Papa León XIV en el Ángelus, Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo
26 julio 2026
Johan Pacheco / Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano | Vatican News
➤ En el rezo del Ángelus, León XIV recordó que en la Iglesia todas las personas están «llamadas a reconocerse como "uno" en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso».
➤ Posterior al Ángelus la atención se centra en Cisjordania y Gaza durante el Ángelus: se debe respetar la «igual dignidad» y los «mismos derechos» de todas las personas, rechazando «nuevas acciones militares y decisiones unilaterales».
«En el centro de la enseñanza de Jesús se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro (cf. Mt 13, 44-52)», dijo el Papa León XIV en su reflexión previa al rezo del Ángelus, desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo, este domingo 26 de julio.
El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del XVII domingo del Tiempo Ordinario, señalando que «las parábolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera podía esperar, hasta el punto de que vender o dejar todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia».
Aseguró el Pontífice que, «de hecho, desde las primeras páginas, los evangelistas describen el llamado de Jesús a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata, movida por el deseo».
El encuentro con el Reino de Dios
El Papa lo definió como «un primer aspecto importante de la forma en que Dios está cerca y se deja encontrar: el encuentro con su Reino es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida. Si algo debe cambiar ahora, es para tener más posibilidades, no menos».
Señaló también «un segundo aspecto al que Jesús parece darle mucha importancia: quien encuentra el tesoro escondido en el campo es probablemente un campesino; la perla, en cambio, es reconocida por su gran valor por un comerciante, tal vez un viajero».
El Reino de Dios, un llamado a todos
De igual modo, hizo referencia a otras parábolas «en las que el Reino se deja vislumbrar en una mujer que amasa la harina, en otra que ordena la casa, en un rey que planea la guerra, en un hombre que diseña una torre, en administradores que gestionan pagos o inversiones, en pastores y agricultores».
El Papa las resumió afirmando que «el Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos —hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos— a una profunda renovación. Todos pueden comprenderlo y se sienten atraídos por él».
Recordó que «incluso hoy, la Iglesia es una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como "uno" en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso».
Dios no hace distinción de personas
«Desde el principio, de hecho, Jesús llamó y reunió a su alrededor a personas que, de otra manera, nunca se habrían conocido. Así fue precisamente como demostró que Dios no hace distinción de personas y que su elección es una predilección preferencial por los pequeños y los descartados», expresó el Pontífice.
Finalmente, el Papa invitó a pedir «el don de identificar la perla de gran valor, de saber reconocer el tesoro por el que vale la pena venderlo todo».
La industria del consumo envenena el corazón
Alerta que, «mientras la industria del consumo nos altera el gusto, creando siempre nuevas necesidades para luego vendernos respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el corazón, debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros».
«Que la intercesión de María, Sede de la Sabiduría, oriente hacia Jesús nuestro deseo de vida, para que se realice en plenitud», concluyó León XIV.
El Papa León XIV en Castel Gandolfo (@Vatican Media)
La paz que no acaba de llegar, que no se estabiliza, que paga un amargo precio frente a intereses mortíferos. Este es el tema central y crucial en torno al cual gira el llamamiento de hoy, último domingo de julio, tras la oración del Ángelus presidida por León XIV en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo.
La preocupación por el destino de Oriente Medio es especialmente intensa para el Papa, incluida la situación del Líbano, donde ayer fue beatificado el patriarca maronita Elia Hoayek.
Además, al mostrarse al tanto de las noticias sobre los devastadores incendios que están afectando a diversas localidades de Francia y España, el Papa manifiesta su cercanía e invita a todos a rezar «por las personas afectadas y por la labor de los equipos de rescate».
Igual dignidad e iguales derechos
El descanso estival no distrae, por tanto, al Pontífice de la inquietud con la que sigue observando la persistencia y el recrudecimiento de la violencia en Tierra Santa, donde —como recuerda en el Ángelus dominical desde Castel Gandolfo— últimamente también han sido víctimas muchos civiles, tanto en Cisjordania como en Gaza.
De su boca brotan palabras firmes dirigidas a los líderes políticos:
«Hago un llamamiento sincero para que se retome la negociación de una solución política justa, basada en la misma dignidad y los mismos derechos de toda persona humana, y para que se rechacen nuevas acciones militares y decisiones unilaterales, en particular aquellas que violan el respeto y el statu quo de los lugares sagrados de todas las confesiones religiosas».
Suspender los ataques, reanudar el diálogo y la diplomacia
La mirada del Papa se extiende a todo Oriente Medio, donde la escalada de violencia y destrucción provocada por las operaciones militares está afectando «gravemente», observa el Papa, a la vida de numerosos civiles. La escasez de agua potable y de electricidad es un dato que no pasa a un segundo plano en el llamamiento del Pontífice.
A partir de ahí, el llamamiento continúa: «Desde lo más profundo de mi corazón, insto a todas las partes implicadas a que suspendan los ataques y reabran con urgencia los espacios de diálogo y diplomacia, para alcanzar lo antes posible la paz, tan anhelada por toda la región».
«Que el Señor toque los corazones e ilumine las mentes de los responsables, para que pronto se alcance la reconciliación y la paz», es la súplica del Sucesor de Pedro, quien pide a cada uno que encomiende en la oración a todos los pueblos que sufren a causa de la guerra.
La oración por la paz en el Líbano confiada al beato Hoayek
La atención por la situación política y humanitaria de la región de Oriente Medio se extiende también al «tan querido» Líbano, etapa del primer viaje apostólico de León XIV.
Tras la beatificación, precisamente en el País de los Cedros, de Elia Hoayek, patriarca de Antioquía de los maronitas entre 1899 y 1931 y fundador de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, quien durante más de treinta años guió a la Iglesia maronita «con gran dedicación y sensibilidad pastoral», el Papa recuerda a quien ya se considera el «Padre del Gran Líbano».
Para el Pontífice, sigue siendo el «hombre del diálogo y de la esperanza» y un «luminoso punto de referencia eclesial, social y político». Recomienda oraciones de intercesión para implorar y obtener el don de la paz para todo el pueblo.
Garantizar la atención y la asistencia a las personas mayores
El Papa tampoco deja de mencionar a los abuelos y a las personas mayores. Lo hace en la Jornada de hoy dedicada a ellos, que, en su sexta edición de este año, retoma las palabras de Isaías: «Yo, en cambio, nunca te olvidaré».
Conscientes de que son un don para la Iglesia y para la sociedad, llega la invitación: «Comprometámonos a respetar y valorar su valioso papel y a garantizarles, siempre, la debida atención y asistencia».
Fuentes: