Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana III - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: San Anselmo de Canterbury, Obispo y doctor de la Iglesia.
Antífona de entrada
Cf. Ap 19, 5; 12, 10
Alaben a nuestro Dios todos cuantos lo temen, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.
Oración colecta
Dios nuestro, que abres la entrada del reino celestial a los que han renacido por el agua y el Espíritu Santo, aumenta sobre tus siervos la gracia que les diste, para que, purificados de todo pecado, no les falte ningún bien de los que, en tu bondad, les tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Señor Jesús, recibe mi espíritu
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 7, 51-8, 1a
En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado».
Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, murió.
Saulo aprobaba su ejecución.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Duras pero ciertas las palabras de San Esteban dirigidas a todos nosotros: "Hombres de cabeza dura, cerrados de corazón y de oídos. Ustedes resisten siempre al Espíritu Santo".
Y es que la verdad, pensemos, ¿cuántas veces hemos tenido la oportunidad de crecer más en el amor de Jesús, de asistir a un retiro? ¿Cuántas veces por pereza o por darle prioridad a otras actividades hemos faltado a misa?
¿Cuántas veces, pudiendo hacer la caridad, un favor, un servicio no lo hemos hecho? ¿Cuántas veces hemos preferido ver la televisión en lugar de atender a nuestros hijos, hermanos o a nuestros padres? O ¿cuántas veces hemos dejado la oración por alguna otra actividad?
En esta Pascua, Jesús nos ofrece de nuevo la posibilidad de abrirle totalmente nuestro corazón y dejar que sea el Espíritu Santo quien dirija nuestra vida; nos hace de nuevo la invitación para que tomemos el Evangelio como norma de nuestro diario obrar y para que hagamos de la caridad un estilo de vida.
Salmo responsorial
Sal 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21 ab
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
- Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R.
- A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás; yo confío en el Señor. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.
- Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 6, 35ab
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el pan de vida – dice el Señor -; el que viene a mí no tendrá hambre. R.
EVANGELIO
No fue Moisés, sino que es mi Padre
el que da el verdadero pan del cielo
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 6, 30-35
En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Pan del cielo les dio a comer»».
Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Alégrate, porque Jesús está vivo. La gente recién acababa de presenciar el milagro de los panes y en lugar de confiar y creer, se pone exigente con Jesús. Le sacan el tema del maná en el desierto, como diciendo: ‘a ver, danos algo igual de impresionante para que te creamos’.
Y es que la insatisfacción humana no tiene límites. Siempre estamos queriendo una señal más o algo extra para sentirnos seguros, pero Jesús pone las cosas bien claras: ‘No fue Moisés quien dio el pan, fue el Padre’. Y ese maná solo les quitó el hambre un rato.
Esto se parece a todas las cosas que a veces estamos buscando, siempre dinero, los likes en las redes sociales, el éxito o el consumismo, son como ese pan del Antiguo Testamento: nos sirven hoy, pero en muy poco tiempo despertamos con el mismo vacío, con la misma hambre que no logramos saciar.
Jesús explica que el verdadero pan de Dios es el que baja del cielo y que da la vida al mundo. Y cuando ellos todavía están pensando en el estómago, le dicen: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Y Jesús lo aclara: ‘Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás’.
¿Qué es lo que tú y yo debemos aprender para nuestra vida? Que todavía a veces andamos buscando la solución en lugares equivocados. La paz que dura, esa que no se te quita cuando el día se pone difícil, no viene de los bienes materiales, sino de nuestra relación con Jesús.
Él no nos ofrece un producto de consumo, Él se ofrece a sí mismo como el sentido para todo lo que hacemos. La clave es dejar de estar persiguiendo las cosas que solo quitan el hambre un rato. Hay que aprender a buscar a Jesús, no solo por los milagros que puede hacer, sino por quién es Él.
Cuando dejas que Él sea tu pan de vida, ese hueco que a veces sentimos, empieza a llenarse con algo que el mundo no nos puede dar ni quitar. Y ese pan se encuentra en una espiritualidad sólida, basada en una relación íntima con Él por medio de la Oración, de la lectura de su Palabra y principalmente de la participación en la Sagrada Eucaristía, vivida en la medida de tus posibilidades de manera diaria.
Antífona de comunión
Rom 6, 8
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Te pido perdón, Señor, por todas las veces que he cerrado mis oídos a tu Palabra; aquellas veces que, incluso habiéndola escuchado, no he puesto empeño en ponerla por obra.
Hoy te abro mis oídos, mente y corazón para que los llenes de tu divina voluntad y que por tu gracia pueda seguirte y dejarte actuar en mi vida.
Acción
Hoy haré aquello que Dios me ha estado pidiendo y que he ido postergando.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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