Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXII - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 85, 3. 5
Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día, porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.
Oración colecta
Dios todopoderoso, que posees toda perfección, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre y concédenos que, al crecer nuestra piedad, alimentes todo bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Os anuncié a Cristo crucificado
Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 2, 1-5
Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Cuántas veces nos ha ocurrido que nos encontramos en una situación en la que nos sentimos llamados a comunicar la Buena Noticia del Evangelio, a dar nuestro testimonio, a hablarle de Dios a alguna persona y en ese momento pensamos: ¿quién soy yo? ¡yo no sé nada! o ¿cómo lo podré convencer?
La palabra de Dios nos recuerda hoy, lo que ya había dicho Jesús: "No se preocupen por lo que van a decir. El Espíritu Santo les inspirará en ese momento lo que habrán de decir".
Debemos tener siempre presente que la fe es un don de Dios, que nuestra misión es anunciar, proclamar el Evangelio (de viva voz y con testimonio); la conversión por la fe toca al Espíritu Santo. De esta manera, como dice San Pablo: la fe no está fundada ni en nuestra elocuencia ni en nuestra sabiduría: es obra de Dios en la persona.
De manera que nadie se puede vanagloriar. No apagues el fuego del Espíritu en tu corazón. Habla de Dios a tus amigos y compañeros, no necesitas mucha sabiduría, necesitas solamente, como San Pablo, el fuego del amor de Dios en tu corazón.
Salmo responsorial
Sal 118, 97. 98. 99. 100. 101. 102
R. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
- ¡Cuánto amo tu ley, Señor! todo el día la estoy meditando. R.
- Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña. R.
- Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos. R.
- Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus mandatos. R.
- Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. R.
- No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado a evangelizar a los pobres. R.
EVANGELIO
Me ha enviado a evangelizar a los pobres…
Ningún profeta es aceptado en su pueblo
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos los clavados en él.
Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Y decían: «¿No es este el hijo de José?».
Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Qué gran contraste refleja este pasaje, las mismas personas que están en un momento admiradas de lo que acaba de suceder, donde Jesús les revela que el Espíritu del Señor está sobre Él y que lo ha enviado a anunciar la buena nueva, esas mismas personas que dan su aprobación cuando Jesús dice que se acaba de cumplir ese pasaje, no solo dan su aprobación sino que admiran su sabiduría, pero cuando Jesús denuncia que ellos mismos no lo reconocen como profeta sino hasta ver con sus propios ojos los milagros que han escuchado de Él, ahora se enfurecen y lo quieren matar.
Yo no sé si alguna vez te has imaginado estar en ese lugar, en esa sinagoga, siendo parte del pueblo de Israel y de pronto se levantara Jesús, leyera ese texto y anunciara que en Él se ha cumplido ese mismo día ese pasaje tan antiguo (más de 500 años AC) y tan esperado por el pueblo de Israel ¿cómo reaccionarías tú? ¿qué pasaría por tu mente? ¿Le creerías y te mantendrías? ¿O serías de la multitud que luego quiso despeñarlo?
Si eres de los que asiduamente reflexiona el Evangelio diario, seguramente que no te ubicarías dentro de los que lo querían despeñar, y sin embargo, cada vez que no hacemos la voluntad de Dios, cada vez que pecamos, le estamos diciendo a Jesús que no le creemos, porque voluntariamente estamos rechazando su mensaje, sus consejos, su oferta para que lleguemos a la vida eterna junto a Él.
Los que enfurecieron, no lograron superar que alguien cercano a ellos, a quien conocían desde niño, denunciara que ellos creerían solo si veían los milagros que había hecho en otro lado, sin considerar que la gracia de Dios se multiplicaba en esos otros lados por la fe de quienes recibían su mensaje.
San Ambrosio decía que el orgullo humano no soporta ser corregido ni superado. Cuando los habitantes de Nazaret oyeron que los milagros se harían fuera de su pueblo, su vanidad se convirtió en furor. La misma palabra que debía liberarlos los enfureció.
Hoy el Señor te invita a alegrarte por ser parte de esos invitados a escuchar el anuncio de la Buena Nueva y a responder a ella con fidelidad, alegría y compromiso. Hoy es un buen día para decirle: sí Señor, yo creo que tú eres el Mesías, que viniste a salvarme, quiero comprometerme a serte fiel y a anunciar a los que están cerca de mí que tú los amas y que estás esperándolos con los brazos abiertos.
Antífona de comunión
Cf. Sal 30, 20
Qué bondad tan grande, Señor, reservas para los que te temen.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Saciados con el pan de la mesa del cielo, te pedimos, Señor, que este alimento de la caridad fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Revísteme, Señor, con el celo por propagar tu Evangelio, que mi corazón no me dé tregua y que sea mi deseo constante anunciar, verbalmente o con mis acciones, tu amor y tu verdad a los que viven sin ti, sin esperanza, sin amor. Heme aquí, Señor, envíame a mí, lléname de tu Espíritu Santo y proclamaré tu poder.
Acción
Hoy compartiré con mis amigos o conocidos, algo que les muestre lo mucho que el Señor les ama.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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