Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 2 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Sal 77, 23-25

Abrió Dios las compuertas del cielo e hizo llover sobre ellos el maná para que lo comieran; les dio un trigo celeste, y el hombre comió pan de ángeles.

Oración colecta

Señor Dios, que llevaste a cabo la obra de la redención humana por el misterio pascual de tu Unigénito, concede, benigno, que quienes anunciamos llenos de fe por medio de los signos sacramentales, su muerte y resurrección, experimentemos un continuo aumento de tu salvación Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Ve, profetiza a mi pueblo

Lectura de la profecía de
Amós 7, 10-17

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Betel envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós está conspirando contra ti en medio de Israel. El país no puede ya soportar sus palabras. Esto es lo que dice Amos: Jeroboam morirá a espada e Israel será deportado de su tierra».

Y Amasias dijo a Amós: «Vidente, vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan y allí profetizaras. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino».

Pero Amós respondió a Amasías: «Yo no soy profeta ni hijo de profeta. Yo era un pastor y un cultivador de sicomoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: «Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

Pues bien, escucha la palabra del Señor: Tú me dices. «No profetices sobre Israel y no vaticines contra la casa de Isaac».

Por eso, esto dice el Señor: «Tu mujer deberá prostituirse en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán por la espada, tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en un país impuro e Israel será deportado de su tierra»».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Es increíble la obececación que manifestamos frecuentemente con el Señor. Nos perdona, nos habla, nos invita, nos reprende y aun así, continuamos con nuestra actitud de rechazo a su palabra y a su amor. El rey Jeroboam, en lugar de buscar la conversión de su pueblo, y con ello la salvación de éste, prefiere oír las voces del mundo y rechazar al profeta de Dios.

Esta es muchas veces nuestra actitud. En lugar de cambiar nuestra vida, preferimos hacer a un lado al Dios que me estorba, que no me permite vivir la vida como yo la deseo, que frena y me echa en cara mis pecados con el fin de que me vuelva a él.

Preferimos escuchar las voces del mundo y no las del Evangelio, las voces que vienen desde los medios de comunicación, en lugar de aquellas que vienen de nuestros pastores. Aún en los anuncios proféticos realizados por visionarios, nos gusta quedarnos con el fenómeno (que siempre es atractivo), en lugar de convertirnos y volvernos a Dios.

Cambiemos nuestra actitud ante el Dios de la misericordia, ante el Dios del perdón; recordemos que su corazón está siempre abierto para los que se arrepienten y se vuelven a él.

Salmo responsorial
Sal 18, 8. 9. 10. 11

R. Los mandamientos del Señor son
verdaderos y enteramente justos.
  • La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R.
  • Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R.
  • El temor del Señor es puro y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R.
  • Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila. R.

Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 5, 19ac

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. R.

EVANGELIO
La gente alababa a Dios,
que da a los hombres tal potestad

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados».

Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema».

Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:

«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate- y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados – entonces dice al paralítico -: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa»».

Se puso en pie, y se fue a su casa.

Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Jesús nuevamente manifiesta su poder de una forma portentosa y que al mismo tiempo genera asombro e inquietud en los corazones de aquellos que presencian la escena. 

En este gran milagro, donde la misericordia de Dios se manifiesta al llevar a un paralítico a los pies de Jesús, la sanación le llega gracias a la fe de estos amigos que tuvieron el arrojo de sortear lo que fuera con tal de llevarlo a los pies de Jesús, seguros de que Él lo sanaría. Esta gran obra de misericordia se manifiesta de una forma inesperada por todos, ya que antes de otorgarle la salud al cuerpo, el Señor le otorga la paz en su corazón por medio del perdón de sus pecados.

Si fuéramos del grupo de los amigos que lo llevaron, ¿Qué hubiéramos pensado tú y yo de haber estado ahí? ¿nos hubiéramos alegrado? O hubiéramos dicho algo así como “Señor ¿qué no estás viendo que lo que necesita es superar su parálisis? Primero sánalo y luego le perdonarás los pecados”; y sin embargo, Jesús primero le perdona sus pecados y genera inquietud en los escribas y seguro en el pensamiento de muchos de los presentes.

Con esto, Jesús nos ayuda a entender que el sacramento de la reconciliación es un regalo de liberación extraordinario, mucho más grande que cualquier otro en el que nos pudiera conceder un milagro de sanación física, porque abre las puertas a nuestra salvación.

San Juan Pablo II nos invitó a la reconciliación diciendo "Vuelvan a esta fuente de gracia. No tengan miedo. Cristo mismo los está esperando. Él los curará, y ustedes estarán en paz con Dios"; qué importante no olvidar que al acudir a la reconciliación, es el mismo Cristo el que está esperándonos con los brazos abiertos, no es el sacerdote, que pudiera incluso tener muchos defectos, es el mismo Jesús, en la persona de ese sacerdote quien nos concede el perdón y nos da la gracia para no volver a caer en ese pecado. 

Si tienes tiempo sin acudir a la reconciliación, te invito a que separes espacio en tu agenda para comprometerte a ir al único lugar que restaura por completo nuestra paz; y si acudes de manera regular, te invito a busques una guía que te ayude a profundizar tu reflexión previa al sacramento, para que el Señor renueve tus más profundos deseos de conversión. Si quieres que tu vida renazca, regresa al único lugar desde donde podrás intentar volver a comenzar.

Antífona de comunión
Jn 6, 51-52

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor. El que coma de este pan vivirá eternamente. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Dios nuestro, que la participación en este banquete celestial nos santifique, de modo que, por la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se estreche entre nosotros la unión fraterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración

Señor Dios y Padre de bondad que perdonas siempre al hombre que se arrepiente de sus faltas y pecados, perdónanos a nosotros, tus hijos que, sabiendo de tu infinita bondad y compasión, hemos preferido alejarnos de ti, para hacer cuánto hemos querido, apartándonos de ti y de tu gracia; ayúdanos a ser dóciles a tu Espíritu para que seamos dignos de tu amor compasivo y obedientes en nuestro diario vivir.

Acción

Dedicaré un minutos de mi tiempo antes de llevar a cabo mis acciones importantes, para descubrir si estoy siendo dócil a Dios y a su voluntad.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).