íntima relación con el demonio y con sus secuaces, que buscan la muerte del hombre y su infelicidad en la tierra (y de ser posible también en la eternidad). Por el contrario, Dios, busca nuestra vida y felicidad.

Dios nos ama de manera infinita y hará siempre todo lo que nosotros le dejemos hacer, para llevarnos a conocer su amor y la felicidad plena que se puede vivir en él. Apártate de las ocasiones de pecado, y serás fortalecido en el momento en que se presente la tentación.

Salmo responsorial
Sal 93, 12-13a. 14-15. 18-19

R. Dichoso el hombre
a quien tú educas, Señor.
  • Dichoso el hombre a quien tú educas, al que enseñas tu ley, dándole descanso tras los años duros. R.
  • Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona su heredad: el juicio retornará a la justicia, y la seguirán todos los rectos de corazón. R.
  • Cuando pensaba que iba a tropezar, tu misericordia, Señor, me sostenía; cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me ama guardará mi palabra – dice el Señor -, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

EVANGELIO
Evitad la levadura de los
fariseos y de Herodes

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 8, 14-21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.

Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?»

Ellos contestaron: «Doce»

«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».

Le respondieron: «Siete».

Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

A pesar de tener tiempo conviviendo con Jesús y de haber visto los milagros de cerca, los discípulos todavía no alcanzaban a entender lo que estaba sucediendo. Estaban todavía atrapados en sus propias preocupaciones materiales. Acababan de presenciar el milagro de la multiplicación de los panes y cuando se dan cuenta de que solo tenían un pan en la barca para comer, empiezan a angustiarse.

¿No te parece familiar esto? ¿Te ha pasado? Después de haber visto cómo Dios nos ha ayudado en el pasado, ante el primer problema nuevo, entramos en pánico y nos olvidamos de su poder, nos olvidamos de que Él permanece en nuestra barca. 

Jesús se da cuenta que los discípulos estaban murmurando sobre la falta de comida y les hace unas preguntas fuertes. Creo que estas preguntas deberíamos de tenerlas apuntadas y ponerlas en un lugar bastante visible en nuestra casa o en una tarjetita que podríamos traer en la cartera y sacarla en momentos como éste. 

¿Todavía no entiendes ni acabas de comprender? ¿Tan embotada está tu mente? ¿Para qué tienes ojos si no ves y oídos si no oyes? ¿No recuerdas cuántas canastas sobraron cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?’ Son preguntas que debemos de tener a la vista para esos momentos como los que vivieron los discípulos en la barca. Jesús nos hace un llamado de atención a nuestra memoria espiritual. 

A veces tenemos el corazón tan endurecido y los ojos tan nublados por la ansiedad del día a día, que no vemos ni oímos. Nos preocupamos por el pan que nos hace falta, el dinero, la salud o la seguridad, y nos olvidamos que Jesús está sentado con nosotros en la barca. El problema de los discípulos y el nuestro no es la falta de recursos, sino la falta de memoria y de confianza en la Providencia divina. 

Claro que es nuestro deber procurar tener a Jesús en la barca y la manera de hacerlo es mantenernos en una perseverante vida de oración, siendo asiduos a los Sacramentos y siempre iluminados por su Palabra. Asegurarnos que ahí está Jesús en todo momento y recordarlo. 

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre en qué estamos enfocando nuestra atención, si solo miramos nuestras carencias y nuestras limitaciones, vamos a vivir siempre asustados y angustiados. El Señor nos pide que despertemos, que usemos los ojos y los oídos del Espíritu para ver que en sus manos el poco siempre se convierte en más, y Él tiene todo el control.

Hay que recordar y confiar en sus promesas. No dejar que la levadura del miedo, de la queja o de la incredulidad nos agobien y nos angustien. Si Jesús pudo alimentar a miles con tan poco, ¿cómo no va a poder cuidar también de nosotros? 

Es el mismo Jesús, sus mismos milagros y sus promesas son para nosotros también. Se trata de dejar de pensar en los panes que nos faltan y empezar a confiar en la plenitud de Jesús, procurando tenerlo siempre en nuestra barca, haciendo lo que nos toca hacer. 

Antífona de comunión
Apoc 22, 17. 20

El Espíritu y la esposa dicen: Ven. Amén. Ven, Señor Jesús.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

A quienes tu amor ha congregado y hecho partícipes de un mismo pan, concédeles, Señor, ayudarse y animarse mutuamente en la práctica de la caridad y de las buenas obras, para que, con una vida santa, den en todas partes testimonio eficaz de Jesucristo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración

Ayúdame, Señor, a descubrir cuál es la fuente de mis tentaciones, sé que provienen de la tentación del demonio y sobre todo, de mi inclinación carnal. Pero te pido, Señor, que me muestres la raíz de cada tentación para arrancarla y poder darme cada vez más a ti, para que termines de purificar mi vida.

Acción

Hoy haré un sacrificio de algún tipo, oraré más y observaré con más atención lo que me tienta y por qué.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).