Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 14 de setiembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIV.
   Color del día: Rojo.  


Antífona de entrada
Cf. Gal 6, 14

Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, por él somos salvados y liberados.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Oh, Dios, que para salvar al género humano has querido que tu Unigénito soportara la cruz, concede, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Cuando una serpiente mordía a alguien,
este miraba a la serpiente de bronce
y salvaba la vida

Lectura del libro de los
Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo ese cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Como leemos en el texto evangélico de esta fiesta, fue el mismo Jesús quien acude a este episodio para anunciar su muerte en la cruz.

Mirar a la serpiente es curarse de la mordedura de las serpientes reales que habían invadido el campamente judío en su éxodo de Egipto, camino a la “tierra prometida”.

Jesús quiere que le miremos en la cruz, simbolizado por esa serpiente de bronce, para que se realice en nosotros su acción salvífica.

Mirarle es tenerle como referencia en nuestro vivir, para librarnos de quien puede envenenarnos, es decir: de los que acaban con la razón de nuestro vivir, de tener una vida real, humana, evangélica, con sentido de trascendencia. ¿Dedicamos tiempo a mirar al crucificado?

Salmo responsorial
Sal 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R. No olvidéis las acciones del Señor.
  • Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado. R.
  • Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios altísimo su redentor. R.
  • Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. R.
  • Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor. R.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos: porque con tu cruz has redimido el mundo. R.

EVANGELIO
Tiene que ser elevado el Hijo del hombre

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El texto es ante todo una declaración amorosa de Dios al mundo. Lo expone Jesús a ese maestro de la ley, Nicodemo. Amor hasta entregarle lo que más ama, a su Hijo único.

Y es que -gran afirmación- “Dios no mandó a su hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por él”. Dios no manda ángeles exterminadores, que acaben con los seres humanos. Ello por una razón, porque los ama, “tanto amó Dios al mundo”.

El amor es el protagonista. Y lo es en la cruz, en el crucificado. Jesús asume la cruz por amor. Por el mayor amor que ha existido en la historia humana, pues pertenece al “hombre perfecto” y al “perfecto hombre”, que dice el Vaticano II.

No nos salva ni nos redime la sangre derramada hasta la muerte; no nos salva la cruz, sino el amor del crucificado.

En la cruz donde está crucificado Jesús de Nazaret tiene lugar el momento más elevado de la historia humana, el momento del mayor amor, que es el sentimiento humano por excelencia; por tanto el momento más elevando de la condición humana. Y ese amor es lo que nos salva y redime.

El protagonista será siempre Jesús de Nazaret, su amor; la cruz es solo el lugar donde tiene lugar el episodio más elevado de la historia humana. Por eso se la reconoce como símbolo de los seguidores del crucificado. Exaltarla a ella es exaltar a Jesús de Nazaret, en ella crucificado.

Pero no pasemos por alto la condición que Jesús señala en su diálogo con Nicodemo, hay que “creer en él” para que sea eficaz la salvación, para “no perecer, sino tener vida eterna”.

Esto nos urge a reflexionar sobre cómo es nuestra fe en el crucificado, cómo aceptamos a veces humillaciones, anonimatos, cruces, como el aceptó, “a pesar de su condición divina”.

Antífona de comunión
Jn 12, 32  

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados en tu sagrado banquete, te pedimos, Señor Jesucristo, que lleves a la gloria de la resurrección a los que has redimido mediante el leño de la cruz vivificadora. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Síntesis:

Celebramos hoy la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que es ensalzada y venerada como trofeo pascual de la victoria de Cristo y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos su segunda venida. 

Los cristianos no exaltamos una cruz cualquiera, sino la cruz que Jesús santificó con su sacrificio, testimonio de su inmenso amor.

Por tanto, de signo de maldición, la cruz se ha transformado en signo de bendición; de símbolo de muerte en símbolo, por excelencia, del amor que vence el odio y la violencia, y que engendra la vida inmortal.  

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).