Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana III - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús.
Antífona de entrada
Cf. Sal 70, 8. 23
Mi boca, Señor, se llene de alabanzas, para que pueda cantarte; y así mis labios se llenarán de júbilo. Aleluya.
Oración colecta
Muéstrate propicio, Señor, con tu familia santa y protégela benignamente, de manera que a quienes concediste la gracia de la fe, les otorgues también la participación eterna en la resurrección de tu Unigénito. Él, que vive y reina contigo.
PRIMERA LECTURA
Iban de un lugar a otro anunciando
la Buena Nueva de la Palabra
Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 8, 1b-8
Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia; penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otra anunciando la Buena Nueva de la Palabra.
Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
De nuevo vemos cómo de situaciones que nos parecerían "adversas", como es el caso de una persecución, son precisamente éstas las que hacen posible que la salvación se extienda al resto de la comunidad.
Muchos son los casos en los que una enfermedad, la muerte de un amigo, la pérdida del trabajo, son precisamente el instrumento de Dios para traer la salvación a la familia o a la propia vida.
Por ello, debemos siempre recordar lo que dice san Pablo al respecto: "Todo conviene para aquellos que aman al Señor." De manera que si estás pasando por una situación particularmente difícil en tu casa, en tu trabajo, en tu escuela o en cualquier área de tu vida, mantén firme tu fe en el Señor.
Verás que con el tiempo, si dejas que Dios verdaderamente obre en ti, eso que ahorita es causa de dolor y pena, se convertirá en fuente de alegría y salvación. La vida no es fácil en ningún sentido, pero Jesús ha prometido estar con nosotros hasta el final de los tiempos.
Salmo responsorial
Sal 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a
R. Aclamad al Señor, tierra entera.
- Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R.
- Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
- Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con él, que con su poder gobierna enteramente. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 6, 40
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna – dice el Señor -; y yo lo resucitaré en el último día. R.
EVANGELIO
Esta es la voluntad del Padre: que
todo el que ve al Hijo tenga vida eterna
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hermanos, vivimos en una época donde existe una gran hambruna y esto es terrible, pero seamos honestos, también existe una hambruna que no es material, que existe otro tipo de hambre, más silenciosa y más extendida, que es hambre de amor verdadero, o también de ser reconocidos, de identidad, de ser afirmados, de que nuestra vida tenga valor y sentido.
Y cuando esa hambre no se sacia, el hombre cae en la esclavitud de la aprobación, del éxito, del consumo, del placer inmediato y la necesidad se convierte en dependencia y el vacío termina dominando la propia vida. Es en este contexto en el que resuena la voz de Jesús en nuestro corazón y nos dice: ‘Yo soy el Pan de vida’.
Y cuando Jesús habla de vida no se refiere solo a la vida biológica o a la vida material, sino a la vida en su totalidad, a la vida anímica, la vida psicológica o la vida espiritual; la misma vida existencial, es decir, la vida en el tiempo y en la eternidad.
Jesús está diciendo que Él es el alimento que sostiene todo lo que somos, y Cristo promete plenitud, porque dice: ‘el que viene a mí no tendrá hambre’. Es que teniéndolo a Él lo tenemos todo, porque en Él está el amor que no falla, la verdad que no cambia, la esperanza que no muere. Y esto también nos da identidad, sentido y pertenencia.
Pero esa plenitud solo se hace real cuando dejamos que Cristo esté y permanezca en nosotros. No basta una relación superficial, sino que la saciedad nace de la comunión.
Santo Tomás de Aquino explica, en este contexto en el que Cristo se llama Pan, que el alimento ordinario se transforma en quien lo come, pero en la Eucaristía ocurre lo contrario, somos nosotros los que somos transformados en Cristo. Y esa es la verdadera saciedad no simplemente recibir algo de Él, sino ser configurados en Él y con Él.
El mundo tiene hambre, ¿dónde buscamos saciarnos? Si es fuera de Dios, la necesidad crecerá y nos esclavizará. Si nos alimentamos de Cristo, comenzará en nosotros una plenitud que ni la muerte podrá destruir.
Antífona de comunión
Resucitó el Señor y nos iluminó a nosotros, los redimidos con su Sangre. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Dame tus ojos, Señor, quiero ver como tú ves; dame tu entendimiento, quiero entender, como tú entiendes, dame tu corazón, para tener tus mismos sentimientos. Enséñame a permanecer en paz mientras está la tormenta y dejándote actuar, pues sé que es ahí donde tu poder se manifiesta con mayor majestad.
Acción
Hoy, a pesar de cualquier situación difícil que viva, mantendré una actitud de paz y de fe en que es el Señor, quien está moldeando mi vida.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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