Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 20 de setiembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXV.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada

Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me invoquen en la tribulación, los escucharé y seré para siempre su Señor.


Oración colecta

Oh, Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos, para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.

Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos – oráculo del Señor -.

Como dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.

Palabra de Dios

Reflexión sobre la Primera Lectura

El capítulo LV de Isaías es la conclusión del “Segundo Isaías” o “Libro de la consolación”. El texto que escuchamos comienza con un imperativo: “Buscad al Señor”. Nos ofrece las razones para buscarlo: los pensamientos del Señor no son como los nuestros, ni sus caminos como los nuestros.

Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿en qué se diferencian los pensamientos o los planes nuestros de los del Señor? El mismo Isaías, en el mismo “Libro de la consolación”, nos responde: la duda y la falta de fe agobian al pueblo; Israel piensa que su suerte se oculta al Señor, que Dios ignora su causa. Pero no es cierto: Dios no se olvida de nadie, Dios cuida de todos. Solo pide nuestra conversión y buscar con sinceridad el rostro de Dios.

Cuando, de nuestra parte, haya únicamente eso —una búsqueda sincera de Dios—, nuestros pensamientos dejarán de ser rastreros y mezquinos, y se abrirán a la novedad de un Dios que siempre nos sorprende.

Para reflexionar: ¿Busco al Señor con sinceridad?  ¿Trato de elevar mis pensamientos hacia Dios?  

ORACIÓN: Que te busque, Señor, de todo corazón. Amén.   

Salmo responsorial
Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18

R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
  • Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R.
  • El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.
  • El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R.

SEGUNDA LECTURA
Para mí la vida es Cristo

Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:

Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mí muerte.

Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Pablo escribe esta carta estando en la cárcel y, sin embargo, allí, en ese lugar hostil y adverso, el apóstol está lleno de gozo. Ha convertido sus cadenas en otra forma de predicar a sus hermanos.

Indistintamente de la conclusión a la que lleguen los tribunales humanos, Pablo está convencido de algo: en su vida o en su muerte, Cristo será glorificado en su cuerpo. Afirma categóricamente que su vida es Cristo y que la muerte es una ganancia, pues es el medio para unirse a su Señor.

Pablo considera las dos posibles opciones que tiene: la muerte o la liberación de la cárcel. Y, entre esas dos, no sabe qué escoger. Reconoce que estar con el Señor es lo mejor, pero sabe también que permanecer con ellos, predicándoles y enseñándoles, es algo igualmente conveniente.

Al final, Pablo deja el desenlace en manos de Dios y pide a sus queridos filipenses que se comporten como dignos servidores del Evangelio.

Estas palabras nos interpelan también a nosotros: que nos comportemos como verdaderos servidores de Jesucristo y que veamos, ya sea esta vida o la muerte, según lo que el Señor nos conceda, como una oportunidad para buscarlo y encontrarlo.

Para reflexionar: ¿Estar con el Señor es para mí lo fundamental?  ¿Mi comportamiento refleja el de un digno servidor del Evangelio?

ORACIÓN: Haz, Señor, que, como tu Apóstol, sea un digno servidor de tus misterios. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Hch 16. 14b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R.

EVANGELIO
¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.

Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”.

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”.

Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Esta es una de las parábolas más desconcertantes del Evangelio. Ahora bien, tengamos en cuenta que, de todos modos, eso es lo que, en el fondo, buscan todas las parábolas. Sin embargo, esta lo hace de modo especial.

Recapitulemos la trama: un propietario de una viña sale a contratar obreros. Lo hace en distintas horas del día; en la madrugada, a media mañana, al mediodía, a media tarde y al caer la tarde. Quedó en darles a todos lo justo. Al finalizar el día, dijo a su mayordomo que les pagara el jornal a sus obreros, empezando por los últimos y terminando con los primeros. Todos recibieron un denario, es decir, lo acordado.

Los que habían sido contratados primero protestaron, pues no concebían cómo podía entregarles lo mismo a ellos que a los que trabajaron solo unas pocas horas. Sentían que se les había tratado con injusticia. Pero el propietario de la viña les recuerda que Él tiene derecho a hacer con sus bienes lo que le parece.

La pregunta —y por eso decíamos que es una parábola desconcertante— es si no sentimos también nosotros que la respuesta y el comportamiento del propietario son injustos. Tal vez también pensamos que la protesta de los primeros es válida.

Pero no podemos interpretar esta parábola sin un cambio profundo de mentalidad, sin lo que el profeta Isaías nos decía en la primera lectura: nuestros pensamientos no son los de Dios, nuestros caminos no son los suyos.

Además, como bien explica san Agustín, el trabajo que Dios nos pide es creer en Él. No importa si lo hemos hecho desde niños o al final de nuestra vida. Para Dios, la recompensa de esa obra es la misma: ¡Él mismo!

No debemos tener envidia si la recompensa para todos, en el trabajo que Él nos pide, es la misma.

Para reflexionar:  ¿Yo también siento que esta historia es injusta?  ¿Por qué sí o por qué no?  

ORACIÓN: Ayúdame, Señor, a tener una visión de la vida y de la historia que fluya de Ti y no de mí. Amén.


Antífona de comunión
Sal 118, 4-5

Tú, Señor, promulgas tus decretos para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas.


Oración después de la comunión

Señor, apoya bondadoso con tu ayuda continua a los que alimentas con tus sacramentos, para que consigamos el fruto de la salvación en los sacramentos y en la vida diaria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Síntesis

La Iglesia nos enseña que todo el Pueblo santo de Dios está llamado a participar de la misión profética, sacerdotal y regia de Jesucristo.

Esta es la raíz de la vocación cristiana, que mira más allá de una institucionalidad, desbordando siempre nuestro concepto y nuestra aplicación de la justicia, y llevándonos a ensanchar nuestra mirada y nuestro pensamiento hacia el fundamento de todas las cosas.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).