Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana I.
Color del día: Blanco.
Antífona de entrada
Cf. Sal 77, 53
El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que estableciste el misterio pascual como alianza de la reconciliación humana, concédenos manifestar en las obras lo que celebramos con fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
No hay salvación en ningún otro
Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 4, 1-12
En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y lo saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes.
Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros.
Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Ni parecería que el Pedro que está hablando fuera aquel mismo Pedro que por miedo a correr la misma suerte que Jesús, lo negó tres veces; el mismo hombre que después de la resurrección estaba escondido a puerta cerrada por miedo a los judíos.
La diferencia entre uno y otro se debe a que ha tenido un encuentro "personal" con Jesús resucitado. Ahora conoce a Jesús no solo como "un profeta poderoso en obras delante de Dios y de los hombres", sino como su Dios y su Señor.
Es por ello necesario que todos y cada uno de nosotros tenga también este encuentro personal, como decía el Papa Juan Pablo II: "de ojos abiertos y corazón palpitante", con Jesús resucitado, ya que este encuentro es el elemento que transforma nuestra vida.
La Pascua es un tiempo propicio para que este encuentro se realice en lo profundo de nuestro ser. Simplemente hay que estar atentos, Jesús nos saldrá al encuentro en cualquier momento, no lo dejemos pasar sin que nos cambie el corazón.
Salmo responsorial
Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a
R. La piedra que desecharon los
arquitectos es ahora la piedra angular.
- Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Digan los que temen al Señor: eterna es su misericordia. R.
- La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
- Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina. R.
Aclamación antes del Evangelio
Sal 117, 24
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
EVANGELIO
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da,
y lo mismo el pescado
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 21, 1-14
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron: «No».
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Alégrate porque Jesús está vivo. No hay duda de que esta escena a la orilla del mar de Galilea nos da una gran lección para cuando sentimos que no hallamos la salida y queremos darnos por vencidos. Los discípulos, después de todo lo que vivieron con la muerte y resurrección de Jesús, deciden volver a su actividad diaria, a pescar, a lo que ya sabían hacer. Se pasan toda la noche trabajando, echando las redes, pero al amanecer no consiguen ni un solo pez.
A veces nos empeñamos en hacer las cosas solo con nuestras fuerzas, a como estamos acostumbrados, con nuestros propios métodos; nos desgastamos en el trabajo y en los problemas del día y en ocasiones terminamos con las manos vacías y con el ánimo por los suelos.
Y es que si no tenemos a Jesús en la barca de nuestra vida, podemos esforzarnos mil horas y aun así sentir que no avanzamos en nada. Pero hay que ver lo que pasa cuando amanece. Jesús está en la orilla, ellos no lo reconocen al principio. Él les hace una pregunta bien simple: ‘¿Han pescado algo?’
Cuando le dicen que no, Él les da una instrucción que parece no tener sentido: ‘Echen la red a la derecha’. ¿Te puedes imaginar lo que ellos pensaron de esta indicación de Jesús?, después de haber estado pescando toda la noche ¿Qué nos tiene que venir a decir este hombre si nosotros somos expertos en lo que hacemos?
Y aquí está el secreto que debemos aprender a aplicar siempre en nuestra vida. Ellos le obedecen, en lugar de ponerse tercos diciendo que ya lo habían intentado todo, le hacen caso. ¿Y cuál es el resultado? Una pesca tan grande que no podían con las redes.
La enseñanza es que a veces la solución no es trabajar más, sino aprender a escuchar y cambiar el enfoque, confiando en lo que Dios nos pide, aunque parezca una locura.
Y lo que más me gusta es el final, cuando llegan a la orilla de nuevo, Jesús no les da un sermón sobre por qué fallaron, si lo hicieron bien o lo hicieron mal, sino que ya les tiene preparado todo para el almuerzo. Imagínate el detalle. Jesús primero se preocupa por nuestras necesidades más básicas, por el cansancio y el hambre, y deja que la enseñanza madure en nuestra mente con la ayuda del Espíritu Santo.
Lo que debemos aprender hoy es que Jesús no nos quiere ver agotados ni frustrados. Él nos invita a trabajar con Él a nuestro lado, atentos a obedecerle en todo, Él pone el milagro y las brasas, pero también nos pide que traigamos nuestros peces, es decir, que pongamos nuestro esfuerzo.
Al final del día, lo que realmente importa es saber que, aunque a veces nos den ganas de darnos por vencidos, si lo escuchamos y obedecemos, nuestras redes nunca se van a quedar vacías.
Antífona de comunión
Cf. Jn 21, 12-13
Dijo Jesús a sus discípulos: Vengan a comer. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Protege, Señor, con amor constante a quienes has salvado, para que, una vez redimidos por la pasión de tu Hijo, se llenen ahora de alegría por su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Creo en ti, Señor, creo que sólo tú has sido constituido salvador nuestro y que solo tú eres el camino, la verdad y la vida. Dame tu gracia para testificar al mundo lo que has hecho en mi vida.
Acción
Hoy memorizaré alguna cita bíblica que me recuerde que Jesús es mi Salvador y que puedo confiar en él.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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