Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI.
Color del día: Verde.
Devocional: San Vicente de Paúl, sacerdote.
Antífona de entrada
Cf. Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42
Cuanto has hecho con nosotros, Señor, es un castigo merecido, porque hemos pecado contra ti y no hemos obedecido tus mandamientos; pero da gloria a tu nombre y trátanos según tu gran misericordia.
Oración colecta
Oh, Dios, que manifiestas tu poder sobre todo con el perdón y la misericordia, aumenta en nosotros tu gracia, para que, aspirando a tus promesas, nos hagas participar de los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Cuando el malvado se convierte
de la maldad, salva su propia vida
Lectura de la profecía de
Ezequiel 18, 25-28
Así dice el Señor: «Insistís: “No es justo el proceder del Señor”.
Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.
Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En el año 597, Israel fue deportado a Babilonia. A Ezequiel le tocó vivir esta dura experiencia. Uno de los salmos recoge esta tragedia: "Junto a los canales de Babilonia nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión". Los exiliados meditaban en su situación, viviendo la dura prueba del destierro y, con este salmo, transmitían el dolor de estar lejos de su patria y la añoranza de volver a ella.
Probablemente el profeta escuchaba estos lamentos y comentarios de los expatriados, quienes tenían por cierto que Dios castigaba en los hijos los pecados de sus padres. Entonces alza la voz iluminando el texto a la luz de otro pasaje de la Torá: "Los padres no morirán por culpa de los hijos ni los hijos por culpa de los padres. Cada cual morirá por su propio pecado".
Por eso, si el justo se aparta de la justicia, comete mal y muere; y si el malvado se aparta del mal cometido y practica la justicia, se salva. Dios no desea la muerte de nadie, sino que busca que todos se conviertan y vivan. Da siempre ocasión al arrepentimiento y a la conversión, y respeta profundamente nuestra libertad.
Para reflexionar: ¿Qué uso hago de mi libertad? ¿Doy oportunidad también a quien se ha equivocado de enderezar su camino?
ORACIÓN: Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas. Amén.
Salmo responsorial
Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9
R. Recuerda, Señor, tu ternura.
- Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando. R.
- Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R.
- El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R.
SEGUNDA LECTURA
Tened entre vosotros los
sentimientos propios de Cristo Jesús
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Filipenses 2, 1-11
Hermanos:
Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
Pablo escribe a la comunidad de Filipos, una comunidad que se ha entregado a la difusión del Evangelio, pero en la que no faltan signos de discordia.
Pablo les deja claro que la unidad de la comunidad no vendrá sino por el camino de la humildad. El crecimiento de los creyentes solo podrá darse cuando cada uno no busque su propio interés, sino el de los demás. Podríamos sintetizar lo anterior en esto: lo que interesa del seguidor de Jesús es que haga suyos sus mismos sentimientos.
¿Cuáles? No consideró su condición divina como algo que debía guardar celosamente; se anonadó a sí mismo, haciéndose servidor de todos y semejante a todos; fue obediente hasta la muerte.
Todo lo cual redundó en su exaltación y en su señorío sobre toda la tierra.
La verdadera clave del cristianismo no está en una idea abstracta, sino en el seguimiento de una Persona: en la capacidad de identificarse de tal manera con Jesús que toda nuestra vida sea transparencia de su misma manera de pensar y actuar. ¡Ésta es la clave!
Para reflexionar: ¿Estoy dispuesto a asimilar en mi vida la Persona de Jesús? ¿Con cuáles de las enseñanzas del Señor me cuesta más identificarme?
ORACIÓN: Haz, Señor, que mi corazón se parezca cada vez más al tuyo. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz – dice el Señor -, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.
EVANGELIO
Se arrepintió y fue. Los publicanos
y las prostitutas van por delante
de vosotros en el reino de Dios
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron: «El primero».
Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
A los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, Jesús les plantea una pregunta: "¿Qué les parece?". Según el pensamiento de la época, lo más probable es que la gente considerara correcto el comportamiento del segundo hijo. El primer hijo no sería socialmente aceptado porque puso en juego el honor del padre con su desobediencia.
Pero Jesús realiza un giro interesante, cambiando la perspectiva: no se fija en la respuesta externa, sino en el interior de la persona. Pregunta: "¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?". Esto rompe el esquema, porque aquí no interesa tanto la apariencia, sino la intención que revela el verdadero movimiento de la voluntad.
A Dios lo que le agrada no son los ritos externos, sino el corazón que se mueve según su voluntad amorosa. El amor no se satisface con normas externas, sino que se complace en la verdad, aunque tal vez esta tarde más en revelarse.
En tiempos de Jesús, la apariencia, el legalismo y el mostrarse correcto eran muy importantes. Pero Jesús sabía que para Dios, que sondea lo profundo del corazón, las apariencias no cuentan.
La parábola deja claro un principio fundamental: el compromiso interior sostiene la relación del amor; la apariencia, en cambio, la ahoga.
Para reflexionar: ¿Cuál es el verdadero motor que mueve mi relación fundamental con Dios? ¿Será la apariencia o la sinceridad?
ORACIÓN: Haz, Señor, que te siga con sinceridad, aunque a veces no comprenda bien tus designios. Amén.
Antífona de comunión
Cf. Sal 118, 49-50
Recuerda la palabra que diste a tu siervo, Señor, de la que hiciste mi esperanza; este es mi consuelo en la aflicción
Oración después de la comunión
Señor, que el sacramento del cielo renueve nuestro cuerpo y espíritu, para que seamos coherederos en la gloria de aquel cuya muerte hemos anunciado y compartido. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Síntesis
Una de las grandes riquezas del ser humano es su capacidad de comunicarse, de expresarse de distintas formas. La palabra es quizá la más elocuente forma de comunicación, aunque ciertamente no la única, porque, si somos sinceros, todo en el ser humano comunica.
Sin embargo, hoy se nos invita a tomar conciencia de que, aunque la palabra es importante en nuestra comunicación con los demás y con Dios, lo que realmente interesa es el lenguaje de los hechos: la asimilación de los mismos sentimientos de Jesús, una voluntad perseverante en el bien y una recapacitación de las propias actitudes.
Todo ello nos hace descubrir la verdadera plenitud de vida en la que Dios quiere que participemos.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



