Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana IX.
Color del día: Rojo.
Memoria obligatoria: San Bonifacio, obispo y mártir.
Antífona de entrada
Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios y no temió las palabras de los malvados: estaba cimentado sobre roca firme.
Oración colecta
Sea, Señor, el mártir san Bonifacio nuestro intercesor, para que mantengamos con firmeza y profesemos con valentía, en las obras, la fe que enseñó de palabra y rubricó con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Los que quieran vivir piadosamente
en Cristo serán perseguidos
Lectura de la 2ª carta del apóstol
san Pablo a Timoteo 3, 10-17
Querido hermano:
Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia, las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquia, Iconio y Listra.
¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor.
Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos.
Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
El final de la Carta de Pablo nos recuerda lo importante que es la Palabra de Dios en nuestra vida, ya que es el instrumento para poder educar en la vida diaria.
Sin embargo, es triste que la mayoría de los cristianos católicos tengamos poco trato con la Sagrada Escritura. La mayoría se conforma con lo que escucha en la misa, lo que lee en los misales y lo poco que pueda escuchar en algún retiro.
Nos hemos acostumbrado a escuchar y no a leer. Son realmente pocos los hermanos que tienen un contacto directo con ella y mucho menos los que la estudian. Eso hace que nuestra forma de instruir o de corregir sea sin una base firme.
Todo esto hace que nuestra fuente de conocimiento no sea la Escritura sino el radio, la televisión y otros medios que poco o nada tienen que ver con el proyecto de Dios para nosotros.
Es pues necesario que volvamos a tener amor por la Sagrada Escritura y que ésta sea la que nos instruya para la vida. Ten siempre cerca de ti tu Biblia; no la dejes en casa; léela y medítala… esto te llevará a la perfección en la fe.
Salmo responsorial
Sal 118, 157. 160. 161. 165. 166. 168
R. Mucha paz tienen
los que aman tus leyes, Señor.
- Muchos son los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos. R.
- El compendio de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos. R.
- Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras. R.
- Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar. R.
- Aguardo tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos. R.
- Guardo tus preceptos y tus mandatos, y tú tienes presentes mis caminos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 14, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra – dice el Señor -, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.
EVANGELIO
¿Cómo dicen que el Mesías
es hijo de David?
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 12, 35-37
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?
El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
Una muchedumbre numerosa la escuchaba a gusto.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En el Evangelio de hoy vemos a Jesús en el templo de Jerusalén. Esta vez no está realizando un milagro espectacular ni sanando a un enfermo, pero está haciendo algo igual de importante, está enseñando.
Jesús lanza una pregunta que parece una adivinanza, un acertijo: ‘¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? y se refiere a la cita del Salmo 110 donde David llama al Mesías Señor; lo que quiere enseñar es algo sencillo, pero de mucha profundidad y hace énfasis en que el Mesías no es solo el descendiente humano del rey, en este caso de David, sino que es alguien mucho mayor.
Ese Mesías es, nada más y nada menos, que el Hijo de Dios. Recordemos que en tiempos de Jesús la gente esperaba a un hijo de David, un líder militar, alguien que expulsara a los romanos y devolviera la gloria material a Israel y liberarlos de la esclavitud.
Al cuestionar a los escribas, Jesús les está diciendo: no se limiten a lo puramente humano, porque yo soy capaz de liberarlos de algo mucho más grande que la sola libertad material, porque el Mesías al que se refiere David viene a darles la libertad eterna. No solo es un líder humano, es el Señor de la historia.
A veces nosotros hacemos lo mismo, queremos y creemos en un Jesús que solo resuelve nuestros problemas materiales, económicos o que se ocupa de darnos salud cuando se lo pedimos, como si fuera un empleado que cumple nuestros deseos.
Pero Jesús es el Señor, Aquél ante quien incluso el rey David se inclinaba y reconocía antes de conocerlo; mientras los sabios y expertos se confundían con sus teorías sobre quién era, la gente sencilla disfrutaba escuchando a Jesús, porque la identidad de Dios es revelada para quien tiene un corazón dispuesto a dejarse enseñar con un corazón abierto, generoso. Por eso el Evangelio termina diciendo que la multitud le oía con agrado.
El Papa Francisco, en una de sus homilías, en donde hablaba de la identidad de Jesús, decía, no se puede conocer a Jesús sin tener una relación con Él. Para conocer a Jesús no basta el estudio, las ideas no sirven, se necesita el diálogo, la oración y caminar con Él.
Y esta frase conecta muy bien con el Evangelio de hoy. Los escribas sabían mucho de las Escrituras, las ideas, los conceptos, pero no reconocían al Señor que tenían enfrente. La gente sencilla, en cambio, no necesitaba analizar tanto, simplemente escuchaba y disfrutaba de su presencia.
El Señor nos pide hoy cuestionarnos ¿quién es Él para nosotros? ¿Alguien a quien recurro solamente en las emergencias cuando yo no encuentro la salida o puedo decir que el Señor es esa persona a la cual le consulto cuando tomo todas mis decisiones? ¿tendré la sencillez como la de esa multitud que lo escuchaba en el templo y se alegraba o me complico buscándole demasiadas explicaciones a esas cosas que no entiendo?
Hay que pedirle al Señor la sencillez de corazón para reconocerle no solo como el personaje histórico que es, sino como el Señor de toda nuestra vida; que como el rey David, sepamos darle el lugar que corresponde nuestro corazón y en cada una de nuestras decisiones, buscando conocerle en su Palabra, en la Oración y en los Sacramentos.
Antífona de comunión
Mt 16, 24
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga, dice el Señor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que los sacramentos recibidos nos den aquella fortaleza de espíritu que hizo de tu mártir san Bonifacio fiel en tu servicio y victorioso en el martirio, Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, te agradezco el don de tu palabra; es maravilloso que pueda escucharte a través de ella. Te pido que por medio de ella me enseñes, me reprendas, me corrijas y me eduques en la virtud, a fin de que me perfecciones y me prepares para hacer toda clase de obras buenas.
Acción
Hoy confrontaré contra la palabra de Dios mi modo de vivir, mis planes, mi fe, mi paciencia, mi amor fraterno, mi constancia, mis persecuciones y sufrimientos. Y veré qué cambios tengo que hacer en cada cosa.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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