Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 4 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVIII.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Sal 131, 9

Que tus sacerdotes, Señor, se me vistan de justicia, que tus fieles vitoreen.

Oración colecta

Dios de poder y misericordia, que hiciste admirable a san Juan María Vianney, presbítero, por su celo pastoral, concédenos, por su ejemplo e intercesión, ganar para Cristo nuevos hermanos en el amor y poder alcanzar con ellos la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Por todos tus numerosos pecados te
he tratado de ese modo. Cambiaré
la suerte de las tiendas de Jacob

Lectura del libro de
Jeremías 30, 1-2. 12-15. 18-22

Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor: «Esto dice el Señor, Dios de Israel:

“Escribe en un libro todas las palabras que he dicho.

Tu fractura es incurable, tu herida está infectada; tu llaga no tiene remedio, no hay medicina que la cierre.

Tus amantes te han olvidado, ya no preguntan por ti, pues te herí como un enemigo, te di un escarmiento cruel.

Y todo por tus muchos crímenes, por la gran cantidad de tus pecados.

¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable. Por tantos y tantos crímenes, por todos los numerosos pecados te he tratado de ese modo”.

Pero esto dice el Señor: “Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, voy a compadecerme de sus moradas; reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas, su palacio se asentará en su puesto.

De allí saldrán alabanzas, voces con aire de fiesta.

Haré que crezcan y no mengüen, que sea reconocida su importancia, que no sean despreciados.

Serán sus hijos como antaño, su asamblea, estable en mi presencia; yo castigaré a sus opresores.

De entre ellos surgirá un príncipe, su gobernante saldrá de entre ellos; lo acercaré y estará junto a mí, pues, ¿quién arriesgará su vida por ponerse cerca de mí? – oráculo del Señor -.

Y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios”».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El profeta escribe ahora a los exiliados que sufren las consecuencias de la rebeldía de sus reyes y, en general, de todo el pueblo que no quisieron escuchar la voz de Dios y se aferraron a su pecado y buscaron hacer su vida por cuenta propia.

Es tal la situación de miseria que experimentan los exiliados que piensan que Dios se ha olvidado de ellos y que no volverán a sus hogares. Sin embargo, Dios, por medio de Jeremías, les recuerda que él es un Dios fiel, que no permanece siempre enojado y que los ha de regresar a su tierra.

En este pasaje queda de manifiesto que no importa nuestro pecado, Dios permanecerá siempre fiel, basta que nosotros busquemos con sinceridad la conversión, el reencuentro con Dios para que toda nuestra vida se vuelva a enderezar. San Pablo, escribía a los romanos, que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia".

Nuevamente Dios muestra su inmensa e infinita misericordia por todos y cada uno de nosotros; ese deseo ferviente que busca que nadie se pierda, antes bien, que todos lleguen al conocimiento pleno de la verdad, que es su Hijo Jesucristo.

Hermano, no importa cuán grande haya sido tu pecado, tu traición para con Dios, siempre habrá misericordia; Dios siempre estará dispuesto a reconstruir tu vida.

Salmo responsorial
Sal 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23

R. El Señor reconstruyó Sión,
y apareció en su gloria.
  • Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones. R.
  • Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R.
  • Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia. Para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 1, 49b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. R.

EVANGELIO
La planta que no haya plantado mi
Padre celestial, será arrancada de raíz

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».

Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».

Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».

Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Hoy el Evangelio nos invita a revisar verdaderamente qué valor le damos a nuestra fe.

Los fariseos se escandalizaban por el descuido de un rito externo como el de lavado de manos; cuidaban más las apariencias y las normas visibles, mientras sus corazones estaban llenos de juicio, soberbia y desprecio hacia los demás. Jesús los enfrenta recordándoles que el verdadero peligro para la vida de fe, no es lo que entra al cuerpo, sino lo que sale del interior. 

Y esto es algo que también nos puede pasar a nosotros si no cuidamos de estos detalles en nuestra vida. A veces nos preocupamos en exceso porque la casa esté impecable o porque se cumplan aquellas reglas de convivencia o de horarios, pero descuidamos la paciencia y a veces, al ser demasiado estrictos, lastimamos con palabras duras a quienes más amamos.

También en el trabajo podemos distinguirnos por ser personas impecables cumpliendo nuestras obligaciones, pero por otro lado, cuando se presenta la ocasión, somos buenos para contribuir al chisme, a la burla o a las críticas hacia los compañeros. 

El Papa Francisco nos dejó una enseñanza muy directa que conecta la pureza del corazón con nuestra convivencia diaria, él decía, lo que realmente destruye nuestras familias, nuestros lugares de trabajo y nuestras amistades es lo que sale de un corazón descuidado: las murmuraciones, las críticas destructivas y las palabras que hieren. 

Limpiar el corazón significa aprender a hablar bien de los demás y a sembrar paz con nuestras conversaciones ordinarias. De nada sirve cuidar una imagen pulcra frente a la sociedad si lo que sale de nuestro interior daña la vida de los demás.

La advertencia de Jesús sobre los guías ciegos nos llama a ser responsables con lo que consumimos, especialmente hoy que estamos tan atados a las pantallas, en un mundo lleno de likes, de opiniones rápidas y destructivas, si nos dejamos guiar por lo que nos enseña el mundo y las malas influencias en las redes sociales, corremos el riesgo de caer en el hoyo y llevarnos de encuentro a quienes nos siguen o nos ven como ejemplo. 

La gran invitación hoy es a limpiar nuestro corazón. Pedir a Dios la luz para poder analizar lo que hay en él, ser capaces de reconocer la necesidad de un corazón puro; cuando en tu trabajo o en tu hogar sientas la tentación de lanzar una crítica o de juzgar las acciones de alguien, detente unos minutos y recuerda esta enseñanza.

Elige el silencio o mejor aún, busca una palabra que edifique y traiga paz, recordando que un cristiano se reconoce por la limpieza de corazón y la bondad de lo que sale de su interior hacia los demás. 

Antífona de comunión
Cf. Mt 24, 46-47

Bienaventurado el criado a quien el Señor, al llegar, lo encuentre velando; en verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, que la mesa celestial robustezca y acreciente la fuerza de lo alto en quienes celebramos la festividad de san Juan María Vianney, para que guardemos íntegro el don de la fe y caminemos por la senda de la salvación que se nos ha revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Gracias, Señor, porque a pesar de mi infidelidad, tú siempre permaneces fiel buscando lo mejor para mi vida. Es algo que no entiendo pero que acepto con gran amor y reverencia.

Acepto, Señor, tu misericordia, acepto que reedifiques mis ruinas y rehagas mi casa, es decir, mi interior, el lugar en donde tu Espíritu ha venido a vivir. Levántame con tu gracia y que cada vez más mi ser pueda ser un digno templo de tu Espíritu Santo.

Acción

Hoy cantaré constantemente al Señor en señal del gozo y gratitud por su misericordia.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).