Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana IV.
Color del día: Rojo.
Memoria obligatoria: San Pablo Miki y compañeros, mártires.
Antífona de entrada
Estos santos derramaron su sangre gloriosa por el Señor, amaron a Cristo en su vida, lo imitaron en su muerte, y por eso merecieron la corona del triunfo.
Oración colecta
Dios nuestro, fortaleza de los santos, que por medio de la cruz te dignaste llamar a la gloria a los santos mártires Pablo Miki y compañeros, concédenos, por su intercesión, que mantengamos firmemente hasta la muerte la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Con todo su corazón David
entonó himnos, demostrando
el amor por su Creador
Lectura del libro del
Eclesiástico 47, 2-13
Como se para la grasa en el sacrificio de comunión, así David fue separado de entre los hijos de Israel.
Jugó con leones como si fueran cabritos, y con los osos como si fueran cordero.
¿Acaso no mató de joven al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, lanzando la piedra con la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat?
Porque invocó al Señor altísimo, quien dio vigor a su diestra, para aniquilar al potente guerrero y reafirmar el poder de su pueblo.
Pues él aplastó a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, para siempre
quebrantó su poder.
Por todas sus acciones daba gracias al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria.
Con todo su corazón, entonó himnos, demostrando el amor por su Creador.
Organizó coros de salmistas ante el altar, y con sus voces armonizó los cantos; y cada día tocarán su música.
Dio esplendor a las fiestas, embelleció las solemnidades a la perfección, haciendo que alabaran el santo nombre del Señor, llenando de cánticos el santuario desde la aurora.
El Señor perdonó sus pecados y exaltó su poder para siempre: le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este corto pasaje de uno de los libros de la sabiduría de Israel, pondera lo valioso que es permanecer en la presencia del Señor y buscar con todo el corazón, agradarlo y hacer su voluntad.
No obstante que David pecó, Dios derrotó a sus enemigos y consolidó su trono. Qué importante es, pues, que busquemos con todo nuestro corazón agradar a Dios durante nuestra vida, pues solamente él es quien puede librarnos de nuestro egoísmo y de todo aquello que pudiera evitar que seamos plenamente felices.
Este pasaje nos muestra cómo David, reconocía que todo cuanto acaecía en su vida, tenía como origen a Dios y por eso lo honraba con todo su ser.
Tú también ve descubriendo que, tanto en tus éxitos como en tus trabajos, Dios está en medio de ellos; que todo cuanto tienes procede de su mano generosa, y de esta manera vete convirtiendo en parte de este grupo de adoradores que glorifica y bendice a Dios por su infinita bondad y misericordia para con el ser humano.
Da gloria a Dios en tu vida y él consolidará tus proyectos, tu familia y en todo cuanto emprendas, verás resplandecer la gloria de Dios.
Salmo responsorial
Sal 17, 31. 47 y 50. 51
R. Bendito sea mi Dios y Salvador.
- Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen. R.
- Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre. R.
- Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido, de David y su linaje por siempre. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. R.
EVANGELIO
Es Juan, a quien yo decapité,
que ha resucitado
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él.
Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado, de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Otros decían: «Es Elías».
Otros: «Es un profeta como los antiguos».
Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?».
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista».
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Es impresionante lo fácil que podemos perder el rumbo cuando dejamos que el orgullo y la opinión de los demás influyan en nuestras decisiones. Herodes es el ejemplo perfecto de alguien que, aunque sentía curiosidad por lo espiritual y sabía que Juan era un hombre justo, vivía encadenado a sus propios vicios y al qué dirán de su círculo social.
En un momento de euforia y bajo la presión de sus invitados, hizo una promesa absurda que lo obligó a elegir entre quedar mal frente a sus amigos o cometer un asesinato. Al final, eligió su reputación por encima de su conciencia, demostrándonos que el miedo a perder el prestigio puede convertirnos en esclavos de nuestras propias debilidades.
En la otra cara de la moneda está Juan el Bautista, un hombre que entendía que la verdad no se negocia, ni siquiera para salvar la vida. Vivimos en una sociedad donde se nos pide constantemente suavizar nuestras convicciones o creencias para no incomodar a nadie o para encajar en el molde de lo popular. Juan, en cambio, nos enseña que la vida espiritual no tiene nada que ver con la comodidad o con tener a todos contentos.
A veces ser fiel a Dios implica enfrentar el rechazo, pero es preferible vivir con la integridad intacta que con mentiras y complicidades. La historia termina mal, con una muerte injusta y un banquete manchado de sangre.
Pero el verdadero perdedor no fue Juan, mientras el profeta cumplió su misión con coherencia hasta el último aliento, Herodes quedó atrapado en una jaula de oro atormentado por la culpa y el miedo constante.
Cuando más adelante escucha sobre Jesús, su primer pensamiento es de terror, creyendo que el pasado ha vuelto para cobrarle factura. Al final, este relato nos invita a elegir qué tipo de vida queremos construir, una que brilla por fuera, pero está vacía por dentro, o una que, aunque enfrente tormentas, tiene la paz de saber que se mantuvo firme y congruente en lo que es correcto.
Antífona de comunión
La abundante recompensa de los santos consiste en la presencia de Dios: murieron por Cristo y viven para siempre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor Dios, que en tus santos mártires manifestaste de modo admirable el misterio de la cruz, concede, benigno, que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos fielmente adheridos a Cristo y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor Jesús, tú que eres el hijo de David, el mesías salvador que has querido mostrarnos que el amor a Dios se muestra en la fidelidad y obediencia a él, enséñanos a vivir como hijos suyos, siendo obedientes en todo momento y dóciles al Espíritu Santo para que merezcamos la vida que nos has prometido.
Acción
Dedicaré algunos momentos a lo largo de mi día, para dar gracias a Dios por todas la cosas buenas que me ha dado.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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