Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXV - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Carlos de Sezze, fraile.
Antífona de entrada
Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me invoquen en la tribulación, los escucharé y seré para siempre su Señor.
Oración colecta
Oh, Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos, para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Cada cosa tiene
su momento bajo el cielo
Lectura del libro del
Eclesiastés 3, 1 -11
Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
Tiempo de nacer, tiempo de morir;
tiempo de plantar, tiempo de arrancar;
tiempo de matar, tiempo de sanar;
tiempo de destruir tiempo de construir;
tiempo de llorar, tiempo de reír;
tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar;
tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas;
tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse;
tiempo de buscar, tiempo de perder;
tiempo de guardar, tiempo de arrojar;
tiempo de rasgar, tiempo de coser;
tiempo de callar, tiempo de hablar;
tiempo de amar, tiempo de odiar;
tiempo de guerra, tiempo de paz.
¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Comprobé la tarea que Dios encomendado a los hombres para que se ocupen en ella: todo lo hizo bueno a su tiempo, y les proporcionó el sentido del tiempo, pero el hombre no puede llegar a comprender la obra que hizo Dios, de principio a fin.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
El Cohélet ha expresado: "Hay un tiempo para cada cosa". Desafortunadamente, muchos de nosotros no hemos aún aprendido esto y por ello malgastamos el tiempo o lo ocupamos de manera equivocada.
Son tantos los que no han disfrutado de una bella tarde simplemente contemplando cómo se pone el sol, o de un paseo con la familia, de una conversación con los amigos, incluso de ir acompañando a los hijos en su crecimiento, en sus problemas y alegrías, en sus triunfos y fracasos.
Actualmente el hombre sólo tiene tiempo para trabajar, para hacer dinero; se pasa la vida buscando tener más y, cuando se da cuenta, es tan pobre que lo único que tiene es dinero. Este pasaje, aplicado a nuestros días, pudiera escucharse así.
Hay tiempo para trabajar y tiempo para descansar; tiempo para estar con la familia, tiempo para estar con los amigos, tiempo para estar con los papás y con los hijos, tiempo para disfrutar lo que Dios nos regala cada día.
Aprovechemos hoy nuestro tiempo, pues no sabemos si mañana podremos gozar de este tiempo y de la oportunidad que Dios nos brindó hoy.
Salmo responsorial
Sal 143, 1a y 2abc. 3-4
R. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
- Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio. R.
- Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mc 10, 45
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El Hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por muchos. R.
EVANGELIO
Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del
hombre tiene que padecer mucho
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 9, 18-22
Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió: «El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. porque decía: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El Evangelio que escuchamos hoy está situado en un momento decisivo; primero vemos a Jesús a solas, en oración y justo después, lanzando a los discípulos una pregunta personal y directa: ‘¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?’
Vaya que ese día el Señor debió haber estado en un profundo estado de oración con el Padre, preparándose a tan importante revelación. Pedro, en nombre de todos, responde con valentía: ‘Eres el Mesías de Dios’. Y Jesús revela cuál será a partir de ese momento, su destino: la traición, el rechazo y la cruz antes de la resurrección.
La pregunta de Jesús no era un examen teológico, sino una consulta que iba más directa al corazón, Él quiere saber realmente lo que sus discípulos piensan de Él, pero quiere también advertirlos.
No basta con repetir lo que la gente dice de Él, o quedarse con la imagen de un Jesús cómodo, que solo da bonitos discursos y sana a los enfermos. Responder quién es Jesús se demuestra en cómo vivimos cuando las cosas no salen como lo esperábamos.
Debemos asumir que seguir a Cristo incluye también abrazar las contrariedades sin perder la paz ni el rumbo. Se nota cuando en tus actividades normales te toca un momento difícil, el cansancio pesado, una incomprensión de alguien cercano o un proyecto que se te cae y en lugar de renegar o de buscar culpables, decides encararlo con fe y con serenidad.
Decir con la vida que Jesús es el Señor, significa confiar en que Dios saca siempre un bien mayor, incluso en los momentos oscuros. El Papa Francisco conecta la confesión de fe de Pedro con la vida cotidiana, afirmando que: “Conocer a Jesús no es un concepto intelectual, sino un seguimiento diario que se demuestra cargando la cruz y sirviendo a los demás con amor”.
La invitación para nosotros es a responder con hechos a la pregunta de Jesús; hoy, cuando te toque cargar con una cruz, del tamaño que ésta sea: un contratiempo, la enfermedad, una molestia o el esfuerzo de hacer bien un trabajo pesado, no te quejes, mírala más bien como una oportunidad para amar.
Dile en silencio a Jesús que confías en Él y regala tu mejor actitud a quien más te necesita.
Antífona de comunión
Sal 118, 4-5
Tú, Señor, promulgas tus decretos para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, apoya bondadoso con tu ayuda continua a los que alimentas con tus sacramentos, para que consigamos el fruto de la salvación en los sacramentos y en la vida diaria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, enséñame a aprovechar el tiempo que me regalas en este mundo, dame tu gracia para poder descubrir lo que debo hacer a cada momento. Renuncio drásticamente a postergar las cosas importantes en mi vida y darle más prioridad a cosas que tienen menos trascendencia en los valores que tú me propones.
Acción
Hoy apartaré un momento del día y lo pasaré en tranquilidad reflexionando tantas cosas bellas que me he perdido en la vida por el ajetreo y las prisas.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)