Pintura de San Agustín de Philippe de Champaigne (1645-1650). Crédito: Wikimedia Commons / Dominio público
24 de julio de 2026
Por Victoria Cardiel | ACI Prensa
La Biblioteca Diocesana de Pelplin, en la región de Pomerania, al norte de Polonia, custodiaba sin saberlo un auténtico tesoro.
Situada junto a la imponente catedral gótica, heredera de siglos de oración cisterciense, este santuario del saber conservaba un manuscrito medieval cuya relevancia ha salido a la luz.
En 2024, Paul Alexander Nebauer, investigador independiente especializado en la historia medieval del antiguo monasterio cisterciense de Bad Doberan (Alemania), contactó con Christian Tornau, profesor de Filología Clásica (Latinística) en la Universidad de Würzburg para proponerle una misión: había localizado un códice medieval que contenía varios sermones atribuidos a San Agustín y necesitaba ayuda para identificarlos y traducirlos.
Las estanterías de la Biblioteca Diocesana de Pelplin (Polonia) donde se conservaban los manuscritos. Crédito: Biblioteca Diocesana de Pelplin
Tornau, considerado uno de los mayores especialistas alemanes en la obra de San Agustín de Hipona y en la literatura cristiana de la antigüedad tardía, aceptó el reto.
Para un observador no especializado, el manuscrito podría parecer poco más que un conjunto de páginas envejecidas, de tonos amarillentos y olor a documento antiguo.
Sin embargo, la exhaustiva investigación filológica llevada a cabo por Tornau, junto con Clemens Weidmann, investigador del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL) de Viena (Austria), y un equipo de jóvenes académicos, acabó revelando un hallazgo de enorme importancia.
El manuscrito fue copiado en el monasterio de Doberan durante el siglo XII y pudo haber sido transcrito a partir de un códice más antiguo procedente de Amelungsborn, histórico monasterio cisterciense situado en el actual estado alemán de Baja Sajonia.
De los cuatro sermones analizados, dos ya eran conocidos por los especialistas: uno reconocido como auténticamente agustiniano y otro clasificado como pseudoagustiniano. Los otros dos, en cambio, no pudieron ser identificados de inmediato.
El profesor Christian Tornau, profesor de latín en la Universidad de Würzburg, en Alemania, leyendo el manuscrito en la pantalla. Crédito: Cortesía Prof. Tornau
“Transcribimos los nuevos textos y empezamos a analizarlos con vistas a una futura edición. Estábamos fascinados, por supuesto, por la idea de haber encontrado nuevos sermones de San Agustín, pero pronto nos volvimos escépticos porque en algunos lugares los sermones no parecían escritos por Agustín”, explica Tornau a ACI Prensa.
Dos años de investigaciones para verificar la autenticidad
Sin dejarse llevar por el fogonazo de la emoción, los investigadores quisieron someter el descubrimiento a las máximas exigencias académicas antes de darlo por válido. “Nuestro veredicto final de que son auténticos es el resultado de un trabajo filológico continuo durante casi dos años”, señala el académico alemán.
Parte de ese trabajo se desarrolló en el marco de una escuela de verano organizada por el CSEL en Viena en 2025, en la que participaron doctorandos y jóvenes investigadores especializados en literatura cristiana antigua. Tras un análisis minucioso de los textos y de su transmisión manuscrita, el equipo concluyó que no existían objeciones serias para poder atribuirlos a San Agustín.
Según el investigador, aunque entre la época de San Agustín, en el siglo V, y el manuscrito conservado median varios siglos de transmisión textual, el documento ofrece una versión sorprendentemente fiable.
El académico Christian Tornau acreditó junto a una veintena de especialistas la autoría de San Agustín en los dos sermones. Crédito: Cedida por el Prof. Tornau
“Hay varios siglos entre Agustín y este escriba del siglo XII, por lo que es fácil imaginar que se produjeron errores durante la transmisión. Sin embargo, disponemos de un texto bastante bueno y, con algunas correcciones críticas, podemos reconstruir en gran medida lo que San Agustín dijo”, explica.
Entre los argumentos más sólidos figura la datación de los sermones en la Antigüedad tardía, entre los siglos V y VII, así como la descripción de prácticas litúrgicas que, en palabras de Tornau, “no sería imaginable en la Edad Media”.
Además, según el investigador, “el trasfondo es norteafricano, como queda claro por la oración conclusiva del primer sermón, que sólo está atestiguada en el África de la Antigüedad tardía”.
Los especialistas también comprobaron que el autor poseía un conocimiento profundo del pensamiento agustiniano, aunque sin limitarse a reproducirlo mecánicamente.
“El predicador está familiarizado con el pensamiento y las obras de San Agustín, pero no las copia simplemente, lo que podría constituir una señal de no autenticidad”, explica.
Asimismo, añade que “los sermones no contienen nada que no pudiera haber sido dicho por Agustín, ya sea desde el punto de vista lingüístico o exegético y teológico”.
Tras contrastar expresiones, argumentos y rasgos textuales con el conjunto de la obra agustiniana conservada, los investigadores llegaron a una conclusión firme.
“Como el predicador resulta indistinguible de San Agustín, consideramos metodológicamente seguro aceptar la autoría de San Agustín en lugar de inventar un ‘discípulo’ o ‘seguidor’ anónimo”, afirma Tornau.
Un pasaje bíblico que planteaba un gran problema teológico
Los dos sermones giran en torno a uno de los episodios más complejos del Antiguo Testamento: la consulta del rey Saúl a la adivina —o “bruja”— de Endor, narrada en el capítulo 28 del Primer Libro de Samuel.
La primera página de uno de los dos nuevos sermones. Crédito: Pelplin, Ms. 114 (195), fol. 14r (Copyright: Biblioteca Diocesana de Pelplin)
Según el relato bíblico, abandonado por Dios y desesperado ante la amenaza de los filisteos, Saúl recurre a una nigromante para invocar al profeta Samuel. El profeta aparece y le anuncia su muerte inminente.
“Esta narración fue un problema para la exégesis cristiana antigua. ¿Cómo puede una nigromante ejercer un poder mágico, diabólico, sobre Samuel, un santo de Dios? ¿Es Dios incapaz o no está dispuesto a impedirlo? Evidentemente, esto plantea la cuestión de la teodicea”, explica Tornau.
Antes de San Agustín predominaban dos interpretaciones principales. La primera sostenía que Samuel había aparecido realmente, aunque por voluntad o permiso divino y no como resultado de la magia. La segunda defendía que la aparición era, en realidad, un espíritu maligno que adoptaba la apariencia del profeta para engañar a Saúl.
La novedad es que ahora aparecen dos sermones específicos en los que el obispo de Hipona aborda el asunto ante sus fieles y no descarta ninguna de las dos posibilidades.
“En los nuevos sermones, San Agustín discute ambas posibilidades, con sus ventajas e inconvenientes, y concluye que las dos son aceptables porque ninguna contradice la fe cristiana”, señala el profesor.
Para Tornau, esta postura refleja un rasgo distintivo del obispo de Hipona. “Esta apertura a interpretaciones divergentes de la Escritura es característica de Agustín en general”, afirma.
Según el especialista, el doctor de la Iglesia y una de las inteligencias más relevantes y decisivas de la Filosofía universal, adopta una actitud mucho más dialogante que la de otros autores antiguos, que tendían a polemizar con dureza contra las opiniones opuestas.
La gran sorpresa: una posible salvación de Saúl
El aspecto más llamativo de los nuevos textos es una hipótesis inédita en la tradición agustiniana conocida hasta ahora.
“El elemento más notable de los nuevos sermones es la idea de que Saúl, después de escuchar la profecía de Samuel, pudo haberse arrepentido y haber sido redimido”, explica Tornau.
La primera página de uno de los dos nuevos sermones. Crédito: Pelplin, Ms. 114 (195), fol. 18v (Copyright: Biblioteca Diocesana de Pelplin)
Según el investigador, esta interpretación no tiene paralelos ni en las obras conocidas del obispo de Hipona ni en la exégesis cristiana antigua, donde la figura de Saúl suele presentarse de manera decididamente negativa.
En estos sermones, San Agustín parece sugerir que incluso un personaje tan controvertido como el primer rey de Israel pudo haberse abierto finalmente a la gracia divina.
“La idea puede ser una invención puntual de Agustín o quizá tuvo acceso, de forma directa o indirecta, a la exégesis judía rabínica, mucho más positiva respecto a Saúl”, apunta el especialista.
Sea como fuere, Tornau considera que esta interpretación arroja luz sobre un aspecto fundamental del pensamiento agustiniano.
“Su independencia intelectual y su disposición a considerar que cualquiera, incluso quienes parecen más malvados, es capaz de alcanzar la salvación mediante la gracia de Dios”, asegura.
Para el experto, esta intuición refleja con precisión la personalidad del gran Padre de la Iglesia que murió en el año 430 y cuya obra ha marcado durante siglos la teología, la filosofía, la espiritualidad y la cultura europea: “Esto combina honestidad intelectual y humildad episcopal de un modo notable y muy agustiniano”.
El siguiente paso es elaborar una edición crítica del texto latino con traducción alemana y una introducción sustancial que explicará la historia del descubrimiento, describirá el manuscrito, su contenido y datación, y ofrecerá un contexto de los nuevos sermones dentro de la obra de San Agustín y de la historia de la exégesis cristiana. La publicación podría ver la luz a comienzos del 2027.
El descubrimiento ya ha suscitado numerosas reacciones en ambientes académicos y eclesiales. “Quizá también porque el Papa es agustino, lo que ha aumentado el interés por San Agustín”, comenta Tornau que espera poder entregarle a León XIV en mano la futura edición crítica.
Fuente:
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