Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 29 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXI.
   Color del día: Rojo.  

Memoria obligatoria: Martirio de san Juan Bautista.

Memoria libre: 

Antífona de entrada
Cfr. Sal 118, 46-47

Sin temor alguno he expuesto tu ley ante los reyes y he repetido tus preceptos porque en verdad los amo.

Oración colecta

Dios nuestro, tú que quisiste que san Juan Bautista fuera el Precursor del nacimiento y de la muerte de tu Hijo, concédenos que, así como él dio la vida como testigo de la verdad y la justicia, también nosotros luchemos con valentía en la afirmación de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Lo débil del mundo lo ha escogido Dios

Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría, de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así – como está escrito – «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 32, 12-13. 18-19. 20-21

R. Dichoso el pueblo que
el Señor se escogió como heredad.
  • Dichoso la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. R.
  • Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
  • Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 10

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. R.

EVANGELIO
Quiero que ahora mismo me des en una
bandeja la cabeza de Juan Bautista

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.

El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».

Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?».

La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista».

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan.

Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Nuevamente nos toca reflexionar sobre el gran testimonio de Juan, el que fue llamado desde el vientre de su madre a ser aquel que anunciaría la llegada del Mesías y que cumplió su misión a cabalidad hasta el final. 

A pesar de ser reconocido por el pueblo de Israel por su manera de hablar de Dios y por la congruencia de su vida, a él lo único que le importaba era anunciar que el Reino de Dios estaba cerca, que se encontraba entre nosotros el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo, él no era importante. 

Ni siquiera tuvo temor del poder de Herodes, que como gobernante de esa región podía hacer literalmente lo que quisiera, no le impidió denunciarlo públicamente y seguro no lo hizo para condenarlo, sino para hacer lo que él hizo toda su vida, llamar a todos a la conversión, al arrepentimiento.

Ese llamado a la conversión sigue vigente en nuestros días, porque como narra san Marcos, Juan proclamaba un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. A nadie nos gusta que alguien públicamente delate nuestros pecados, no sólo no nos gusta, sino que nos provoca reacciones que pueden sacar lo peor de nosotros.

¿Te imaginas que alguien saliera de pronto a decirte enfrente de todos “hermano, no te es lícito que te aproveches de tal cosa, o que te hayas quedado con el dinero de esto otro” o lo que sea que sea nuestro pecado?

Hoy quizá nadie te haga eso y sin embargo muchas veces nuestra conciencia sí está constantemente llamándonos a la conversión, al arrepentimiento, a pedir perdón; no te resistas a ese llamado que te puede llegar por inspiración del Espíritu Santo o a través de alguien cercano a ti.

Haz un buen examen de conciencia y acércate al Sacramento de la reconciliación para que retomes el camino hacia tu felicidad plena.

Antífona de comunión
Cfr. Jn 3, 27. 30

Refiriéndose a Jesús, Juan Bautista decía a sus discípulos: Es necesario que él crezca y que yo venga a menos.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Al celebrar el martirio de san Juan Bautista, concédenos, Señor, venerar el misterio de los sacramentos de salvación que hemos recibido y alegrarnos por sus frutos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).