Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana X - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 26, 1-2
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿ a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Ellos, mis enemigos y adversario, tropiezan y caen.
Oración colecta
Oh, Dios, fuente de todo bien, escucha los que te invocamos, para que, inspirados por ti, consideremos lo que es justo y lo cumplamos según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Elías sirve al Señor, Dios de Israel
Lectura del primer libro de los
Reyes 1 Re 17, 1-6
En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «Vive el Señor, Dios de Israel, ante quien sirvo, que no habrá en estos años rocío ni lluvia si no es por la palabra de mi boca».
La palabra del Señor llegó a Elías diciendo: «Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit frente al Jordán. Habrás de beber sus aguas y he ordenado a los cuervos que allí te suministren alimento».
Fue a establecerse en el torrente de Querit, frente al Jordán, procediendo según la palabra del Señor.
Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y lo mismo al atardecer; y bebía del torrente.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Ser profeta nunca ha sido fácil, como nos lo muestra el pasaje que hoy meditamos. Para buscar la conversión del pueblo, Elías invoca al Señor para que no llueva y ver sin con el hambre se dan cuenta de su error y se conviertan de nuevo al Señor.
Para protegerlo de tan terrible amenaza, Dios lo lleva a un lugar apartado y esto hace que el profeta tenga que confiar plenamente en el Señor, pues serán los cuervos quienes lo alimentarán durante todo el tiempo de la prueba.
Jesús nos habló en el Evangelio de esta confianza plena en la providencia, cuando nos hacia ver que nosotros valíamos más que las flores y que los pájaros del campo y que si Dios se acuerda de ellos con mucha más razón lo hará de nosotros.
Esta es la fe que necesitamos tener hoy en día los profetas del Señor, es decir, todos los bautizados. Es necesario que cada uno tome su papel en este ministerio profético y no estemos atemorizados por nuestro sustento o por nuestra misma vida, pues Dios está siempre al pendiente nuestro y de manera milagrosa nos dará todo lo que necesitamos preservando nuestra vida para que como dice el Señor: "Ni uno de nuestros cabellos se pierda".
Salmo responsorial
Sal 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8
R. Nuestro auxilio es el nombre del
Señor, que hizo el cielo y la tierra.
- Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.
- No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.
- El Señor te guarda a su sombra, está a la derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.
- El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. R.
EVANGELIO
Bienaventurados los pobres en el espíritu
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados lo que tiene hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El Evangelio que acabamos de escuchar es el primer gran discurso que el evangelista Mateo recoge de Jesús, en el cual escuchamos las bienaventuranzas.
Y aquí Jesús rompe completamente nuestra lógica, pues tal vez nosotros, junto con el mundo, podemos decir que felices son los ricos, los fuertes, los que triunfan, los que imponen, pero Cristo dice exactamente lo contrario: ‘Bienaventurados los pobres, los que lloran, los perseguidos, los que sufren, los que tienen hambre’.
Y la primera bienaventuranza, los pobres de espíritu, contradice lo que el mundo considera como felicidad; primero hay que entender bien, Jesús no está exaltando la miseria material en sí misma. La pobreza de espíritu no es simplemente no tener cosas, es algo mucho más exigente, es no depender de ellas, no construir la propia seguridad en lo que se posee.
Vivimos convencidos de que cuanto más tenemos, más seguros estamos: dinero, reconocimiento, control, incluso certezas personales; todo eso lo acumulamos como si nos fueran a dar estabilidad definitiva, pero en el fondo, genera totalmente lo contrario: ansiedad, miedo a perder, necesidad constante de más.
Por eso San Agustín dice, no es pobre el que tiene poco, sino el que desea más. Esta frase no es una idea bonita, sino que es un diagnóstico. El verdadero problema no es la cantidad de bienes, sino el corazón que nunca se sacia; el que siempre necesita más, nunca es libre, vive atrapado en una lógica de carencia permanente. Puede tener mucho y sin embargo, sentirse vacío.
En cambio, el pobre de espíritu, el que ha aprendido a no absolutizar nada, a no aferrarse, a no vivir dependiendo de lo que posee, es el que de verdad es libre. Claro, esto no significa despreciar los bienes, sino ponerlos en su justo lugar. Usarlos, sí, pero no vivir para ellos, porque cuando algo ocupa el lugar de Dios, termina esclavizando, termina siendo ídolo.
Y por eso Jesús dice: ‘de ellos es el reino de los cielos’. Lo dice en presente, porque el Reino comienza en el corazón libre, en el que no está lleno de sí mismo; el que no está lleno de cosas terrenas, pasajeras, mundanas; es el que ha dejado espacio libre a Dios.
Y aquí está la pregunta que no podemos evitar, ¿mi vida está marcada por la libertad o por la necesidad constante de más? ¿poseo cosas o las cosas me poseen a mí? La pobreza de espíritu no es pérdida, es ganancia, porque solo el que se vacía de lo que no sacia, puede llenarse de lo que sí salva.
Antífona de comunión
Sal 17, 3
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que tu acción medicinal, Señor, nos libere, misericordiosamente, de nuestra maldad y nos conduzca hacia lo que es justo. Por Jesucristo, nuestro Señor
Oración
Señor, tu eres mi proveedor, y por eso me siento confiado pues sé que nada me faltará en mi vida ya que tu estás siempre atento a mis necesidades. Hoy te consagro cada cosa que me hace falta, mis deudas, mi economía y todas aquellas cosas que sabes bien que necesito. Me abandono del todo a ti.
Acción
Hoy haré una ofrenda en la Iglesia, como signo de que no confío en mi capacidad de proveer, sino en el Señor que es providente.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
