Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Viernes, 29 de mayo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana VIII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Sal 17, 19-20

Dios anuncia la paz a su pueblo, a todos sus amigos y a cuantos se convierten a él de corazón.

Oración colecta

Mueve, Señor, la voluntad de tus fieles, para que, secundando con mayor empeño la acción de tu gracia divina, recibamos con mayor abundancia los auxilios de tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Sed buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios

Lectura de la primera carta
del apóstol san Pedro 4, 7-13

Queridos hermanos:

El fin de todas las cosas está cercano. Así pues, sed sensatos y sobrios para la oración. Ante todo, mantened un amor intenso entre vosotros, porque el amor tapa multitud de pecados. Sed hospitalarios unos con otros sin protestar.

Como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios, poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido. Si uno habla, que sean sus palabras como palabras de Dios; si uno presta servicio, que lo haga con la fuerza que Dios le concede, para que Dios sea glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Queridos míos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en vosotros y sirve para probaros, como si ocurriera algo extraño. Al contrario, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Para construir la comunidad, Dios ha prodigado toda clase de dones y carismas, los cuales ha distribuido entre toda la comunidad.

Es por ello importante que, todos y cada uno de nosotros, pongamos a disposición de la Iglesia estos dones, ya que, de otra manera, el don que no se ejerce y que no se ofrece, es un don que está haciendo falta para la construcción del Reino.

Por esta razón, el apóstol invita en este pasaje a que todos nos involucremos en la construcción del Reino, mediante los dones que hemos recibido.

Esto no tiene que ser forzosamente dentro de una estructura eclesiástica, basta con que todo se haga, no por vanagloria sino para gloria de Dios, de manera que quien tiene el don de la palabra, lo use para edificación de los demás, quien tiene el don de mando lo haga para el servicio de los demás, etc.

Es, pues, importante que, por un lado, descubras los dones que Dios te ha regalado, y en seguida, que los pongas a trabajar para el progreso de la comunidad y para mayor gloria de Dios.

Salmo responsorial
Sal 95, 10. 11-12. 13

R. Llega el Señor a regir la tierra.
  • Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente». R.
  • Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R.
  • Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf.  Jn 15, 16

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo os he elegido del mundo – dice el Señor -, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. R.

EVANGELIO
Mi casa será casa de oración para
todos los pueblos. Tened fe en Dios

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 11, 11-25

Después que el gentío lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie frutos de ti».

Los discípulos lo oyeron.

Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.

Y los instruía, diciendo: « ¿No está escrito: «Mi casa será casa de oración para todos los pueblos»? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos».

Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.

Cuando atardeció, salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado».

Jesús contestó: «Tened fe en Dios. En verdad os digo que si uno dice a este monte: «Quítate y arrójate al mar», y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.

Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido, y lo obtendréis.

Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Entre la higuera que no tenía fruto y el lío que se arma en el templo, Jesús nos deja una lección fuerte sobre lo que significa dar resultados reales en nuestra vida de fe. No se trata de parecer buenos, sino que hay que serlo; para Dios, a diferencia de nosotros, no son tan importantes las apariencias. 

La higuera tenía hojas, se veía viva, pero por dentro no tenía nada que ofrecer. Igual que el templo, por fuera era imponente, pero por dentro se había vuelto un negocio, una cueva de ladrones como dice; palabras fuertes pero reales. 

Jesús nos advierte que una fe que no da frutos de amor, de justicia y de servicio se termina secando, nos enseña que el culto que a Él le gusta no es el de los ritos vacíos, sino el que nace de un corazón que de verdad busca a Dios y respeta a los demás. 

El Evangelio de hoy nos invita a revisar si nuestra vida espiritual es nada más de apariencia: ir a Misa por obligación, decir que somos católicos solo porque nos bautizaron o porque vamos a un grupo parroquial, o si de verdad tenemos frutos que ofrecer: ayudar al que más lo necesita, ser honrados, congruentes, sabemos perdonar y si sabemos servir. 

San Alberto Hurtado, un sacerdote jesuita quien fue un defensor de la clase trabajadora, reconocido por su gran labor, decía el cristiano no es el que solamente hace cosas buenas, sino el que hace de toda su vida una cosa buena. Él entendió que no se trata de dar limosna o ayudar de vez en cuando, o rezar un rosario a la carrera, sino de que toda nuestra existencia debe de ser un fruto que alimente a todos los que tenemos alrededor. 

La invitación de Jesús es a limpiar nuestro propio templo interno de todo lo que le estorba, a cuidar y abonar la tierra en donde tenemos sembrada nuestra vida espiritual, para que nuestra oración tenga la fuerza necesaria y que dé fruto. 

Si quieres que la montaña se mueva, primero hay que tener fe; cuando pidamos, hay que acordarnos también antes de que hay que perdonar y confiar ciegamente en que Dios nos escucha y que toma en cuenta el arrepentimiento de nuestro corazón y no solo de labios para afuera. 

Antífona de comunión

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Te rogamos, Dios todopoderoso, que, habiéndonos concedido el gozo de participar de esta mesa divina, ya nunca permitas que nos separemos de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor Dios, tú que nos llamas a participar de tu vida divina a través del don de tu Espíritu Santo, para ser fieles en el seguimiento de tu Hijo, ayúdanos a buscar tu presencia consoladora en aquellos momentos de soledad o temor, para vivir con la esperanza de tu consuelo y de la certeza de que Tú nunca nos abandonas.

Acción

El día de hoy ofreceré en oración mi sufrimiento al Señor y consolaré a quien yo vea que sufre con desconsuelo.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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