Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXI.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: San Agustín (de Hipona), obispo y doctor de la Iglesia.
Memoria libre: San Junípero Serra, fraile (celebración universal).
Antífona de entrada
Cf. Eclo 15, 5
En medio de la asamblea le abrirá la boca, y el Señor lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia; lo revestirá con un vestido de gloria.
Oración colecta
Renueva, Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en tu obispo san Agustín, para que, llenos de ese mismo espíritu, tengamos sed solamente de ti, fuente de verdadera sabiduría, y te busquemos como creador del amor supremo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Predicamos a Cristo crucificado:
escándalo para los hombres; pero
para los llamados es sabiduría de Dios
Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 1, 17-25
Hermanos:
No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.
Pues está escrito: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces».
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen.
Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados – judíos o griegos -, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
"Si quieres vivir, tienes que morir"; "si quieres tener, tienes que dar"; "si quieres ser ensalzado, tienes que ser humillado"; "si quieres ser el primero, debes ser el último", cualquiera que oyera estas afirmaciones como el camino para alcanzar la felicidad, diría: "Este tipo está loco, lo que dice no tiene sentido". Esta es precisamente la "locura de la cruz", es la locura predicada por Cristo.
Ciertamente el Evangelio, la Sabiduría de Dios, hoy más que nunca, en este mundo "cientista y tecnificado", no parece tener mucho sentido.
En ambientes en donde lo más importante no es ser sino tener, en donde lo importante es lo práctico, aunque en ello no haya mucha caridad; en donde el sufrimiento es entendido como un castigo y no como un medio para santificarnos y santificar nuestro mundo, nuestra vida y nuestro testimonio, pueden ser tenidos como una verdadera locura.
Los grandes seguidores de Jesús han sido los grandes locos: san Francisco de Asís, santa Clara, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Ávila. ¡Sí! Esta es una bendita locura que lleva al hombre a experimentar la verdadera y profunda felicidad; es el poder de Cristo que nos ha dicho: "No teman, yo he vencido al mundo". Déjate transformar por el amor de Cristo, aunque la gente te tenga por loco.
Salmo responsorial
Sal 32, 1-2. 4-5. 10-11
R. La misericordia del Señor llena la tierra.
- Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.
- Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
- El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos, pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 21, 36abd
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Estad despiertos en todo tiempo, pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre. R.
EVANGELIO
¡Que llega el esposo,
salid a su encuentro!
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».
Pero las prudentes contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: «Señor, señor, ábrenos».
Pero él respondió: «En verdad os digo que no os conozco».
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El Evangelio de hoy nos recuerda la necesidad de vivir en un estado de constante atención y madurez espiritual; a través de este relato de las jóvenes previsoras y las descuidadas, el Señor nos advierte sobre el riesgo de quedarnos en una fe superficial que se apaga si somos pasivos, porque la vida cristiana requiere un abastecimiento continuo de combustible que la haga arder, un aceite interior que mantenga encendida nuestra luz y que nadie más puede comprar o conseguir por nosotros.
Jesús nos quiere hacer un llamado a cuidar la constancia de nuestro amor en los detalles que nadie ve; en nuestra vida matrimonial y familiar, el aceite de nuestra lámpara se llena a través de la paciencia diaria, el perdón rápido y la capacidad de mantenernos presentes.
Es fácil iniciar una relación con el entusiasmo de la juventud y la novedad, pero el verdadero reto es mantener encendido ese mismo amor cuando llega la rutina, el cansancio o las crisis.
Abastecer la lámpara en casa significa elegir los buenos detalles en cada ocasión, renovar constantemente el compromiso con la pareja y dar un tiempo de calidad a los hijos, asegurándonos de que el egoísmo no apague la calidez del hogar; en el entorno laboral y social, la prudencia de mantener el aceite se traduce en la integridad y en el sentido del deber.
Significa no trabajar solo por el entusiasmo del momento o cuando hay un bono de por medio, sino mantener la honestidad, el buen trato y la responsabilidad a lo largo de todo el tiempo, incluso cuando el ambiente se pone pesado, monótono o en los momentos difíciles, se demuestra al ser ese compañero confiable cuya ética y disposición no dependen de las circunstancias externas.
Al meditar sobre este Evangelio, San Agustín explicaba el significado con claridad, decía, ese aceite es el amor auténtico, el que se guarda en el interior del corazón. Muchos hacen buenas obras para ser vistos por los hombres, pero su lámpara se apaga pronto porque no tiene aceite dentro.
Busca que tu amor sea real ante los ojos de Dios, que ve en lo secreto y así tu lámpara brillará siempre, sin importar lo larga que sea la noche. No olvidemos rellenar diariamente nuestras lámparas con una vida de oración que nos mantenga bien preparados, acudamos a los Sacramentos que nos purifican y alimentan.
Tengamos siempre a la mano la luz de la Palabra que nos instruye y guía, mantengámonos con nuestras lámparas siempre listas y encendidas para iluminar todas nuestras decisiones. Tengamos encendido el fuego de su amor en todo momento, preparados para el encuentro con Él y poder disfrutar del gran banquete de la vida eterna.
Antífona de comunión
Cf. Mt 23, 10. 8
Dice el Señor: «Uno solo es vuestro maestro, Cristo. Todos vosotros sois hermanos».
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que nos santifique la participación en la mesa de Cristo para que, hechos miembros suyos, seamos lo que recibimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Bendita locura a la que, por tu misericordia, me has invitado; Señor, quiero que mi mente y mi corazón se llenen cada vez más de la locura de tu cruz, de la locura de morir a mí mismo, para que tú vivas en mí y a través de mí. Dame de tu Espíritu para conseguirlo a cada paso que doy.
Acción
Hoy renunciaré a algo que me guste especialmente, como símbolo de que nada hay más importante que mi Señor Jesús, signo de que puedo renunciar a lo que sea con tal de tenerlo a él.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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