Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIV - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Genaro (Jenaro), obispo y mártir.
Antífona de entrada
Cf. Eclo 36, 15
Señor, da la paz a los que esperan en ti, y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos y de tu pueblo Israel.
Oración colecta
Míranos, oh, Dios, creador y guía de todas las cosas, y concédenos servirte de todo corazón, para que percibamos el fruto de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Se siembra un cuerpo corruptible,
resucita incorruptible
Lectura de la 1ª carta del apóstol san
Pablo a los Corintios 15, 35-37. 42-49
Hermanos:
Alguno preguntará: «¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?»
Insensato, lo que tú siembras no recibe vida si (antes) no muere. Y al sembrar, no siembras el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta.
Lo mismo es la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible; se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso; se siembra un cuerpo débil, resucita lleno de fortaleza; se siembra un cuerpo animal, resucita espiritual. Si hay un cuerpo animal, lo hay también espiritual.
Efectivamente, así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en viviente. El último Adán, un espíritu vivificante. Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material. y después lo espiritual. El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 55, 10. 11-12. 13-14
R. Caminaré en presencia de Dios
a la luz de la vida.
- Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios. R.
- En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? R.
- Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. R.
EVANGELIO
Lo de la tierra buena son los que
guardan la palabra y
dan fruto con perseverancia
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Entonces le preguntaron los discípulos qué significa esa parábola.
Él dijo: «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
El sentido de la parábola es éste: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, lo guardan y dan fruto con perseverancia».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Esta hermosa parábola, de las primeras que pronuncia Jesús y que utiliza tantos elementos cotidianos para la vida de quienes lo escuchaban, nos habla del sembrador que sale a sembrar la semilla. Éste es un sembrador diferente a los demás porque todos los demás, antes de sembrar, preparan la tierra para que esté lista para recibir la semilla y no se pierda, no se desperdicie.
Este sembrador trae una semilla muy valiosa, nos trae la semilla de su Palabra para que podamos permitir que penetre en nuestro interior para que, más tarde, sin quizá nosotros saber ni cómo ni cuándo, produzca fruto.
El Papa León XIV casi al inicio de su pontificado, reflexionaba sobre esta parábola invitándonos a pensar ¿dónde estoy yo en esta historia? ¿Qué dice esta imagen a mi vida?, porque la Palabra de Dios viene a ayudarnos a trasladar este lenguaje hacia nuestra vida y por eso es importante lograr discernir quién soy yo en esta historia para luego decidir qué voy a hacer en mi vida con lo que me dice.
El Papa en esa reflexión nos dice que la parábola habla precisamente de la dinámica de la Palabra de Dios y de los efectos que produce y que cada palabra del Evangelio es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida. Continúa diciendo que Dios arroja la semilla de su Palabra sobre todo tipo de terreno, en cualquier situación en la que nos encontremos, y confía y espera, que tarde o temprano la semilla florezca y dé fruto.
Entonces cada palabra tiene la posibilidad de actuar de forma diferente en cada persona, porque cada uno tenemos circunstancias diferentes, pero finalmente nos mueve a que esa Palabra dé fruto en nuestras circunstancias.
El Señor confía en que la palabra que llega a nuestros oídos, si nosotros nos decidimos, puede penetrar en nuestro interior y dar fruto, no importa si hoy soy suelo duro como una roca, el Señor me puede transformar y permitir que penetre para dar fruto, pero dependerá que las preocupaciones, el apego a las riquezas y los placeres no ahoguen esa planta que quiere dar fruto.
Cada vez que leas o escuches la Palabra de Dios, date un espacio para reflexionar qué es lo que quiere Dios que hagas con esa semilla que está tocando a tu corazón, déjala entrar y permite que cambie tu vida y tus decisiones para darle gloria a Dios.
Antífona de comunión
Sal 35, 8
Qué inapreciable es tu misericordia, oh, Dios. Los humanos se acogen a la sombra de tus alas.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que el fruto del don del cielo penetre nuestros cuerpos y almas, para que sea su efecto, y no nuestro sentimiento, el que prevalezca siempre en nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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