Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIII.
Color del día: Verde.
Devocional:
Antífona de entrada
Sal 118, 137. 124
Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.
Oración colecta
Oh, Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial; mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Sí no hablas al malvado,
te pediré cuenta de su sangre
Lectura de la profecía de
Ezequiel 33, 7-9
Esto dice el Señor: «A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Ezequiel, el profeta, es comparado con un centinela. ¿Quién es un centinela? Alguien que vigila la ciudad, que mira siempre a lo lejos para discernir y me avisar a los ciudadanos de los peligros que se avecinan. Por eso, el profeta no debe callar: su función es hablar y advertir.
Si al malvado, amenazado de muerte, el profeta no le avisa sobre su mala conducta, el malvado morirá, pero al profeta también se le pedirá cuentas de la situación. Si al malvado se le advierte para que se enmiende y él no se convierte, morirá por su conducta, pero quien le hizo saber su error se salvará.
La misión, por lo tanto, del profeta, del enviado por parte de Dios, es delicada, porque asume una responsabilidad no solo frente al pueblo, sino también frente a las personas individualmente.
Existe, entonces, una responsabilidad no solo personal, a la hora de buscar hacer la voluntad de Dios, sino también una responsabilidad "social". Seremos examinados sobre la capacidad que tuvimos para hacer ver a otros su error y ayudarles a salir de ahí, sin asumir lo que no nos corresponde, pero sí atentos al bien de los demás.
El profeta, por lo tanto, debe agudizar su atención en función de los signos de los tiempos, de la interpretación adecuada y sincera de la voluntad de Dios. Para esto es necesaria una sintonía con Él, una relación asidua y cercana, dejarse me guiar por su palabra.
Para reflexionar: ¿Me esfuerzo por discernir los acontecimientos y sucesos de la vida en función de la voluntad de Dios y la luz de su palabra? ¿Trato de conducir a los demás hacia Dios?
ORACIÓN: Hazme, Señor, tu centinela, que ame estar contigo y que guste darte a conocer. Amén.
Salmo responsorial
Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón».
- Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.
- Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.
- Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
SEGUNDA LECTURA
La plenitud de la ley es el amor
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 13, 8-10
Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
El capítulo XIII de la carta a los Romanos nos habla sobre nuestros deberes de justicia y sobre la obediencia a la autoridad legítima, considerándola como algo que procede de Dios y tiene en Él su fundamento.
Ante la autoridad constituida legítimamente corresponde pagar los impuestos, hacer nuestras contribuciones y dar el debido respeto y honor. Con esto, Pablo nos dice que no debemos tener deudas con nadie, menos aún con la autoridad.
Pero, llegado a este punto, Pablo se detiene y reconoce que siempre habrá una deuda abierta, una exigencia que nunca, en esta vida, será totalmente saldada: la deuda del amor. Hace esta observación no para que nos sintamos incapaces de saldarla, sino para que siempre seamos capaces de dar más.
El peligro está en pensar que, en temas de amor al prójimo, a Dios e incluso a nosotros mismos, ya hemos dado lo suficiente.
La experiencia del amor es tan omniabarcante que nunca daremos lo suficiente, no por incompetencia, sino por la abundancia de la experiencia del amor y sus múltiples expresiones. Pero, sobre todo, en última instancia, porque la fuerza del amor tiene como fundamento a Dios mismo, quien nunca será objeto de nuestra racionalización.
Para reflexionar: ¿A quién debería amar más? ¿Por qué?
ORACIÓN: Señor, haz que te ame a Ti, principio y meta del amor, y que ame a todo y a todos los demás en Ti. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 5, 19ac
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje e la reconciliación. R.
EVANGELIO
Si te hace caso,
has salvado a tu hermano
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús nos enseña cómo corregir a nuestros hermanos. Lo más importante de todo esto es la búsqueda de la situación que generó el conflicto: primero, hablando en privado; luego, con una o dos personas; y finalmente, en la comunidad. Es decir, se busca siempre un sano equilibrio, empezando por lo más íntimo hasta llegar a espacios más abiertos, pero siempre respetando la integridad y la dignidad de la persona.
La comunidad a la que se refiere Jesús no es un espacio para propiciar el escándalo, sino que da por supuesto que es la comunidad cristiana que ha asimilado y articulado lo esencial de la dignidad de la persona humana.
Ahora bien, Jesús no idealiza nada. Hace ver que, aun con toda la intención de corregir para ayudar y promover (es decir, en el ejercicio correcto de la autoridad), puede haber cierta obstinación en quien es llamado a cambiar. Ante esto, dice que se le trate entonces como a un pagano o publicano.
Esta afirmación podría sonar como la posibilidad de ejercer rechazo y reprobación, pero luego nos damos cuenta de que no es así. A los gentiles y recaudadores de impuestos, Jesús los trató con cariño y respeto; siempre buscó atraerlos y siempre les tuvo paciencia, reconociendo un ritmo de respuesta que no es igual en todos.
Para reflexionar: ¿Cómo reacciono ante los errores de los demás? ¿Cómo me he sentido tratado por mi comunidad o mi familia ante mis propios errores?
ORACIÓN: Señor, que trate a los demás como me gustaría que me trataran a mí. Amén.
Antífona de comunión
Sal 41, 2-3
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
Oración después de la comunión
Concede, Señor, a tus fieles, alimentados con tu palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Síntesis
Para alcanzar lo que hemos pedido en la oración colecta del día de hoy —la libertad verdadera y la herencia eterna—, la liturgia nos propone algunas claves: ser como centinelas que anuncian, de parte de Dios, su verdad; tratar con amor y nunca dar por descontado a nadie.
Nuestras asambleas litúrgicas, la oración que en ellas elevamos al Dios de todos, deben ser espacios de anuncio, relación amorosa y reconciliación.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



