Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 11 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana X.
   Color del día: Rojo.  

Memoria obligatoria: San Bernabé, apóstol.

Antífona de entrada
Cf. Hech 11, 24

Dichoso san Bernabé, digno de ser contado entre los Apóstoles, pues era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe.

Oración colecta

Dios nuestro, que mandaste separar a san Bernabé, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, para la obra de conversión de las naciones, concede que el Evangelio de Cristo, que predicó con tanto entusiasmo, sea anunciado fielmente, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Era un hombre bueno,
lleno de Espíritu Santo y de fe

Lectura del libro de los Hechos de
los Apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3

En aquellos días, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.

Bernabé, salió para Tarso en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger, Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.

Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

Entonces, después de ayunar y a orar, les impusieron las manos y los enviaron.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Meditar sobre la vida de la primitiva comunidad cristiana nos pone siempre en contacto con la frescura de la fe, de las conversiones, de la acción del Espíritu Santo y de las multitudes que volvían a Dios.

La comunión nace por la fe común, por la confesión de fe en el Señor Jesús muerto y resucitado y por la obra llevada a cabo por el Espíritu Santo. La iglesia crece porque el Espíritu Santo construye la comunidad.

No se trata de hombres que comienzan una empresa personal, es más bien, el descubrimiento de Jesús, de su obra y del Espíritu que transforma, lo que despierta esas conversiones y esas comunidades llenas de fe y vida.

Los apóstoles son los hombre privilegiados que hacen de eslabón entre Jesús el hombre y las comunidades que nacen con Pentecostés; ellos son la garantía de fidelidad a la voluntad de Dios.

Salmo responsorial
Sal 97, 1. 2-3ab. 3c-4. 5-6

R. El Señor revela a las naciones su justicia.
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.
  • El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.
  • Tañed la citara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 13, 34

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Os doy un mandamiento nuevo – dice el Señor -: que os améis unos a otros, como yo os he amado. R.

EVANGELIO
Todo el que se deja llevar de la cólera
contra su hermano será procesado

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «necio», merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

En este pasaje Jesús aplica literalmente lo que en algún otro momento les mencionó, “no vine a abolir la ley sino a darle plenitud”, y utiliza ejemplos que todos podemos ubicar perfectamente pero que ya son parte de nuestra vida y por lo tanto ya no los vemos tan mal. 

Jesús compara el enojo contra un hermano con el acto de quitar la vida a alguien, que forma parte de los mandamientos. Y podríamos preguntarnos: ¿en serio?, ¿es lo mismo? Seguramente no es exactamente lo mismo, pero Jesús nos deja claro que el enojo no es algo pequeño. Es decir, quien se enoja con su hermano será llevado al tribunal, lo que nos muestra que guardar enojo en el corazón puede tener consecuencias graves.

Y vaya que hay de enojos a enojos, el mismo san Pablo les escribe a los Efesios “enójense, pero no pequen”, es casi inevitable enojarnos ante ciertas cosas, sin embargo, la invitación es a no dejarnos llevar por la pasión de la ira, no nos es lícito enojarnos con ira, aún y cuando la ofensa sea grande, “amen a sus enemigos” dirá Jesús en otra cita.

Cuántas historias conocemos de familias divididas porque en algún momento alguien hizo o dijo algo que no le pareció a la otra parte y de ahí se construye un muro impenetrable, a veces ya ni siquiera se sabe cuál fue el origen de ese distanciamiento, pero el rencor sigue ahí, el rencor que es guardar un veneno en el corazón como si eso le fuera a hacer daño a la otra persona.

Y la otra invitación de la que nos habla Jesús es a la reconciliación, si tengo claro en mi pensamiento que cometí un error y otra persona tiene algo contra mí por eso, porque la ofendí, le robé, dije algo inapropiado o qué sé yo, nos dice, deja tu ofrenda que llevas al altar, reconcíliate y luego regresa.

No podemos decirnos amigos o discípulos de Cristo si llevamos eso en el corazón; si llevas esa carga en el corazón, enfrenta la realidad, ve con ese hermano y pide perdón para que la paz regrese a tu corazón. 

Y si tú piensas que no tuviste la culpa, pues todavía mejor, ofrécele eso a Jesús, pero reconcíliate como dice la lectura, mientras vas por el camino, no sea que no se te vuelva a presentar la oportunidad.

Antífona de comunión
Jn 15, 15

Ya no los llamaré siervos, dice el Señor, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. A ustedes los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Habiendo recibido, Señor, la prenda de la vida eterna, te rogamos humildemente que lo que hemos celebrado bajo los signos sacramentales en memoria de san Bernabé, apóstol, lo lleguemos a contemplar en plenitud. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, quiero darte gracias por el misterio de la iglesia, movida, guiada y motivada por el Espíritu Santo; porque gracias a tu Espíritu, ella me hace partícipe del misterio Pascual y hace posible, en el aquí y ahora, la salvación que Jesús da a quienes creemos en él y lo aceptamos por el bautismo.

Acción

Dedicaré unos minutos en mi oración diaria para pedir por los sacerdotes que me alimentan con la vida sacramental: el que me bautizó, el que me confirmó, el que me ofreció por vez primera el cuerpo de Cristo y aquellos que constantemente me confiesan y ofician la misa en la que participo constantemente.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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