Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIX.
Color del día: Rojo.
Fiesta: San Lorenzo, diácono y mártir.
Antífona de entrada
El diácono san Lorenzo se entregó totalmente al servicio de la Iglesia: así mereció sufrir el martirio y reina gloriosamente con Cristo.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Dios nuestro, por cuyo ardiente amor resplandeció san Lorenzo en la fidelidad de tu servicio y en la gloria del martirio, haz que amemos lo que él amó y pongamos por obra lo que él enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Dios ama al que da con alegría
Lectura de la 2ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 9, 6-10
Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.
Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas.
Como está escrito: «Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente».
El que proporciona “semilla al que siembra y pan para comer” proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este pasaje, referido en su contexto a la colecta que estaba haciendo san Pablo para los pobres de Jerusalén, es tomada para ayudarnos a reflexionar sobre la generosidad en nuestra vida apostólica.
Pues, de la misma forma que se aplica a la vida económica, se aplica a nuestra vida espiritual y apostólica, el que siembra poco, cosechará poco; si dedicamos poco tiempo a la oración, obviamente que tendrás resultados escasos en tu vida.
Si tenemos pereza para leer la Sagrada Escritura, si todo nuestro tiempo lo dedicamos a las banalidades y poco a formarnos como buenos cristianos, a conocer y a profundizar cada día más en el misterio de Dios, no podemos esperar que nuestra vida de comunión con Dios crezca sola.
Y de ahí que nuestra vida moral y social se vea empañada frecuentemente y no resplandezca como debería, empobreciendo tristemente todas nuestras relaciones, y privándonos de la alegría y la paz que provienen precisamente de la vida espiritual.
Quien es capaz de sufrir atroces tormentos y permanecer fiel al Señor, es porque en su vida ha sembrado con abundancia y generosidad. No seamos perezosos y démosle más tiempo a Dios y la vida espiritual.
Salmo responsorial
Sal 111, 1b-2. 5-6 7-8. 9
R. Dichoso el que se apiada y presta.
- Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra la descendencia del justo será bendita. R.
- Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos, porque jamás vacilará. El recuerdo del justo será perpetuo. R.
- No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro, sin temor, hasta que vea derrotados a sus enemigos. R.
- Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 8, 12 bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me sigue no camina en tinieblas – dice el Señor -, sino que tendrá la luz de la vida. R.
EVANGELIO
A quien me sirva,
el Padre lo honrará
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sierva, el Padre lo honrará».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús dice hoy una frase que resume toda la vida cristiana: ‘Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto’. Estas palabras encuentran un reflejo en san Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma.
Cuando el emperador le exigió entregar los tesoros de la Iglesia, san Lorenzo reunió a los pobres, a los enfermos, a los necesitados y dijo: “estos son los verdaderos tesoros de la Iglesia”; poco después fue martirizado porque comprendió que, seguir a Cristo, vale más que conservar la propia vida.
San Lorenzo fue un grano de trigo; humanamente, su muerte parecía una derrota, pero desde la lógica del Evangelio fue una siembra, su testimonio fortaleció a la Iglesia, inspiró a innumerables cristianos y 17 siglos después seguimos recordando su nombre.
Así actúa Dios. Lo que el mundo considera pérdida, Él lo convierte en fecundidad. El Evangelio continúa: ‘el que quiera servirme, que me siga’. Y seguir a Cristo significa aprender a vivir para los demás, san Lorenzo no solo murió por Cristo, antes había vivido para Cristo, sirviendo a los pobres con alegría y fidelidad.
El Concilio Vaticano II enseña en Lumen Gentium: “El martirio, por el cual el discípulo se asemeja al Maestro es considerado por la Iglesia como el don supremo y la prueba mayor de la caridad”. San Lorenzo recibió ese don porque había aprendido primero a amar y servir.
Quizás a nosotros no se nos pida derramar la sangre, pero sí gastar la vida cada día en la familia, en el trabajo, en la parroquia, en el servicio silencioso, en la paciencia, en el perdón, en la caridad.
También esa entrega es una forma de ser grano de trigo. Pidamos hoy a san Lorenzo que nos enseñe a no aferrarnos egoístamente a la vida, sino entregarla con generosidad, porque solo quien se da por amor descubre que en las manos de Dios, ninguna vida entregada queda estéril.
Antífona de comunión
Cfr. Jn 12, 26
El que quiera servirme, que me siga, dice el Señor, y donde yo esté, ahí estará mi servidor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Alimentados por este don sagrado, te suplicamos humildemente, Señor, que lo que hemos celebrado en la festividad de san Lorenzo, en cumplimiento fiel de nuestro servicio, nos haga experimentar con abundancia tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, hoy me doy cuenta con tristeza que recuerdo con mayor facilidad la trama, diálogos, actores y, hasta en ocasiones, el director, productor y escritor de algunas películas o telenovelas que he visto; pero, ¿seré capaz de recordar de qué trataron las lecturas del domingo pasado? Quiero llenarme de tu amor para poder dar a los que me rodean más de ti.
Acción
Revisaré en mi vida cuánto tiempo dedico a la televisión, cine, radio u otra cosa insustancial, lo compararé con el tiempo que le dedico a las cosas de Dios y haré los arreglos necesarios en mi vida para sembrar más en el Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)