Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIX.
Color del día: Verde.
Memoria pastoral y devocional:
Antífona de entrada
Cf. Sal 73, 20. 19. 22. 23
Piensa, Señor, en tu alianza, no olvides sin remedio la vida de tus pobres. Levántate, oh, Dios, defiende tu causa, no olvides las voces de los que acuden a ti.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, a quien, instruidos por el Espíritu Santo, nos atrevemos a llamar Padre, renueva en nuestros corazones el espíritu de la adopción filial, para que merezcamos acceder a la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Permanece en pie
en el monte ante el Señor
Lectura del primer libro
de los Reyes 19, 9a. 11-13a
En aquellos días, cuando Elías llegó hasta el Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva y pasó la noche.
Le llegó la palabra del Señor, que le dijo: «Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor».
Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante del Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor.
Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor.
Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor.
Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Amenazado de muerte por Jezabel, Elías huye del país y se dirige al monte Horeb. Su marcha dura cuarenta días a través del desierto, durante los cuales revive la experiencia del éxodo de Israel. Dios le proporciona lo que necesita y, al llegar al monte, se refugia en una cueva a la espera del paso del Señor.
Si el huracán, el terremoto y el fuego abrasador fueron señales de la presencia del Señor en el Sinaí, cuando la promulgación de la Ley, ahora se revela al profeta Elías en el susurro de una brisa.
La teofanía es diferente y se acomoda a los nuevos tiempos que inaugura el Señor por medio de los profetas. La brisa es símbolo del Espíritu de Dios y de la fuerza renovadora que ejerce a través de ellos.
Por eso, en tiempos de crisis religiosa y de persecución, Elías rehace el camino de Moisés y peregrina al lugar de la gran experiencia religiosa. Allí experimenta la presencia de Dios y escucha su palabra, que confirma su misión.
El fragmento que hoy leemos nos invita también a discernir la presencia del Señor en el silencio. No tenemos que esperar la fuerza de un viento huracanado, un terremoto o un fuego caído del cielo; más bien debemos salir de la cueva de nuestras seguridades y temores, y ponernos en camino.
Para reflexionar: ¿Cuáles son mis lugares seguros frente a los problemas de la vida? ¿Me detengo en silencio y oración cuando siento que no puedo más?
ORACIÓN: Señor, restáuranos plenamente, muéstranos tu misericordia y devuélvenos la vida. Amén.
Salmo responsorial
Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14
R. Muéstranos, Señor,
tu misericordia y danos tu salvación.
- Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos». La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
- La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R.
- El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R.
SEGUNDA LECTURA
Desearía ser un proscrito
por el bien de mis hermanos
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 9, 1-5
Hermanos:
Digo la verdad en Cristo, no miento – mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo – : siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón; pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
En domingos anteriores, el apóstol Pablo nos ha recordado que la salvación no proviene del deseo de autojustificación, sino de la iniciativa de Dios, de su amor y misericordia. Dios es ilimitadamente misericordioso, y por ello Pablo exalta esa misericordia como contraposición a la rebelión de Israel.
Cuando Pablo afirma que incluso aceptaría verse separado de Cristo, muestra hasta qué punto siente el destino de su propio pueblo. Para él es un gran dolor ver que la fuerza del Evangelio, la ley santa y definitiva que busca el pueblo judío, haya dado lugar a una comunidad donde abundan los gentiles y escasean los judíos.
No se trata de un rechazo a su pueblo, sino de un profundo sentimiento de decepción. Sin embargo, no pierde la esperanza, porque el mayor de los privilegios que Israel ha recibido históricamente es la persona misma de Jesús.
Aun así, esto tampoco ha sido suficiente, ya que reconocer en Jesús al Salvador es, como aceptar al Dios del Antiguo Testamento, una cuestión de fe en la promesa.
Por eso, aunque pueda parecer lo contrario, Jesús no ha fracasado porque los judíos no lo hayan aceptado; más bien, se desprende de ello una llamada seria para quienes se dicen cristianos, herederos de la verdadera promesa que es Jesús.
Para reflexionar: ¿Amo y me duele la fe de los demás como a san Pablo le dolía la de su pueblo, o vivo mi fe de manera individualista y cómoda? ¿Estoy dispuesto a no escatimar esfuerzos por el bien espiritual de los demás, especialmente de quienes se han alejado de Dios?
ORACIÓN: Señor, que al igual que Pablo no escatimemos esfuerzos en anunciar tu Palabra, para que nuestros hermanos vuelvan a ti. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 129, 5
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Espero en el Señor, espero en su palabra. R.
EVANGELIO
Mándame ir a ti sobre el agua
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 14, 22-33
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua».
Él le dijo: «Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El Evangelio nos muestra a Jesús caminando sobre las aguas, después de haber enviado por delante a sus discípulos, despedido a la gente y subido al monte para orar. Jesús busca la soledad, lugar de encuentro con el Padre, siempre un encuentro amoroso.
Mientras tanto, la barca con los discípulos sigue su rumbo, pero el viento sopla en contra y sus fuerzas son pocas frente a la tormenta que se avecina. Entonces Jesús viene caminando sobre las aguas al encuentro de ellos.
Estos hombres, acostumbrados a jornadas de duro trabajo, espantados, gritan su miedo, y Jesús responde: "Tranquilícense, no teman. Soy yo". El hombre experimenta su fragilidad ante Dios, y Jesús se identifica con esa realidad.
La sola presencia de Jesús en la barca calma el viento; no se necesita una nueva orden. En medio de la calma brota la confesión y la adoración, con el reconocimiento de la divinidad de Jesucristo por parte de los discípulos: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".
Pedro adquiere un protagonismo particular y, como cabeza, se convierte en modelo para los que creen y descubren en la pequeñez de su fe la confianza en el Señor: De esta forma, toda la Iglesia queda preservada del hundimiento total en la historia, porque tiene la certeza de que Jesús está en medio de ella. Por eso escucha con frecuencia: "No teman, soy yo".
Para reflexionar: ¿En quién coloco mi mirada en el camino de la vida? ¿Pido ayuda en la oración cuando experimento que me estoy hundiendo en algún problema?
ORACIÓN: Señor, aumenta nuestra fe y confianza en ti; enséñanos a caminar en la vida con la mirada puesta en ti. Amén.
Antífona de comunión
Cf. Sal 147, 12. 14
Glorifica al Señor, Jerusalén, que te sacia con flor de harina.
Oración después de la comunión
La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Síntesis
Somos invitados a tomar conciencia de nuestra relación filial, como bien lo resalta la oración colecta: "Intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos". El cuidado amoroso del Padre provoca en nosotros el reconocimiento agradecido de su presencia. Él alimenta a su pueblo con lo mejor de su trigo, que es para la vida del mundo.
De este modo, al ofrecer el banquete eucarístico, reconocemos que Él lo convierte en sacramento de nuestra salvación y, en este misterio de amor, nos confirma en la luz de su verdad.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



