Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 11 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIX.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada

Qué hermosa eres, virgen de Cristo, porque fuiste digna de recibir del Señor la corona de la virginidad perpetua.

Oración colecta

Dios nuestro, que misericordiosamente condujiste a santa Clara al amor por la pobreza, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Me dio a comer el volumen,
y me supo en la boca dulce como la miel

Lectura de la profecía de
Ezequiel 2, 8-3, 4

Esto dice el Señor: «Ahora, hijo del hombre, escucha lo que te digo: ¡No seas rebelde, como este pueblo rebelde! Abre la boca y come lo que te doy».

Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.

Entonces me dijo: «Hijo del hombre, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel».

Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: «Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy».

Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel.

Me dijo: «Hijo del hombre, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El texto que leemos el día de hoy nos presenta al profeta comiendo un rollo con palabras en él. Los expertos consideran que lo que le pedía el Señor que hiciera, es que se alimentara con la Palabra de Dios, particularmente con la Ley, para que su labor como profeta estuviera radicada no en pensamientos humanos, sino en la Palabra del Señor.

El pueblo de Israel, la casa rebelde, había recibido también esa palabra pero, como hoy lo dice el Señor, no había querido alimentarse con la Sabiduría divina prefiriendo dirigir su vida por los ídolos. Hoy nos ocurre cosa semejante, pues es triste ver que la mayoría de los cristianos católicos no leen la Sagrada Escritura, no la conocen.

La mayoría se conforma con lo que escucha en la misa y la gran mayoría que ni a misa va, pues esos ni siquiera la han hojeado. El Señor te invita a ti, a mí, a todos los que nos acercamos a él, a que nos alimentemos de su Palabra como el profeta Ezequiel, para convertirnos en sus profetas, en predicadores de las Buenas Noticias de salvación.

Este alimento, no sólo nos servirá para fortalecernos, sino incluso para encontrar felicidad y paz en nuestras vidas. No dejes de tomar un buen alimento espiritual todos los días y ponte a las órdenes del Señor, para que, a donde te envíe, puedas ser su profeta y ayudar a este mundo a regresar a Jesús.

Salmo responsorial
Sal 118, 14.24.72.103.111. 131

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!
  • Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas. R.
  • Tus preceptos son mi delicia, tus enseñanzas son mis consejeros. R.
  • Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R.
  • ¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca! R.
  • Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. R.
  • Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 29ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tomad mi yugo sobre vosotros – dice el Señor -, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. R.

EVANGELIO
Cuidado con despreciar
a uno de estos pequeños

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Dos grandes enseñanzas para hoy. La primera, para ser grande en el Reino de los Cielos debemos hacernos como niños. En un mundo que mide el valor de las personas por el estatus, el poder, la productividad laboral o las influencias sociales, Jesús invierte las prioridades y nos pide poner la mirada en lo sencillo y en los más vulnerables. 

Llevar esto a nuestra vida implica transformar nuestra manera de convivir con los demás, hacernos como niños significa despojarnos del orgullo que bloquea el perdón, significa aprender a pedir disculpas con sencillez y no guardar rencores, reconocer que dependemos de un Padre del cual procede todo lo que tenemos y que debemos reconocerle. También se traduce en el cuidado y atención que damos a nuestros hijos o a los adultos mayores, asegurándonos de que nadie se sienta invisible o descartado. 

Por otro lado, la otra enseñanza nos revela el corazón de Dios a través de la parábola de la oveja perdida, recordándonos que el Padre no quiere que se pierda ni uno solo de nosotros. La lógica de la oveja perdida transforma nuestras prioridades, dejar a las noventa y nueve para ir a buscar a la que se perdió. En nuestras relaciones ordinarias nos invita a salir de nuestra comodidad para buscar y escuchar a aquel hermano que vemos aislado, desanimado o atravesando un momento difícil. 

San Juan Crisóstomo nos regala una reflexión muy profunda sobre esto y decía, no desprecies a ninguno de estos pequeños, porque el valor de un ser humano no se mide por su posición social, sino por el amor que Dios le tiene. Hacerse como niño es vaciar el corazón de la soberbia que nos hace competir y llenarlo de la sencillez que nos hace acoger. Quien busca al que está alejado o ayuda al que cae se parece al Buen Pastor y se vuelve verdaderamente grande ante Dios. 

Jesús quiere que vivamos con un corazón sencillo y atento al bienestar de quienes nos rodean. Si en tu trabajo o en tu casa notas a alguien apartado, triste o abrumado, no pases de largo, regálale un momento de escucha, un gesto de apoyo o una palabra de aliento. Un buen testimonio de vida cristiana consiste en hacernos pequeños para ser grandes a los demás a través del amor.

Antífona de comunión
Cfr. Sal 26, 4

Lo único que pido al Señor, lo único que busco, es vivir en la casa del Señor toda mi vida.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados por la participación de este divino don, te rogamos, Señor Dios nuestro, que, a ejemplo de santa Clara y llevando en nuestro cuerpo los padecimientos de Jesús, nos esforcemos por adherirnos sólo a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Tu Palabra Señor, siempre es como un bálsamo suave que cubre mi vida de bendiciones, es el faro que me guía a puerto seguro y mi asidero en tiempos de tribulación.

Háblame, Señor, por medio de ella y que tu Espíritu Santo me inspire constantemente y me haga sentir la grave necesidad que tengo de ella, para no apartarme de ti y meditarla despierto y aun mientras duermo.

Acción

Hoy meditaré e intentaré memorizar una parte del Salmo 19.

Salmo 19 - Biblia Católica (Latinoamericana)
  • 1 Los cielos cuentan la gloria del Señor, proclama el firmamento la obra de sus manos.
  • 2 Un día al siguiente le pasa el mensaje y una noche a la otra se lo hace saber.
  • 3 No hay discursos ni palabras ni voces que se escuchen,
  • 4 mas por todo el orbe se capta su ritmo, y el mensaje llega hasta el fin del mundo.
  • 5 Al sol le fijó una tienda en lontananza, de allí sale muy alegre, como un esposo que deja su alcoba, como atleta a correr su carrera.
  • 6 Sale de un extremo de los cielos y en su vuelta, que alcanza al otro extremo, no hay nada que se escape a su calor.
  • 7 La ley del Señor es perfecta, es remedio para el alma, toda declaración del Señor es cierta y da al sencillo la sabiduría.
  • 8 Las ordenanzas del Señor son rectas y para el corazón son alegría. Los mandamientos del Señor son claros y son luz para los ojos.
  • 9 El temor del Señor es un diamante, que dura para siempre; los juicios del Señor son verdad, y todos por igual se verifican.
  • 10 Son más preciosos que el oro, valen más que montones de oro fino; más que la miel es su dulzura, más que las gotas del panal.
  • 11 También son luz para tu siervo, guardarlos es para mí una riqueza.
  • 12 Pero, ¿quién repara en sus deslices? Límpiame de los que se me escapan.
  • 13 Guarda a tu siervo también de la soberbia, que nunca me domine. Así seré perfecto y limpio de pecados graves.
  • 14 ¡Ojalá te gusten las palabras de mi boca, esta meditación a solas ante ti, oh Señor, mi Roca y Redentor!
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa, Biblia Todo.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).