Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 12 de setiembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIII - Feria.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Cf. Sal 27, 8-9

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

Oración colecta

Oh, Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial; mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Nosotros siendo muchos,
formamos un solo cuerpo,
pues todos comemos del mismo pan

Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 10, 14-22

Queridos hermanos, huid de la idolatría. Os hablo como a personas sensatas; juzgad vosotros lo que digo.

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. Considerad a Israel según la carne: ¿los que comen de las víctimas no se unen al altar?

¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas sacrificadas a los ídolos son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O vamos a provocar los celos del Señor? ¿Acaso somos más fuertes que él?

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 115, 12-13. 17-18

R. Te ofreceré, Señor,
un sacrificio de alabanza.
  • ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor. R.
  • Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me ama guardará mi palabra – dice el Señor -, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

EVANGELIO
¿Por qué me llamáis «Señor, Señor»,
y no hacéis lo que digo?

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?

Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.

El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Jesús, en su gran misericordia, continúa enseñando a todos aquellos que estén decididos a seguirlo, porque Jesús es muy claro para definir que seguirlo no significa solo andar detrás de Él, maravillarse de todas las cosas que dice y hace; Jesús nos ayuda a entender el estilo de vida que debe distinguir a alguien que quiere ser su discípulo.

Nos dice que cada árbol, se reconoce por sus frutos, por este árbol podríamos entender cada vida, cada voluntad y ¿cuáles son los frutos con los que el Señor reconoce a los árboles buenos? En la Escritura podemos encontrar cuáles son estos frutos del Espíritu que se esperan de un árbol bueno, de una persona buena, Gálatas 5,22-23 “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio”.

A veces me quedo pensando al meditar pasajes como éste, si yo solamente conociera este pasaje de la Biblia y verdaderamente lo hiciera realidad, es decir, que en mis relaciones, en mi familia, en mi trabajo, cuando me siento bien y cuando no me siento bien, cuando las cosas van de maravilla y cuando se complican, con el auxilio del Espíritu Santo pudiera dar esos frutos, tendría “hecha la tarea”, porque de eso se trata la vida del cristiano.

Con el ejemplo de la construcción de una casa, si la casa es el lugar que me da seguridad, donde puedo estar tranquilo con mi familia, donde deposito nuestro patrimonio ¿por qué la construiría sobre cimientos que no son firmes?

Lo mismo podemos decir de nuestra vida espiritual, si ya estamos seguros de que este mundo es temporal, que el día en que llegue a su fin voy a ser medido por lo frutos que di en esta tierra ¿Por qué pondría mis criterios de decisión de vida, mi estilo de vida, mi forma de actuar en criterios que no agradan al Señor? No se trata de clamar “Señor, Señor”, sino de hacer su voluntad. 

Santo Tomás de Aquino reflexiona sobre este pasaje diciendo “Esfuérzate por ser un árbol bueno, y entonces habrá buen fruto y buenas palabras”, así que construir nuestra vida sobre cimientos firmes requiere de esfuerzo, requiere renuncia, abandono y confianza en el Señor.

No estamos condenados a vivir en pecado, pero salir de él no se resuelve diciendo: “Señor, Señor”, sino haciendo lo que Él nos dice. Hoy te invito a reflexionar en cuáles de los frutos del Espíritu no estás dando, para que con tu esfuerzo y la gracia de Dios, puedas comenzar a darlos. 

Antífona de comunión
Sal 41, 2-3

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Concede, Señor, a tus fieles, alimentados con tu palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).