Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 1 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVII.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Ez 34, 11. 23-24

Buscaré a mis ovejas, dice el Señor, y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios.

Oración colecta

Oh, Dios, que suscitas continuamente en tu Iglesia nuevos ejemplos de virtud, concédenos seguir las huellas del obispo san Alfonso María en el celo por las almas, de modo que consigamos su recompensa en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Es cierto que el Señor me ha enviado
 para que os comunique estas palabras

Lectura del libro de
Jeremías 26, 11-16. 24

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente: «Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis podido oír vosotros mismos».

Jeremías respondió a los magistrados y a todos los presentes: «El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y esta ciudad todo lo que acabáis de oír.

Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros.

Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mi lo que mejor os parezca.

Pero, sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras».

Los magistrados del pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: «Este hombre no es reo de muerte, pues nos ha hablado en nombre del Señor nuestro Dios».

Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieron muerte.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 68, 15-16. 30-31. 33-34

R. En el día de la gracia,
escúchame, Señor.
  • Arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo. Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí. R.
  • Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. R.
  • Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 10

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. R.

EVANGELIO
Herodes mandó decapitar a Juan, y sus
discípulos fueron a contárselo a Jesús

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.

El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes que juró darle lo que pidiera.

Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.

Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Herodes, una figura que muestra la gran fragilidad del ser humano, dueño de todo a su alrededor, en sus manos gran riqueza y poder que no le sirvieron de nada. Primero se encuentra con Juan el Bautista a quien temía, porque sabía que era un hombre justo y santo, e incluso dice la Escritura que lo protegía y se quedaba maravillado de lo que escuchaba con gusto. 

Herodes tuvo en sus manos la decisión de convertirse, de cambiar, el anuncio de Juan le gustaba y por esa razón no permitía que le pasara nada, aunque su esposa quería matarlo por denunciar su pecado. Pero la riqueza y el poder no le permitieron cambiar y adherirse a este estilo de vida tan diferente, aunque reconocía su autoridad moral, prefería mantenerse en su lugar. 

Seguramente nosotros nunca estaremos en esa misma posición de riqueza y poder que Pilato, y sin embargo, podemos caer en la misma tentación de no querer cambiar. San Juan Crisóstomo reflexiona sobre esta realidad diciendo que cuando la virtud aparece, merece admiración incluso en los malvados, pero esa admiración no basta si el corazón no se convierte.

Todavía Herodes tiene una segunda oportunidad al escuchar lo que dicen de Jesús, reconoce por todo lo que le dicen, que actúan en Jesús “fuerzas milagrosas” y piensa que es el mismo Juan Bautista. Y sin embargo, ni ese temor le ayuda a tomar una decisión diferente, no se mueve de su postura, no quiere cambiar. 

¿Cuántas oportunidades nos ha puesto el Señor a la mano para ayudarnos en nuestra conversión y nosotros seguimos resistiéndonos al llamado? Cada uno de nosotros tenemos nuestro propio camino a recorrer para buscar la santidad ¿qué estamos esperando para seguir creciendo en nuestra santidad? 

Porque pasa el tiempo, nos acomodamos a nuestra circunstancia y pensamos “así ya estoy bien” sin pensar que el Señor nos invita a ir más allá, a no conformarnos con el avance que hemos tenido.

Todos llevamos en el corazón una idea que en algún momento vino como una inspiración del Espíritu para hacer algo o dejar de hacer algo que nos haga mejores personas, mejores cristianos.

Hoy el Señor te invita a decidirte a hacerla realidad, a dar un paso más en tu camino a la santidad. Pídele que te dé la sabiduría y la fortaleza para llevarla a cabo y que a través de ella, seas un mejor reflejo de Jesús para los que están a tu alrededor.

Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 16

No sois vosotros los que me habéis elegido, dice el Señor, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestros fruto permanezca.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Oh, Dios, que hiciste a san Alfonso María fiel dispensador y predicador de este misterio tan grande, concede a tus fieles recibirlo frecuentemente y alabarte sin cesar al recibirlo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).