Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Sarbelio (Chárbel) Makhlouf, presbítero.
Antífona de entrada
Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Ustedes me invocarán y yo los escucharé y los libraré de la esclavitud donde quiera que se encuentren.
Oración colecta
Concédenos, Señor, Dios nuestro, alegrarnos siempre en tu servicio, porque la profunda y verdadera alegría está en servirte siempre a ti, autor de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Os daré pastores, según mi corazón;
y todas las naciones
se incorporarán a Jerusalén
Lectura del libro de
Jeremías 3, 14-17
Volved, hijos apóstatas – oráculo del Señor – , que yo soy vuestro dueño. Os iré reuniendo a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sion. Os daré pastores, según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.
Os multiplicaréis y creceréis en el país. Y en el aquellos días – oráculo del Señor – ya no se hablará del Arca de la Alianza del Señor: no se recordará ni mencionará; nadie le echará de menos, ni se volverá a construir otra.
En aquel tiempo, llamarán a Jerusalén «Trono del Señor». Todas las naciones se incorporarán a ella en el nombre de «El Señor que está en Jerusalén», y ya no se dejarán guiar por su corazón perverso y obstinado.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
El texto que nos presenta hoy la liturgia, nos trasporta a las palabras del Apocalipsis que nos hablan de la vida eterna, de ese lugar preparado, como dice san Pablo, para todos los que aman al Señor.
Si bien es cierto que, para la gente del AT, estas palabras los invitaban a vivir en la tierra que el Señor les había dado y que los hacía esperar con gran confianza, así también nosotros, nacidos en el NT, debemos poner nuestros ojos en el cielo, en la tierra prometida.
Es triste que hoy, en medio de un mundo materialista, poco pensamos en el cielo. Para muchos cristianos, éste ya no es la motivación para vivir de una manera santa. Recordemos que un día vamos a morir y que, en ese momento, seremos invitados a entrar a las bodas del Cordero, pero que para esas bodas necesitamos entrar con el traje adecuado, es decir, el traje de la gracia.
Es necesario, pues, en este mundo que nos invita a pensar sólo en las cosas materiales, a pensar en esa maravillosa Tierra Prometida que Dios nos tiene preparada. Sería muy triste que después de que Jesús pagó con su vida nuestra entrada, nosotros, por no estar atentos y por descuidar nuestra vida espiritual, perdiéramos esta maravillosa vida. Estemos, pues atentos, y aspiremos siempre a los bienes del cielo.
Salmo responsorial
Jr 31, 10. 11 12ab. 13
R. El Señor nos guardará
como un pastor a su rebaño.
- Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño». R.
- «Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte». Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R.
- Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. R.
EVANGELIO
El que escucha la palabra
y la entiende, ese da fruto
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 13, 18-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El pasaje del Evangelio que escuchamos hoy es la explicación que el mismo Jesús nos da sobre la parábola del sembrador. Aquí el Señor nos habla con absoluta claridad sobre los diferentes terrenos que representan las actitudes con las que recibimos el amor y la Palabra de Dios en nuestro corazón.
Jesús nos presenta cuatro situaciones cotidianas. El primero es el terreno donde la semilla cae de forma superficial y el mal la quita con facilidad porque la persona no le da importancia. El segundo es el terreno pedregoso, representa a quien recibe el mensaje con entusiasmo, pero al no tener raíces profundas, se desanima y abandona el camino en cuanto llega la primera dificultad o crítica.
El tercer terreno es el que está lleno de espinas. Una de las advertencias más realistas de Jesús para nuestro ritmo de vida actual, nos habla de cómo las preocupaciones de la vida diaria, el estrés por el dinero y la ambición material termina ahogando la paz del corazón, dejándonos sin energía para hacer el bien. Y finalmente está la tierra buena, ese corazón que escucha, comprende la Palabra y produce frutos abundantes.
Esto nos recuerda que la semilla de Dios siempre es perfecta, en ella no hay defecto. El fruto no depende de ella, sino más bien de la disposición de nuestro propio corazón; ser tierra buena no significa tener una vida perfecta o sin problemas, sino tener la sabiduría de detenernos a limpiar las piedras del orgullo y arrancar los espinos del egoísmo.
El Papa Francisco decía, el buen terreno es el que se deja labrar por la oración, el que acoge con paciencia la Palabra de Dios y la pone en práctica en las situaciones de cada día. El corazón es un campo que se trabaja día a día; la actitud humilde y el esfuerzo por corregir nuestras malas acciones son las herramientas para permitir que Dios actúe en nosotros.
Podemos aprender de esto que la fe auténtica necesita echar raíces en la vida ordinaria, hay que cuidar la calidad de nuestra tierra. Cuando sientas que el estrés o las prisas del trabajo empiezan a ahogar tu paz, detente un momento y busca la luz en la oración para que el Señor te ayude por medio de la Palabra, a descubrir lo que necesitas remover o adquirir para dar buenos frutos.
Ser tierra buena se demuestra cuando somos pacientes, atentos, obedientes, coherentes y somos capaces de amar con el mismo amor con que Dios nos ama.
Antífona de comunión
Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Al recibir, Señor, el don de estos sagrados misterios, te suplicamos humildemente que lo que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya, nos aproveche para crecer en nuestra caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Padre Celestial, tú que nos has creado por amor para hacernos participar un día de la vida eterna que tu Hijo Jesucristo nos consiguió con su muerte y resurrección, ayúdanos a ser fieles imitadores suyos, dejándonos guiar por el don del Espíritu Santo para que seamos dignos de participar de esa vida divina, viviendo en constante solidaridad y justicia con nuestros hermanos necesitados.
Acción
El día de hoy, pensando en la vida eterna, seré solidario con algún hermano que sufre o tiene alguna necesidad concreta como pan, agua, vestido, atención.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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